domingo, 31 de diciembre de 2006

¡¡ Feliz Año Nuevo !!

Os deseo a todos un muy feliz Año 2007.

Que se cumplan vuestros mejores deseos y que leáis muchos libros y comics y veáis muchas pelis y series de TV y escuchéis mucha música y...

¡Que el 2007 sea mejor que el 2006!

Como dijo Valerian: hay muchas estrellas en perspectiva. Lo mejor del camino es lo que se va descubriendo y con quien se comparte.

Y no os olvideis de ser felices.

viernes, 29 de diciembre de 2006

Reseña: El Fuego Elemental

El Fuego Elemental.

Martha Wells.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 51. Madrid, 2006. Título original: The Element of Fire. Traducción: Carlos Gardini. 286 páginas.

La novela comienza con una misión de rescate por parte de la Guardia de la Reina de un sabio raptado por el mago bisrano Urbain Grandier que termina con una casa ardiendo y una arriesgada fuga por los tejados de la ciudad… y a partir de ahí ya no hay tregua para el lector. El Fuego Elemental es aventura y acción en esencia, encadenando peripecias una detrás de otra sin permitir apenas descanso ni a los protagonistas ni a los que están leyendo. Se hace difícil soltar el libro en algún punto, hacer una pausa, pues siempre queda la duda de lo que pasará a continuación, de qué nuevo suceso vendrá, qué nuevo misterio saldrá a la luz hábilmente dosificado por al autora.

Ese es, sin duda, para mí, uno de los aciertos de Wells en este libro: va presentando secretos y quiebros en la acción, pero no los hace durar innecesariamente, de modo que cuando el lector pueda decir aquello de que ha descubierto lo que se escondía tras un personaje o una acción en concreto la propia autora lo revela sin necesidad de aguardar páginas y páginas de tediosa espera, quitándole la satisfacción de poder decir ese “yo ya lo sabía hace tiempo” tan obvio en otros libros y presentándole sin embargo a cambio nuevos misterios y nuevos retos.

Es esta la primera novela de Martha Wells (aunque en España sea la segunda editada tras la magnífica y muy recomendable La muerte del nigromante) y aunque es cierto que hay momentos en que la escritura es un tanto apresurada, como suele corresponder a un producto novel, le sobra imaginación y buenas maneras. Le falta, quizá, algo de la depuración que mostrará en el primer libro que nos ofreció Bibliópolis, pero, al menos en la traducción de Gardini, está llena de fuerza y hace un muy buen uso de los recursos literarios.

Como alguien ya ha dicho, El Fuego Elemental es, básicamente, el encuentro de los Tres Mosqueteros con el reino mágico de Faery. La novela está llena de los enredos cortesanos y aventuras soldadescas de los que tanto gustaba Dumas en sus obras, con una reina viuda que mantiene el poder a pesar de que su hijo ya ha sido coronado rey, con una reina cónyuge que vive encerrada en sus propios miedos, con un rey indeciso, dudando de su propio poder y que sólo sabe ejercerlo mediante la dureza y las lisonjas de su interesado primo, con una red de favoritos que sólo buscan el mantenimiento de sus privilegios, con unas órdenes militares enfrentadas entre sí luchando siempre por mantenerse cercanos al poder establecido, con amantes, familiares de dudosa moralidad, intrigas y traiciones, dobles sentidos, duelos a espada… Y a la vez está impregnada en todo momento por la magia de ese reino paralelo, de seres exóticos, que es el mundo de las hadas, aunque estas no sean siempre lo que parecen; un mundo del que procede la medio hermana del rey, bruja élfica por parte materna, Kade Carrion, Reina del Aire y la Oscuridad, y tras ella se nos descubre un mundo extraño, Fayre, del que procede la Hueste de la Corte Profana, dispuesta a arrasar con todo Vienne por sus propios motivos insondables, y enemistados con la luminosa corte de Titania y Oberón, quienes no desean inmiscuirse en asuntos terrenales. Se producirá así el enfrentamiento entre la magia élfica y la hechicería humana con un dudoso premio en juego, pues nadie, salvo los instigadores ocultos en las sombras, parecen saber demasiado bien por qué se encuentran luchando.

Martha Wells juega bien sus cartas, dosificando en su justa medida las pistas que nos va dando con los respuestas que vamos encontrando; con las dosis adecuadas de acción desbordante alternándose con los momentos de investigación y descubrimiento. Los personajes cumplen a la perfección su papel, ajustándose en todo momento a lo que se espera de ellos, sorprendiéndonos cuando es menester y sufriendo, e incluso sacrificándose, cuando les toca. Es este otro acierto, aunque doloroso para el lector, de la autora: dar alegrías inesperadas para luego quitarlas de la manera más cruel (y no profundizo más en ello para no desvelar ciertos pasajes impactantes). Quizá una de las mejores cosas que se pueda decir a estas alturas de una novela de fantasía es que mantenga la capacidad de sorprender, y ésta lo consigue.

He disfrutado leyendo este Fuego Elemental, “simple” aventura pura y dura, que sin duda no busca más que entretener y lo consigue con creces. Si lo que se quiere es pasar un muy buen rato sin tener que cavilar demasiado, sin duda este es un libro muy recomendable para ello.

jueves, 28 de diciembre de 2006

Notición: Planeta vende Minotauro (pero sin Tolkien)

Nos llega el siguiente comunicado:

Planeta DeAgostini ha decidido deshacerse de su sello “Minotauro” (que hasta el momento estaba funcionando como una editorial prácticamente independiente), poniéndolo a la venta en el mercado editorial. Sin embargo, la venta no incluirá a la “joya de la corona”: J.R.R. Tolkien y sus superventas El Señor de los Anillos.

No obstante, cabe recordar que el fondo editorial de Minotauro es muy amplio e incluye autores de reconocido prestigio como Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury o Phillip K. Dick. En los últimos años, desde su compra a Francisco Porrua por parte de Planeta, Minotauro había ido ampliando con diversa fortuna sus colecciones y escritores, apostando de manera decidida por los autores españoles y convocando un certamen literario junto a Cafés Marcilla dotado de un premio de 18.000 euros para impulsar la creación de novelas pertenecientes a cualquiera de las vertientes de la llamada Literatura Fantástica.

Por el momento, poco más ha trascendido, salvo que las conversaciones con una editorial que podría ser La Factoría de Ideas están muy avanzadas. No se sabe si en el acuerdo se incluirá el mantenimiento del Premio Minotauro o el mismo será una de las víctimas de la transacción.

Interesante noticia. Cuando sepamos algo más, seguiremos informándoos.


EDITADO 29-12-2006:

Aviso: Después de leer esta noticia es recomendable comprobar la fecha en que fue subida para evitar malentendidos.

martes, 19 de diciembre de 2006

Noticias: Fallo Premio Domingo Santos 2006

La Asociación Española de Fantasía Ciencia Ficción y Terror ha hecho público el siguiente comunicado:

Acta del jurado del Premio de relato fantástico Domingo Santos 2006.

El jurado, constituido por D. Carlos Quintana Francia, D. José Carlos Canalda, D. Angel Carralero, D. Juan Miguel Aguilera y actuando como secretario sin voto D. Alfonso Merelo, ha decido conceder el premio Domingo Santos 2006 a la obra titulada:

"Pasión gitana por sangre española", presentada bajo el seudónimo de Séneca.

Una vez comprobada la identidad del autor, este ha resultado ser D. Víctor Manuel Ánchel Estebas.

En Huelva a 19 de diciembre de 2006
Doy fe
Alfonso Merelo Solá

viernes, 15 de diciembre de 2006

Reseña: La sombra del gigante.

La sombra del gigante.

Orson Scott Card.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 196. Barcelona, 2006. Título original: Shadow of the Giant.. Traducción: Rafael Marín Trechera. 353 páginas.

Percibo en mí, al terminar la lectura de esta novela, un cierto cansancio por el tema. Lo cierto es que toda la trama estrategico-geo-política de enfrentamiento planetario entre grandes mentes más que naciones me trae ya sin cuidado. Se me aparenta tan sólo como un poco más de lo mismo de lo ofrecido en anteriores entregas. Está estupendamente escrita, como suele ser habitual en Card, cierto; se devoran páginas como quien bebe agua, sin darse uno cuenta, es verdad; pero cuando uno analiza un poco lo que está leyendo se da cuenta de que es la enésima vuelta de tuerca a lo ya narrado en los dos anteriores libros de la serie: la situación en la Tierra de los que fueran compañeros de Ender en la Escuela de Batalla, los mejores y más brillantes estrategas, y el uso que de ellos hacen las diferentes naciones o culturas para la dominación mundial o su propia defensa según del lado de la amenaza en que les toque estar. Aparece por supuesto por ahí el Hegemón con sus propios planes personales, y Bean y Petra con sus desgracias; pero difícilmente nada de ellos nos hace implicarnos en la narración. Casi nos es indiferente lo que suceda, ha dejado de tener interés.

Así ocurre con la búsqueda desesperada de los hijos de Bean y Petra, raptados como simples óvulos fecundados en la anterior novela por su ahora muerto archienemigo Aquiles, e implantados en “madres de alquiler” con un execrable propósito, que a veces tan sólo parece patético; y cuyo paradero y destino se nos antoja indiferente.

Del mismo modo, resulta un tanto desasosegante la extremada ingenuidad de Card a la hora de tratar el plan del Hegemón para unir a todas las naciones y sociedades de la Tierra en un único pueblo. Sólo hace falta echar un vistazo en derredor para darnos cuenta de que la tendencia es hacia la atomización de las culturas, hacia la defensa de lo propio por encima y en contra de lo de los demás, y no a la renuncia de la soberanía o territorio en pos de una idealizada idea de la paz mundial sin excesivo fundamento; ni siquiera en el convulso y amenazador mundo futuro que Card nos describe, con la amenaza de los grandes movimientos de tropas por parte de las nuevas superpotencias (India, China, Rusia y el Islam) veo posible el resultado que Card parece augurar, aunque tal vez tan sólo se trate del deseo de su corazón.

Asistimos pues, al reencuentro con viejos conocidos de las anteriores entregas: Bean, Petra, Peter Wiggin, Suriyawong, Virlomi, Alai, Volescu, Mazer Rackham, Hyrum Graff… No falta nadie, a menos que se haya muerto. E incluso llega a hacer un cameo el propio Ender (además de que su sombra planea, ciertamente, sobre cada página y cada acción realizada). Sigue en la línea de ofrecernos la descripción de una partida sobre el tablero de cualquier “wargame” a nivel mundial, con sus enfrentamientos, guerras, invasiones, traiciones, puñaladas políticas y tratos a varias bandas. Quien disfrute de ese tipo de juegos o le apasione la historia militar del mundo, seguramente también disfrutará de esta narración, si es que no se encuentra, como yo, cansado de que Card le ofrezca una nueva entrega de su propia teoría militar geopolítica.

Hay muchas novedades en el libro, eso no lo discuto, y se dan unas cuantas respuestas a preguntas que habían surgido en los libros precedentes. Lo que sucede es que tal vez llegan un poco tarde o que queda la impresión de que Card está alargando innecesariamente la serie en lugar de ponerle un broche final que hubiese permitido que esta reseña fuese mucho más benigna.

Porque lo cierto es que la novela tampoco me ha defraudado, no nos llamemos a equívoco; como ya he dicho se lee de un tirón, pasando páginas casi sin darse cuenta. Lo que ocurre es que el balance final es deficitario respecto a lo que se esperaba de ella. A mí me encantó La sombra de Ender, disfruté razonablemente de las dos siguientes novelas, y con esta cuarta he llegado al convencimiento de que el tema está agotado, que no da más de sí. Sin embargo, según podemos deducir de los sucesos narrados en su final y de las palabras de Miquel Barceló, Card estaría en disposición de ofrecernos al menos una nueva entrega, y lo único que esa posibilidad trae a mi cabeza son dos refranes que me enseñó mi padre hace tiempo: Donde no hay mata no hay patata, o, lo que viene a ser lo mismo, De donde no hay no se puede sacar. ¿Tendrá algún truco el autor en la chistera para sorprendernos?

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Reseña: Los dones

Los dones.

Ursula K. Le Guin.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Barcelona, 2006. Título original: Gifts. Traducción: Rafael Marín. 236 páginas.

Vaya por delante que desde que tuve mi primer contacto con uno de sus libros, hace ya mucho, mucho tiempo, he sido un admirador declarado de la obra de Ursula K. Le Guin, así que igual soy incluso menos objetivo de lo habitual, pero ustedes sabrán perdonármelo, ¿verdad? Al fin y al cabo soy aquel al que le encantó Tehanu.

Vuelve la autora en este libro sobre dos de sus pasiones: las gentes de las montañas y el crecimiento (en todas las vertientes de la palabra) de los adolescentes. Y lo hace con una historia aparentemente muy simple, casi lineal, donde quizá “pasen” pocas cosas, pero que tiene la capacidad de subyugar la imaginación del lector por su forma de contárnosla.

En las Tierras Altas, una dura región montañosa, asistiremos al desarrollo emocional y físico de dos jóvenes: Orrec y Gry, dotados ambos de los dones (los poderes) de sus familias. Unos dones, a veces casi maldiciones, que sirven para mantener en sus respectivos dominios a las gentes de otras familias o clanes, cada cual tratando de descollar sobre los demás en la dura tarea de sobrevivir.

Y es en el retrato de esas gentes, en sus vivencias, en la descripción de esa sociedad extraña con sus rituales y tradiciones ancestrales, donde Le Guin destaca consiguiendo hacernos palpable un mundo tan lejano al nuestro. A la autora desde siempre le ha gustado la antropología, el estudio de los diferentes pueblos, y a ello se dedica en muchas de sus novelas, inventándose y haciendo creíbles comunidades de personas que se alejan mucho de nuestras vivencias, pero que, de alguna forma, se nos hacen cercanos en su día a día habitual. Es en su prosa, en sus descripciones, en su forma de narrar donde Le Guin consigue levantar ante los ojos del lector un mundo maravilloso que se nos ofrece sin fisuras.

Los dones es una novela de temática juvenil, de iniciación a la vida, que puede encandilar a cualquier público por el poder de sus palabras. Es una historia que se nos ha contado muchas veces de muchas maneras: el paulatino descubrimiento del mundo que les rodea por dos jóvenes que llegarán a rebelarse contra lo que ese mundo espera de ellos y tratarán de buscar algo más de lo que el destino, o sus familias, tenía previsto para ellos. Es un tema ciertamente tan viejo como la propia Literatura, pero en manos de Le Guin se hace nuevo ante nuestros ojos. No es tan importante, aunque también lo es, lo que se nos cuenta sino cómo se nos cuenta. Y en eso Ursula K. Le Guin sigue siendo una maestra. Su prosa, agradablemente traducida en esta ocasión por Rafa Marín, sigue siendo muestra de vigor, poesía y emotividad. Sus palabras, más allá de ser mero vehículo para contarnos una acción, evocan en nosotros sensaciones, sentimientos, trasladándonos casi físicamente al mundo que se nos está describiendo.

No creo que sea ésta la mejor obra de Le Guin, sin duda ni siquiera estará en el pelotón de cabeza de sus libros; pero hay que reconocerle que está muy por encima de mucha de la literatura fantástica que se nos ofrece hoy en día. Quien tuvo, retuvo, se dice, Y a Le Guin oficio, imaginación y capacidad de maravillar, le siguen sobrando.

Como aviso para navegantes, advertir que, según parece, Los dones es el primer título de una serie —trilogía o más, con Le Guin nunca se sabe— sobre las vivencias de estos dos jóvenes; pero también decir que, a pesar de su final abierto, el libro se puede considerar perfectamente auto conclusivo y completo en sí mismo, al estilo de las primeras entregas de Terramar. Por mi parte, quedo a la espera de las siguientes entregas.

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Reseñas de otras obras de Ursula K. Le Guin:

Voces. Anales de la Costa Occidental II.

Poderes. Anales de la Costa Occidental III.

Lavinia.


martes, 5 de diciembre de 2006

Reseña: Omega

Omega.

Jack McDevitt.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Solaris ficción # 79. Madrid, 2006. Título original: Omega. Traducción: Elena González. 446 páginas.

Hace bien poco, en la reseña de Placeres Prohibidos, hablaba de los dos tipos de libro que parecen existir: los que tan sólo buscan entretener y los que buscan hacer pensar. Pero me he dado cuenta de que existe un tercer modelo, combinación de los dos anteriores: los libros que a la vez que te hacen pasar un muy buen rato te invitan a reflexionar. Omega, sin duda alguna, pertenece a esta tercera categoría y me ha parecido un libro estupendo.

Hay quien achaca a McDevitt el que sus libros, o al menos los pertenecientes a esta serie de la Academia, están todos cortados por un mismo patrón y que comparten todos una misma estructura. Y es cierto, no hay porqué negarlo: se produce un fabuloso descubriendo galáctico, se envía a investigarlo, se descubre que está a punto de ser destruido y en un crescendo de emoción se suceden las aventuras / rescates / dramas / pérdidas / triunfos de los protagonistas en unos finales que suelen dejar sin aliento al lector. Y en esta novela no es diferente. Sí, la estructura es similar a los anteriores, pero es que lo que importa es lo que cuenta y cómo lo cuenta; la estructura en sí es casi una excusa.

En este caso se trata del descubriendo de una civilización en un planeta lejano que está a punto de ser barrido por una de las Omega, las nubes destructoras que recorren el espacio en lapsos de unos 8000 años. Por supuesto hay que enviar una misión a rescatarla, pero el doble problema es el escaso tiempo con el que se cuenta para hacerlo y el que la misión en ningún caso debe interferir con el normal desarrollo de los habitantes; esto es, los humanos no pueden mostrarse abiertamente a los extraterrestres.

Se produce entonces una carrera contrarreloj y el libro se abre en varios frentes, a cada cuál más interesante. McDevitt vuelve a mostrarnos que es el heredero natural de aquellos autores que abanderaban el sentido de la maravilla y no para de sorprendernos página tras página con sus habilidades descriptivas e imaginativas. Pudiera parecer que el modelo debería habérsele agotado ya a estas alturas, pero nada más lejos de la realidad. Las aventuras y desventuras de los protagonistas, el futuro devenir de esa civilización alienígena, los destinos de las personas que se lanzan a su salvación… atrapan la atención del lector impidiendo que suelte el libro hasta no conocer el desenlace de las múltiples líneas que el autor maneja magistralmente.

Es ésta una ciencia ficción hecha a la antigua, con el sabor de los clásicos, muy alejada, quizá, de los cánones que mandan entre la nueva oleada de autores de moda. Pero tal vez por eso mismo tiene un sabor especial. Es como reencontrarse con un viejo amigo al que no sabías que echabas tanto en falta.

Es aventura en estado puro, pero es a la vez una lectura que invita a la reflexión sobre el propio ser humano. Una vez más se utiliza la ciencia ficción para reflejar problemas de nuestra propia sociedad trasladados a ese futuro de viajes estelares. Conceptos como la solidaridad, la ayuda desinteresada al que es diferente, el amor al prójimo, la entrega a una causa justa, los egoísmos que muchas veces llevamos dentro sin siquiera darnos cuenta, la burocracia intrínseca a la raza humana, el valor más allá de la obligación, la entrega sin contraprestaciones, el trabajo por y para los demás, el odio y el amor… están muy presentes a lo largo de toda la novela, que se cierra con dos líneas, dos preguntas, extraídas del diario de uno de los protagonistas, que hacen que uno se quede pensando, quieto, con la hoja terminada pero todavía abierta, sin poder cerrar el libro hasta haber intentado dar tu propia respuesta a ambas cuestiones. Cuestiones, por otra parte, perfectamente aplicables al mundo que nos está tocando vivir ahora mismo y que hablan mucho del miedo a lo extraño, a lo diferente.

Aventura, reflexión, una buena escritura y muchas buenas ideas. ¿Se puede pedir más? No lo sé; pero a mí, creo que es fácil deducirlo, McDevitt me sigue encantando con cada libro que nos ofrece y esta vez no ha sido una excepción. Quiero más.

viernes, 1 de diciembre de 2006

Reseña: Roma eterna

Roma eterna.

Robert Silverberg.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Col. Ucronía. Barcelona, 2006. Título original: Roma Eterna. Traducción: Emilio Mayorga. 398 páginas.

Es este un libro del que había oído hablar elogiosamente con anterioridad y al que, ciertamente, le tenía ganas. Y debo decir que, aunque no me ha decepcionado en absoluto, esperaba más del mismo. La premisa es, aparentemente, sencilla: el Imperio Romano ha resistido a los embates del tiempo y pervive más allá de lo que lo hizo en nuestra realidad, proyectándose a lo que sería nuestro futuro. A lo largo de diez cuentos y un prólogo que abarcan algo más de 1.500 años de historia se nos mostrarán las razones, causas y puntos de inflexión donde la realidad cambió para no ser como la que conocemos y que dio lugar a nuestra actual existencia.

El problema, para mí, radica precisamente en ese largo lapso de tiempo que tan sólo permite “picotear” en algunos de los hechos destacados de ese Imperio Romano paralelo al nuestro y que deja una sensación de profunda insatisfacción al acabar. Hay demasiados huecos, como no podía ser de otra forma al tratar de abarcar un periodo tan amplio. Al acabar alguno de los cuentos quedan las ganas de saber más, de profundizar en los sucesos posteriores a lo narrado; sucesos que a veces se antoja que podrían incluso más interesantes de los que ya hemos conocido. Es cierto que la historia está profundamente imbricada en sí misma y todo lo narrado se va acumulando para formar un tapiz en el que cada hilo conduce hacia un dibujo que no podría ser visto sin la totalidad de las hebras. En cada cuento hay referencias a hechos pasados, a cosas que se nos han contado en cuentos anteriores o a datos que no se nos han narrado, pero que se intuían, a personajes que aportaron su granito de arena a la pervivencia del Imperio o que hicieron que se acercase peligrosamente a su final; el lector puede así ver las consecuencias de actos que aparentemente no tenían mayor relevancia. Pero la imagen que se forma es, necesariamente, algo difusa.

Y es que, creo, en este ambicioso proyecto, tan interesante como atractivo, Silverberg quizá ha querido abarcar demasiado. Son muchos años y hay que dejar mucho fuera. Se nos muestran los hechos más destacables, pero vistos desde puntos demasiado focalizados en sus protagonistas de forma que se pierde un tanto la visión global, el cómo afecta lo narrado al resto del mundo; un mundo que parece interesar sólo para cada relato en cuestión, olvidándose un tanto en los posteriores.

Me ha dejado esta lectura un regusto agridulce. He disfrutado de cada relato individual; he deseado que muchos de ellos no terminasen, que continuasen más allá de la última palabra para poder saber lo que venía a continuación, para conocer el destino de algunos de los personajes (cosa que en alguna ocasión, sí se nos ofrece, como en el magnífico Cuentos de los bosques de Vindobona, que pone un perfecto broche al anterior Vía Roma), para saber si el Imperio se mantendría una vez más contra los embates que el tiempo y los hombres lanzaban contra él. Y por ello, creo, me ha dejado insatisfecho. Quien mucho abarca, poco aprieta, se suele decir, y nunca fue más cierto que en este caso. En esta revisión de la historia, quizá hubiese sido mejor que Silverberg se ciñese a un periodo temporal más corto, o quizá es que cada cuento requería una novela para poder plasmar todo aquello que el autor llevaba dentro. Siendo el libro como es, para mí, se queda algo cojo.

Dejaré de todas maneras para aquellos más sabios y más doctos en Historia que yo, la valoración de los cambios que el autor marca en la historia como puntos de inflexión donde este Imperio Romano logró pervivir haya donde el de nuestro propio mundo no logró hacerlo. Desde luego a mí, bastante lego en la materia, me ha parecido que Silverberg se había documentado abundantemente sobre los inicios de Roma para, a partir de allí, construir su personal visión de cómo podrían haber sido las cosas si tan sólo unos pocos detalles hubieran sido diferentes a como en realidad fueron; sí he echado en falta que se documentase un poquito más sobre Hispania, de la que aquellos personajes que van apareciendo (y son unos cuantos) proceden todos de una misma y única ciudad. Pero no se puede tener todo, claro.

Y entrando ya en otras aguas, y dentro de mi particular cruzada contra las sinopsis de contraportada, decir que, de nuevo, este libro es clara indicación de cómo no deben hacerse las cosas. De los dos párrafos centrales, el primero está básicamente bien, aunque un poco exagerado. Pero es que el segundo párrafo hace tan sólo referencia al último cuento (y estamos hablando de un total de diez), destripando además su misterio (y su gracia) por el camino. Lo dicho, abundar en mi recomendación de leerse las sinopsis sólo después de haber leído el libro y para echarse unas risas por lo que pudiera servir.

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Reseña de otras obras del autor:

La torre de cristal.