jueves, 29 de marzo de 2007

Reseña: Breve historia de Inglaterra

Breve historia de Inglaterra.
G.K. Chesterton.

Reseña de: Amandil

Acantilado, Barcelona, 2005. Título original: A short History of England. Traducción: Miguel Temprano. 250 páginas.

La muy cuidada y bien presentada edición de la editorial Acantilado vuelve a poner al alcance del lector español una de las más destacadas obras del genial autor inglés G.K. Chesterton. En esta ocasión, y como respuesta a un encargo recibido, el polifacético columnista redactó una breve (no más de 250 páginas) historia de Inglaterra desde su especial y original punto de vista.

Dos de los pilares en que sustenta su ensayo lo enfrentan a la manera clásica de escribir historia. Por un lado apenas hace uso de las fechas para indicar acontecimientos importantes, no hay más de tres o cuatro en todo el libro, y por otro lado abandona la perspectiva política clásica (la que se centra precisamente en la procesión de fechas, reyes, batallas y políticos) en beneficio de la meramente popular. A fin de cuentas lo que nos cuenta es la historia del pueblo de Inglaterra, adelantándose en algunos años (aproximadamente cuarenta) a la eclosión de la historiografía marxista que vendrá de la mano de historiadores comunistas como E.P. Thomson o Eric Hobswaun. Y no deja de ser irónico que existan puntos de coincidencia entre estos y Chesterton, quien escribe desde una perspectiva profundamente cristiana.

Las peripecias del pueblo inglés dan comienzo con el desembarco de los romanos y la inclusión de las islas británicas en el mundo civilizado. Chesterton sostiene que la civilización, el orden, el desarrollo y el progreso son aportados por la romanización de los territorios y su posterior cristianización. Este aspecto, que desarrolla profusamente en los dos primeros capítulos, es vital para comprender las añoranzas medievalistas de que Chesterton hizo gala durante toda su vida. Por ello son los capítulos más poéticos y espirituales, en gran medida, de toda la obra. No perderse en ellos y seguir los razonamientos del autor es imprescindible para comprender posteriormente su decepción como erudito al comprobar (en los capítulos finales, y especialmente en el referido a los puritanos y su república) como el abandono de los beneficios que el cristianismo aportó al pueblo implicó la aparición de la aristocracia oligárquica de los siglos XVIII y XIX.

En una obra histórica, como esta, sin fechas, queda en manos de la habilidad del autor que el lector no se pierda y sea capaz de comprender en qué momento de la Historia se encuentra la narración. Chesterton es un muy buen conocedor de la historia inglesa (y europea), y eso le permite manejar sin problemas todo el proceso creativo que despliega en los dieciocho capítulos del libro. Pero para un lector medio español ahí radica parte del problema para comprender en su totalidad los argumentos del autor en cada capítulo. El desconocimiento de la historia inglesa es un serio problema a la hora de disfrutar de este libro. Si no sabemos situar en un contexto histórico y temporal acontecimientos como la conquista normanda, la guerra de las rosas, la guerra de los cien años o la ejecución de Carlos I nos quedaremos sin entender la mayor parte del libro. Y aunque la prosa desplegada por el autor es genialmente simplificadora toda ella se basa en que el lector sea capaz de ir siguiendo su discurso en el correcto contexto histórico.

De todos modos el libro es sumamente interesante por sus perspectivas singulares enfrentadas a la mayor parte de las escuelas históricas que existen y han existido. Es una humilde llamada de atención para que no olvidemos que más allá de reyes, gobiernos y generales, al final la Historia es la consecuencia de las mutaciones que se dan en los pueblos. Y que muchas veces la propia dinámica de los tiempos, casi siempre consecuencia de las vilezas de los gobernantes de turno, acaba chocando con la realidad de un pueblo afecto a sus costumbres y reacio a dejarse embaucar por argumentos espurios.

Se nota, desde la primera línea, que el libro fue escrito en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, y que buscó azotar inmisericordemente la extraña noción pangermánica que asolaba a la “intelectualidad” inglesa. Pero eso lo desvela el propio Chesterton en el libro.

Convocatoria del Premio Domingo Santos 2007

Bases XVI Premio Domingo Santos 2007

La Fundación Tres Culturas y la AEFCFT convoca el XVI Premio Domingo Santos 2007 de relatos, que se regirá por las siguientes bases:

1. Podrán presentarse al certamen Domingo Santos todas aquellas narraciones escritas en castellano que puedan ser encuadradas dentro de los géneros de ciencia ficción, fantasía o terror.

2. Las obras deberán ser inéditas, no estar premiadas en otros concursos ni pendientes de resolución en ningún otro certamen durante la convocatoria de este concurso.

3. La temática de los relatos versará obligatoriamente sobre "el encuentro entre culturas". Se considerarán especialmente aquellas obras en la que destaquen de cualquier forma las civilizaciones judía, árabe y cristiana.

4. La extensión de cada relato deberá encontrarse entre las 8.500 y las 15.000 palabras.

5. Las obras se remitirán por CORREO ELECTRÓNICO como adjuntos en formato doc. o rtf. a la dirección de correo electrónico concurso.domingo.santos@gmail.com. El asunto del mensaje deberá ser: Premio Domingo Santos 2007. En el cuerpo del mensaje se hará constar los datos personales del autor así como un seudónimo obligatorio que lo identifique. En la primera línea del documento a adjuntar irá el seudónimo y a continuación el relato a concurso. Los trabajos no remitidos de esta forma serán inmediatamente rechazados.

6. Lo miembros de la Fundación Tres Culturas, así como sus familiares, no podrán presentar obras a concurso. Esta restricción se aplicará también a los miembros del jurado y a sus familiares.

7. El jurado estará compuesto por un número suficiente de personas designadas por la Fundación Tres Culturas y la AEFCFT, cuyos nombres se darán a conocer en el momento del fallo. Dicho fallo se producirá durante el mes de septiembre de 2007.

8. Se establece un premio de 800 euros, al que se aplicarán las deducciones fiscales vigentes. El premio no podrá ser declarado desierto.

9. Cualquier caso no previsto por estas bases será resuelto por el jurado y su decisión será inapelable.

10. El plazo de presentación de originales finalizará el 22 de junio de 2007.

11. A todos los relatos presentados, la AEFCFT le acusará recibo en el que se indicará el día de recepción del mismo y un número que lo identificará.

12.- La Fundación Tres Culturas se reserva el derecho de publicación del relato premiado. Si en el plazo de tres meses desde la resolución del concurso la Fundación Tres Culturas no hiciera efectiva la publicación, los derechos del mismo quedarían en poder del autor.

13. La presentación al concurso implica la total aceptación de las bases.

Sevilla 28 de marzo de 2007

Las bases se encuentran tambien en la dirección:

http://tresculturas.artempus.net/media/docs/Bases%20Premio%20Domingo%20Santos.pdf

martes, 27 de marzo de 2007

Reseña: harry Potter y la piedra filosofal

Harry Potter y la piedra filosofal.

J.K. Rowling.

Reseña de: Jamie M.

Salamandra. 2006 (44ª edición). Título original: Harry Potter and the Philosopher’s Stone. Traducción: Ana Dellepiane Rawson. 254 páginas.

Al terminar de leer esta novela no pude evitar descubrir en mí un sentimiento de admiración hacia su autora. Rowling demuestra aquí ser una escritora muy inteligente, consiguiendo mezclar un buen montón de fuentes e influencias, sin inventar ni aportar nada original (bueno sí, el quidditch, y así le ha salido), rozando incluso en ocasiones la copia, y saliendo no sólo airosa sino triunfante en su empeño. Sin aportar realmente nada nuevo, buceando en multitud de referencias previas que se pueden ir rastreando perfectamente a lo largo de todo el texto, consigue sin embargo armar una novela de aventuras fresca, atractiva y subyugante. Rowling agita la coctelera y con unos ingredientes ya de sobra conocidos por cualquier lector avezado sirve a su “clientela” un coctail de extraordinario sabor, lleno de magia, como no podía ser de otra manera en un mundo donde Harry Potter está llamado a convertirse en uno de los más grandes magos de todos los tiempos; siempre que sus enemigos se lo permitan, claro.

Harry Potter es, al empezar el libro, el niño que ningún niño desearía ser. Huérfano sin haber podido conocer a sus padres, esclavizado y maltratado por sus tíos (sus tutores legales), tiranizado por su malcriado primo, condenado a una existencia triste y solitaria… tiene todas las papeletas para haberse convertido en el prototipo de chico amargado y antisocial y, sin embargo, ha conseguido mantener su inocencia a lo largo de todas las penurias y, de alguna manera, sigue mirando la vida con esperanza.

Es entonces cuando en misteriosas circunstancias recibe una carta que cambiará su vida para siempre al comunicarle que ha sido aceptado como alumno en el Colegio Hogwarts de Magia, lo que significará por un lado descubrir una faceta oculta de su existencia muy relacionada con sus padres y por otro, cuestión también muy importante, la liberación del yugo opresor de sus tíos, con lo que su futuro adquiere un tono mucho más radiante.

Rowling utiliza este primer libro para presentar el fascinante mundo en el que se va a ir introduciendo de forma paulatina Harry, presentando a sus compañeros de clase y de aventuras, a sus maestros, a sus contrincantes y a sus enemigos, al tiempo que va pintando un escenario fascinante en la propia existencia de Hogwarts, lugar que cobra entidad casi como un protagonista más de la narración, con sus recovecos, sus secretos, sus fantasmas y sus escaleras móviles.

La autora consigue una prosa muy ágil, amena y entretenida, sin conceder respiro ni a Harry y sus amigos, ni al propio lector que va asistiendo al modo en que se encadenan las peripecias del trío principal, embarcados en la búsqueda de un misterioso objeto y enfrentados a un enemigo ancestral en un crescendo de emoción que desemboca de forma explosiva en el desenlace final, anticipado de alguna forma y con poca fortuna en el malogrado título.

Al ser literatura juvenil los lectores más jóvenes se sumergen con fruición en la narración sin cuestionar demasiado las cosas extraordinarias que van sucediendo e incluso perdonarán a la autora lo absurdo de las reglas del quidditch, juego sin duda emocionante, pero demasiado condicionado en sus reglas por la captura de una elusiva bolita con excesiva puntuación, entre otros fallos menores. El libro, además, tiene la virtud de que los adultos (con un poco de alma de niño) pueden leerlo y disfrutarlo, descubriendo en él otras lecturas subyacentes en el texto y unos valores, como el valor de la amistad, el compañerismo, la superación ante la adversidad o la entrega a los demás, que muy bien pueden, y deberían, ser aplicadas a cualquier momento de la vida, se tenga la edad que se tenga.

Es en definitiva un libro juvenil que puede gustar a “niños” de cualquier edad, incluso a los que ya peinan canas. Y es que, al fin y al cabo, la magia está más cerca de lo que uno pueda imaginarse.

Reseñas del resto de la serie:

Harry Potter y la cámara secreta.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Harry Potter y el cáliz de fuego.

Harry Potter y la Orden del Fénix.

Harry Potter y el misterio del príncipe.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.


domingo, 25 de marzo de 2007

Reseña: Calle de magia

Calle de magia.

Orson Scott Card.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova # 198. Barcelona, 2007. Título original: Magic Street. Traducción: Rafael Marín Trechera. 351 páginas.

El mensaje de la novela es claro: «Cuidado con lo que deseas, porque podría convertirse en realidad». Lo malo es que la forma que tienen los deseos de las gentes que viven en Baldwin Hills de hacerse reales es de la manera más retorcida posible, transformando un bello sueño en la más aterradora pesadilla. Mack Street, un niño nacido en las más extrañas circunstancias, abandonado misteriosamente y adoptado con posterioridad, irá creciendo con el conocimiento certero de que no es como las personas que le rodean, y vaya si es diferente. Su vida y las de las gentes de su calle pronto se verán tocadas por un hálito misterioso que les conducirá irremediablemente a enfrentarse a sus propios miedos, a sus odios y a sus anhelos en un combate en que se decidirá el destino del mundo entero.

Card nos sumerge esta vez en un mundo cercano, en las vivencias de los habitantes de un barrio residencial de gente acomodada de raza negra de la ciudad de Los Ángeles, que se ven sacudidas de forma traumática cuando lo inexplicable entra a trompicones en su diario discurrir y no puedan limitarse a cerrar lo ojos ante la evidencia, como sin duda desearían. Y ahí precisamente radica su problema, en la perversión de los deseos, en el retorcimiento de los sueños para convertirlos en algo oscuro y desagradable.

Hábilmente el autor nos va introduciendo en un mundo, aparentemente el nuestro, cuya realidad no es tan sólida como nos gustaría considerar y, poco a poco, convierte la narración en un bello y, al mismo tiempo, terrible cuento de hadas, donde las vidas de los humanos se perciben como meros juguetes en manos de poderes que apenas podemos intuir y que a veces sólo se pueden ver con el rabillo del ojo. El eterno enfrentamiento entre Oberón y Titania, rey y reina de las hadas, se introduce en nuestra realidad con imprevisibles y catastróficas consecuencias. Card va introduciendo en la narración los elementos fantásticos con elegido cuidado hasta el momento en que, cual si de una inundación se tratase, lo fantástico lo invade todo, haciendo a un lado la realidad sin perder la atención del lector que se sumerge con naturalidad en una aventura heredera directa de El sueño de una noche de verano de Shakespeare, habiendo avanzado el tiempo y trasladando por ello la acción a nuestros días. Con naturalidad, Card va haciendo referencia a lo acontecido en la obra teatral, cogiendo los elementos que le interesan y descartando los que no considera adecuados, para ofrecer una obra con un poderoso componente onírico y mágico, y donde los deseos, los sueños, son la auténtica fuerza que mueve el mundo.

No faltan referencias a otras obras como apoyo a la narración, ya sea La tempestad, del propio Shakespeare, u otras como El mago de Oz o Peter Pan (al parecer Barrie no era precisamente un experto en hadas), que sirven para acercar al lector a los personajes al compartir un trasfondo común.

Fiel a su estilo cercano, fluido y directo, Card hace avanzar la trama rápidamente, de forma muy agradable, consiguiendo que el libro se lea sin esfuerzo alguno hasta llegar al explosivo final. En la línea de Niños perdidos y muy por encima del fallido El cofre del tesoro, Calle de magia es una lectura sin demasiada trascendencia, pero que guarda en su interior momentos de auténtico disfrute, algo de filosofía, un poco de moralina y muchos sueños, aunque lo que se sueña y en lo que se convierte ese sueño al hacerse realidad no siempre sea exactamente lo que uno había imaginado. ¡Así que tened cuidado con vuestros deseos!

viernes, 23 de marzo de 2007

VI Encuentros con Tolkien en Zaragoza

El smial (grupo local) de Khazad-Dûm de la Sociedad Tolkien Española tiene el placer de anunciar la celebración de los VI Encuentros con Tolkien.

Todas las actividades se realizarán en el el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza a partir de las 19:00 horas.

El calendario de actividades será el siguiente:

26 de marzo:
Presentación de la STE, por Santiago Gª Soláns.

27 de marzo:
Tolkien y los cuentos de hadas, por Pilar Escalada
"celebrinlas" y Maya Zapatero "Berúthiel".

28 de marzo:
La cultura desconocida de la Tierra Media: los enanos y
su lenguaje, por Lydia Belarra "Menelvantar" y Mª Jesús Lanzuela "Selerkála".

La asistencia es libre y gratuita, y todos los interesados serán bienvenidos.

Reseña: Loveless 1.

Loveless 1. Vuelta a casa.

Guión: Brian Azzarello.

Dibujo: Marcelo Frusin.

Reseña de: Jamie M.

Planeta DeAgostini. Barcelona, 2007. Título original: Loveless, a kin of homecoming (contiene los número 1 a 5 de la edición en comic-book).

Tras compartir una larga etapa de Hellblazer, Azzarello y Frusin vuelven a unir sus talentos creativos para sacar adelante un western descarnado y violento, como no podía ser de otro modo proviniendo de la pluma del creador de 100 balas.

Al finalizar la Guerra de Secesión americana muchos sudistas no aceptaron la rendición y continuaron luchando por su cuenta convertidos en simples bandas de forajidos fuera de ley, tratando de recuperar lo que según su propia visión el Norte les había robado. Es en tales circunstancias en las que Wes Cutter, tras pasar una larga temporada en un campo de retención de prisioneros de la Unión y haber sido dado por muerto entre los suyos, retorna a su hogar obteniendo un frío recibimiento. Enseguida se percibe que existen muchos secretos escondidos a su alrededor, los que él mismo esconde y los que tratan de ocultarle todos los que le rodean. La historia va creciendo en una espiral de violencia, donde la simple avaricia, el deseo de venganza y el odio racial van llenando de vapor una olla a presión que puede explotar en cualquier momento.

El paso de Cutter se verá jalonado de cadáveres, mientras vamos descubriendo los verdaderos motivos que le impulsan a volver a su hogar y que convierten su simple presencia en algo similar a patear un avispero. Personaje que juega con la ambigüedad, no parece congeniar ni con sus viejos conocidos del Sur ni con los nuevos ocupantes de la Unión, buscando tan sólo estar con su esposa Ruth, quien también arrastra una terrible historia sobre sus espaldas, y, tal vez, recuperar sus tierras por el camino. Pero nada es exactamente como parece y Cutter utiliza una baraja marcada para jugar sus cartas sin aparentemente casarse con nadie. Al fin y al cabo, la guerra no ha dejado a nadie sin secuelas.

Y junto a todo ello asistimos a una historia de amor salpicada con las dosis justas de erotismo, y de la que poco a poco vamos descubriendo los desgarradores y tristes entresijos

El impactante y algo oscuro dibujo de Frusin acompaña a la perfección al estilo de la narración de Azzarello, magníficamente secundado por el color de Patricia Mulvihill. El corte sombrío, crepuscular, de una historia donde no hay “buenos”, se ve reflejado página a página por el hábil trazo repleto de sombras y negros, y los tonos pastel de la palata de la colorista. Especialmente impactantes son las escenas en que los autores mezclan el presente y el pasado de la narración, creando unas viñetas llenas de una extraña poesía de la violencia, casi contando dos historias aun tiempo; aunque por otro lado, el abuso que se intuye de tal recurso pueda llevar al cansancio del mismo al perder su inicial efecto de sorpresa y maravilla en el lector.

Si algún defecto cabe achacarle a esta obra es, tal vez, el gusto por el exceso de todos aquellos westerns provenientes del mercado del comic-book americano, el gusto por la exageración de la habilidad con las armas, el alejamiento de un cierto aire de realismo y el que siempre tenga que haber una protagonista femenina que rivalice en todo con los masculinos saliéndose de manera un tanto incongruente con el auténtico rol que imperaba en aquella época. Al fin y al cabo estamos hablando de una obra “histórica” (aunque se centre en hechos inventados) y se debe a unas formas de actuar y de pensar que no son las actuales; pero supongo que las “cuotas”, la “discriminación positiva” y la corrección política ha terminado alcanzando hasta a un autor tan transgresor como Azzarello. Sin embargo, no es este un detalle en absoluto importante como para molestar en el completo disfrute de la aventura.

Ahora sólo cabe esperar que Planeta nos ofrezca pronto nuevas entregas de Loveless, que en Estados Unidos ya va por su número 18; el final de este tomo, con ese giro argumental que se intuye poco antes, deja con muchas ganas de continuar leyendo.

jueves, 22 de marzo de 2007

Reseña: Caballero Luna 1. El fondo

Caballero Luna: El fondo.

Charles Hudson y David Finch.

Reseña de: Matt Davies.

Panini comics. 152 páginas. Colección 100% Marvel.

Cuando leí en la contraportada del tomo que acaba de editar Panini con los seis primeros números de la nueva colección del Caballero Luna “escrito por el famoso novelista Charlie Hudson” me invadió la desconfianza. Me vinieron a la mente Joss Whedon o Allan Heinberg, autores ajenos al mundo del cómic que luego han realizado trabajos magníficos; pero también me acordé de Orson Scott Card o Reginald Hudlin y sus desastrosos Ultimate Iron Man o Spiderman. Hudson bien podía ser uno de estos últimos, y el que estuviera acompañado por el dibujante David Finch − cuyos últimos trabajos en Marvel están llenos de tintas innecesarias y rostros forzados hasta resultar casi grotescos− tampoco auguraba nada bueno.

Pero, afortunadamente, me equivocaba de nuevo.

Lo primero que llama la atención de estos números es el tratamiento brutal y directo del personaje. El Caballero Luna apareció en 1972 como antagonista de Werewolf by Night, y durante años vagó por ese limbo al que están destinados los superhéroes de segunda fila: un par de series regulares de discreto éxito y una lista más o menos extensa de cameos en el resto de títulos de la editorial. Y es que el aire a Batman de todo a 100 que poseía no lo convertía precisamente en un personaje atractivo ni fácil de escribir, de manera que tan pronto se convertía en un investigador de lo sobrenatural como en un luchador urbano como entraba a formar parte de los Vengadores. Tantos fueron los cambios que sufrió que durante un tiempo el mismo Caballero Luna tuvo varias identidades civiles, que en el fondo no hacían sino reflejar su personalidad esquizoide. Sin embargo, la nueva serie deja bien claro quien es el Caballero Luna: un sociópata, un individuo que necesita causar dolor para sentirse realizado, que elige descargar toda esa rabia en los criminales por el simple hecho de que puede hacerlo, y que si por algún motivo− como las lesiones que sufre en el cómic− no puede vestir la capa y las mallas, se convierte en un ser autodestructivo y peligroso para los que le rodean, como su novia Marlene y su amigo Frenchie, que aquí, lejos de ser los sidekiks de historias anteriores, se nos muestran como dos personajes complejos, con mucho que ocultar y cuyas vidas han quedado definidas (para mal) por su relación con Marc Spector.

La narración está llevada con acierto y fuerza, construyendo una historia aparentemente sencilla (la vuelta a la acción del personaje) poco a poco, tomándose más tiempo para mostrar los horrores que esconde la mente de Spector que para hacer un comic de acción. Pero eso sí, cuando llega el momento de la acción, David Finch se luce como nunca, realizando su mejor trabajo hasta la fecha. Lástima que solo lo vayamos a disfrutar dos números más, porque su estilo se adaptaba perfectamente al tono de la obra.

Un cómic de superhéroes con un toque de novela negra contemporánea, bien dibujado y mejor escrito. Sin duda, una colección a seguir.

martes, 20 de marzo de 2007

Presentación de Los mitos de Asturdeva en la Fnac -Zaragoza


Javier Trujillo, nominado a autor revelación de Expocomic 2006 desarrolla en una saga los mitos autóctonos del cantábrico, que son por lo menos tan ricos o más los otros mitos celtas europeos. La obra tiene el objetivo de difundir la forma de vida de esos celtíberos del siglo II a.d. J.C., con sus sistemas defensivos, sus caballos (los asturcones), sus edificaciones (las pallozas como las llaman en los Ancares), sus castros (como los llaman en Asturias y Galicia). Los personajes definen estereotipos del cantábrico. Así el jefe del clan es Astur (Astures), la protagonista es Amaya (vasca, cuyo nombre simboliza el destino del clan), su hermana Haizea (el aire, uno de los cuatro elementos), Guaxa la meiga (una anciana que se transforma en lechuza en la tradición mágica de Asturias y Galicia), Xana ( la ninfa por excelencia), el Nuberu (dominador del clima en Asturias y Galicia), Gaueko ( el señor de la noche en la tradición vasca), el Busgosu (fauno dueño de los bosques Asturianos), los anjanos, o el Dragón Cuelebre, por poner algunos ejemplos. Los lugares también son reales. El río Deva de Asturias (con su doble sentido geográfico y simbólico de la palabra Deva, antiguos sobrenaturales), el Macizo de Andara o el de Cornión (de los Picos de Europa). Una serie muy documentada y española (ya está bien de Conan, el Rey Arturo, Thor, ...). Uno de los grandes atractivos de la obra es el estilo realista de Trujillo que busca desarrollar un ambiente tangible, con las últimas técnicas de ilustración digital y desarrollar en definitiva algo novedoso.


Más información en:

http://juanroyo.blogspot.com/2007/03/presentacin-de-los-mitos-de-asturdeva.html

http://juanroyo.blogspot.com/2007/02/gaueko-el-conquistador.html

http://juanroyo.blogspot.com/2006/12/javier-trujillo-y-paul-naschy.html

Reseña: El mago

El mago. Libro 2 de El caballero mago

Gene Wolfe.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Barcelona, 2007. Título original: The Knight: Book one of the Wizard Knight. Traducción: Miguel Antón. 559 páginas.

Antes que nada un aviso para caminantes: al ser esta novela que nos ocupa la continuación directa de El caballero es muy posible que se incluyan en este reseña hechos de la narración que destripen cosas sucedidas en la anterior, así que quien no quiera enterarse de ciertos detalles importantes para la trama quizá sería mejor que dejase la lectura de estas líneas para después de haber terminado de leer la primera entrega.

El mago retoma la acción casi en el mismo punto donde la dejara El caballero, tras el enfrentamiento entre Sir Able y el dragón Grengarm, la muerte y recogida por una valkiria de nuestro caballero y su ascenso a Skai, donde Valpadre lo acogerá entre sus huestes. En este libro la acción se va a dividir y bifurcar mucho más que en el anterior, donde casi era lineal, para seguir, además de a Sir Able, a un buen número de los personajes que se le habían ido uniendo en su largo periplo hasta conseguir la Espada Eterna, llevándose al principio la parte del león el encuentro – enfrentamiento entre las tropas y caballeros del rey y los gigantes de hielo del Norte, y la misión impuesta a Sir Able de custodiar un paso de montaña para enfrentarse a cualquier caballero que trate de franquearlo en una serie de episodios muy a lo Mallory en La Muerte de Arturo, para después dar paso a una serie de batallas y encerronas que acercarán cada vez más a nuestro protagonista a la obtención de su objetivo que no es otro que poder compartir su vida con su amada reina de los elfos.

En este libro ese tipo de reminiscencias de carácter casi mitológico, tanto artúricas como nórdicas, se multiplican y aumentan de forma exponencial llegando a convertirse en uno de los mayores referentes del trasfondo o del decorado de la narración: desde la aparición de la valkiria que recoge al héroe tras su lucha con Grengarm, su subida al mundo que se encuentra encima de Mithgarth, la aparición de los gigantes y de Valpadre, señor absoluto de ese mundo y que no es sino un trasunto de Odín, hasta la leyenda atribuida a Sir Able de cierto Caballero Verde y un tal Gawain, la continua referencia al honor caballeresco y los torneos, duelos, lides, misiones, profecías y gestas en que no paran de verse envueltos. La misma estructura del libro, con personajes que entran y salen, con muchas y variadas tramas siempre con el ideal caballeresco impregnándolas, con la forma de actuar de los protagonistas, recuerdan poderosamente al ciclo artúrico en su conjunto.

Pero el libro, como no podía ser de otra manera, va mucho más allá de ésto que no deja de ser en alguna forma un simple telón de fondo y se sumerge en profundidad en un mundo de magia y de mitos, donde los seres más peculiares, sorprendentes y asombrosos conviven, luchan y mueren muchas veces por causas no del todo claras ni coherentes al son de unos principios inmutables que rigen sus vidas con inflexible e inquebrantable decisión.

No es un mundo fácil para vivir, y los continuos lances a los que los protagonistas tienen que hacer frente dan buena cuenta de ello. Sir Able en sus andanzas ha ido recogiendo una extravagante cohorte de compañeros: un gato parlante al que acompaña el espíritu de la bruja que fuera su antigua ama, un perro de la jauría de Valpadre que puede cambiar de forma hasta alcanzar unas proporciones aterradoras, un ogro criado en cautividad por un campesino contrahecho, dos elfas de carácter voluble que tan pronto ayudan como le meten en problemas, un par de semi gigantes de difícil carácter, y un buen número de seguidores humanos, criados, escuderos y caballeros, que rivalizan en extrañeza con los seres más “mágicos” con los que se ven envueltos. Todos ellos irán conformando la acción, uniéndose o separándose conforme la narración avance, dando lugar a un relato que fluye en varios cauces juntándose y volviendo a separarse en su camino hacia el desenlace final.

El resultado, sin embargo, no es tan maravilloso como unos mimbres tales podrían haber augurado. La característica forma de narrar de Wolfe, hurtando muchas cosas al lector y escondiéndolas entre bambalinas, dando sutiles pistas, pequeñas pinceladas que muchas veces pasan desapercibidas, no termina de cuajar a la perfección en esta ocasión y el relato se resiente de ello. Junto al abuso del tópico, el peor defecto que presenta esta novela es que no parece llevar a ningún sitio, la acción se marea de un lado para otro de forma un tanto inconexa a ratos, los personajes entran y salen, los hechos se van sucediendo y el lector no termina de involucrarse en todo eso que le están contando quedándole un sentimiento de indiferencia al cerrar el libro acabado.

Y queda además la duda, entre otras, de cómo llegó Sir Able a semejante mundo, si quizá cruzó un puente mágico atraído por los elfos para llevar a cabo una oscura misión, si está soñando o si tan sólo se trata del delirio de un adolescente que se encuentra en coma tras un accidente. Wolfe no da respuestas a esta y otras muchas preguntas, permaneciendo fiel a su estilo que invita a deducir al lector muchas de las cosas, a veces demasiadas, que quedan en el aire sacando sus propias conclusiones; unas conclusiones que pueden llegar a ir mucho más allá de lo que el propio autor tenía en mente.

Al menos en esta ocasión la edición mejora mucho respecto a El caballero y ya no se encuentra repleta de errores tipográficos, lo que se agradece de manera especial en un volumen con semejante número de páginas.

jueves, 15 de marzo de 2007

Reseña: El caballero

El caballero. Libro 1 de El caballero mago

Gene Wolfe.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Barcelona, 2006. Título original: The Knight: Book one of the Wizard Knight. Traducción: Miguel Antón. 485 páginas.

Gene Wolfe siempre ha hecho gala de un estilo y una forma de narrar, cuando menos, peculiares y muy particulares, jugando siempre de forma ambigua a mostrar tan sólo lo imprescindible para que el lector vaya sacando sus propias conclusiones y dejando muchas cosas libres a la imaginación. El principio de El caballero es un buen ejemplo de ello. Retorciendo la realidad en un juego de sombras, Wolfe deja tan confuso al lector como al protagonista de la historia, un jovenzuelo estadounidense que sin saber cómo se verá trasladado a un mundo fantástico donde rigen las reglas de la magia y de la caballería. Este mundo, en la primera de un montón de referencias extraliterarias, se llama Mythgarth, siendo el lugar donde habitan los seres humanos y encontrándose en el centro de otros seis mundos más, tres por arriba y tres por abajo. ¿Suena de algo? Pues es sólo el principio.

Nada más arribar a ese extraño lugar, cambiará su nombre por el de Able del Gran Corazón, será obsequiado por la Parka con una cuerda de almas para su arco y recibirá una misión a la vez que descubre el amor imperecedero. Juguete del destino o marioneta de poderes que le son ajenos se embarcará en multitud de aventuras, autonombrándose caballero con la ayuda de una reina de los elfos y tratando de justificar el título con sus acciones. Pasando de un mundo a otro, reclutando en su camino a un simpar número de compañeros a cada cual más extraño, avanzará hacia la consecución de su objetivo, la espada Eterna, con cuya posesión está convencido de que conseguirá hacer realidad todos sus sueños.

Atrapado en el cuerpo de un hombre adulto de heroicas proporciones, su mente sigue siendo sin embargo la de un adolescente y muchas veces eso se verá reflejado en sus palabras y obras, siguiendo su idealizada imagen de cómo debe comportarse un caballero. El libro, como ya he dicho, se encuentra plagado de referencias, siendo las más evidentes las de las novelas de caballerías, ciclo artúrico incluido, y las de la cosmología nórdica, con toda su parafernalia mitológica y épica.

Está escrito como si de una carta del chico atrapado en el cuerpo de sir Able a su hermano que se quedó en la tierra, al que sin embargo ha creído ver en aquel mundo, se tratase. El corte epistolar, en primera persona, permite al autor ciertas licencias que se adaptan perfectamente a su estilo, saltando en el tiempo de acción en acción de forma a veces un tanto inconexa, obviando lo que no le interesa y demorándose en parajes concretos, haciendo referencias a detalles por venir que condicionan sus presente, aventurando conclusiones para las que no ha dado suficiente base y ofreciendo al lector, en definitiva, un relato de los recuerdos de las cosas que Sir Able y sus compañeros vivieron o de las que le contaron cuando no estaba presente en los hechos y desde la óptica por lo tanto subjetiva e inconexa del que le toca rememorar su propio pasado y va saltando, lo más linealmente posible, de una ventura a la siguiente.

Es por ello una lectura exigente, lo que no implica necesariamente su bondad, plagada de nombres, de personajes y de referencias que ir desentrañando. Hay que escarbar bastante para obtener todo lo que Wolfe ha puesto en este texto bajo la apariencia de una simple novela de aventuras caballerescas. Sin embargo, cuando cierras el libro te queda una especie de sensación de desasosiego extraño, por un lado porque la novela no termina de cuajar del todo, no fluye con la debida armonía; y por otro, porque la pésima edición que ha perpetrado Minotauro dificulta y lastra bastante la lectura (si hace poco me quejaba de lo mismo en otra editorial, esta ocasión me demuestra que el tema es un mal endémico de nuestros días: la rapidez con que se quiere sacar a la calle los títulos impide sin duda una correcta corrección y edición de los mismos); como ejemplo del caso particular que nos ocupa baste con la siguiente muestra: en la página 203 línea tercera se lee “…permitido que Pouk me acompañarme.” y en la línea octava “…porque también habían abundaban los insectos.”; y un par de párrafos más abajo aparece por primera vez un personaje al que se llama Thnrolf y que en la siguiente página descubriremos que en verdad se llama Thunrolf. Y de este tipo de fallos hay unos cuantos más. ¿De verdad es tan difícil controlar un poco el tema y hacer una edición digna? Parecería que la respuesta es afirmativa.

El libro, primero de dos, termina cerrando las tramas principales en las que el protagonista se había visto envuelto, pero dejando a su vez abierto un evidente “continuará” que promete nuevas aventuras y revelaciones sobre el mundo, o mundos, a los que no se sabe muy bien cómo ha ido a parar; así que seguiremos la pista de sir Able en El mago, con el que se cierra el ciclo y donde espero que se nos desvelen muchos de los misterios que se nos han planteado en El caballero. El tema, desde luego, puede dar para mucho.

martes, 13 de marzo de 2007

Reseña: El Prestigio

El Prestigio

Christopher Priest

Reseña de: Matt Davies

Ed. Minotauro, 2007. Col. Booket, 2045º. Traducción: Franca Borsani. 463 páginas

Lo bueno de las malas adaptaciones es que siempre despiertan en uno curiosidad por el original ¿Será mejor el libro que la película? O, mejor aún, ¿tendrán algo que ver uno con otra aparte del título?

En el caso de El Prestigio, reconozco que vi la película antes de leer la novela, hecho del que luego me arrepentí profundamente. El Prestigio (novela) es una obra infinitamente mas rica y compleja, donde el desenlace no se ve lastrado por una sorpresa final que resuelva los cabos sueltos, como ocurre en la versión cinematográfica, pero sí cuenta con varias revelaciones que resultan mas placenteras y sorprendentes si uno las descubre como lector, basándose en las pistas que Christopher Priest va sembrando a lo largo de toda la obra.

El argumento de El prestigio es aparentemente sencillo: dos magos de principios del siglo XX envueltos en una rivalidad que comienza de forma casi anecdótica y se transforma con los años en una relación de odio-admiración obsesiva. Las consecuencias de este enfrentamiento se perpetuarán en el tiempo, de forma que la novela abarca no solo a ellos sino a sus descendientes hasta la cuarta generación. Christopher Priest sabe lo que se trae entre manos, maneja la documentación y los conocimientos necesarios para recrear el final de la era victoriana de forma exquisita, y construye con maestría una novela de ciencia ficción (o así la define él mismo, aunque también se podría calificar steampunk con toques de puro terror gótico hacia el final) que se basa tanto en su intenso estilo narrativo como en el carisma de los dos protagonistas, pues, aunque hay capítulos acerca de sus nietos y bisnietos, son los personajes de los dos magos los que realmente atrapan al lector. Son dos individuos contradictorios: obsesionados con su arte, amantes de sus respectivas familias y, a la vez, capaces de llegar al intento de asesinato (y luego tener remordimientos). Son, en definitiva, personajes creíbles y humanos, y, por lo tanto, terriblemente atractivos en su complejidad. Quizás el punto más débil de la obra sean precisamente los fragmentos ambientados en la actualidad, cuando los perdemos de vista, pero Priest utiliza estos momentos de forma únicamente instrumental, para hacer avanzar la historia y presentar conclusiones que serán constantemente puestas en duda.

Una gran novela, que con el tiempo bien podría convertirse en uno de los clásicos de la literatura fantástica.

(Por cierto, reconozco mi ignoracia, pero en un principio confundí al autor con Christopher Priest el guionista de comics; antiguamente conocido como Jim Owsley. Claro que la portada de la reedición, con el cartel de la película con ese toque a lá Steranko, también pudo influir).

lunes, 12 de marzo de 2007

Reseña: El atlas de las nubes

El atlas de las nubes.

David Mitchell.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Tropismos. Salamanca, 2006. Título original: Cloud Atlas. Traducción: Víctor V. Úbeda. 557 páginas.

Hace mucho tiempo que no me encontraba con un libro que uniese de tal manera la maestría en la forma y en el fondo de la narración como este Atlas de las nubes. En muchas ocasiones un ejercicio literario como ante el que nos encontramos está abocado al fracaso por su propia ambición, condenado a perecer en un intento demasiado grandioso o complicado por ofrecer algo diferente a lo habitual, pero Mitchell ha sido capaz de llevarlo a buen puerto dejando al lector asombrado, y agradecido, por el camino.

El autor nos presenta seis historias, partiendo desde el siglo XIX hasta llegar a un futuro lejano donde la civilización ha sucumbido y tan sólo pequeñas islas de cultura permanecen invictas ante el caos y la barbarie; seis relatos que llevarán al lector a recorrer a través de ellos medio mundo siguiendo las, inicialmente y de forma aparente, inconexas narraciones, en las que poco a poco se van rastreando una serie de pequeños detalles, pequeñas coincidencias o referencias, que hacen sospechar de la existencia de una historia común y mayor. Y en efecto, al término de la sexta historia, en ese final en que nos encontramos dentro de ese futuro desolador, el tiempo se retuerce sobre sí mismo y recorremos el camino a la inversa, volviendo hacia el año 1850, descubriendo de qué forma todas las historias estaban relacionadas, como eslabones de una firme cadena.

En este ejercicio literario en que el autor se ha embarcado, cada historia es de un estilo diferente: empezamos con una historia en forma de diario, seguimos con un puñado de epístolas, pasamos por una serie negra, nos embarcamos en una narración de misterio, seguimos con una especie de interrogatorio policial futurista donde sólo hay preguntas y respuestas, y terminamos (justo antes de desandar el camino) en un relato de ciencia ficción post apocalíptica de naturaleza casi alegórica y no exenta de poesía. Los protagonistas van cambiando; de hecho ni siquiera el sujeto se mantiene, mezclándose narraciones, la mayoría, en primera persona (no podía ser de otra forma tratándose de un diario, unas cartas o un interrogatorio) con alguna otra en tercera persona. El sujeto no es lo que importa, parece decirnos el autor, sino el devenir del tiempo y el mensaje que se va conformando para ofrecernos una visión ciertamente triste del futuro que puede aguardarnos.

Es este un libro sorprendente, tanto por la forma en que está construido, como porque lo que nos cuenta no desmerece al continente. Mitchell se podría haber quedado en los fuegos artificiales de un ropaje ciertamente extraño, atractivo y arriesgado; pero es que además nos ofrece unas historias dignas de ser leídas, de paladearlas, de regodearse en el sabor y en las texturas, de reflexionar con tranquilidad sobre ese mensaje que ocultan de forma bastante abierta y que hace que al volver la última página, tras la satisfacción de una grata lectura, quede en la conciencia un poso sobre el que meditar y sacar consecuencias.

Y es que, bien abrigado entre la original estructura narrativa y las seis historias que aparentemente tampoco tienen ninguna unión temática, una idea subyace a lo largo de todas ellas, un alegato casi ecologista sobre el futuro de nuestro planeta, acerca de la sobreexplotación de los recursos, acerca de la esclavitud y la dignidad de los seres humanos, acerca de la tiranía de las grandes marcas y corporaciones, acerca, quizá, de la globalización de la que tanto se habla hoy en día, que tanto bien puede traer, pero tantas maldades puede acarrearnos a su vez.

De verdad, hace mucho tiempo que no disfrutaba tanto con un libro en todas sus vertientes. Tal vez El atlas de las nubes haya sacado a la superficie mi alma de filólogo y eso haya hecho que disfrutase mucho más de la estructura de historias encadenadas de lo que un lector “normal”, ajeno a la construcción literaria, pueda hacerlo; pero sinceramente creo que es un libro que merece la pena leer. Al fin y al cabo, tiene de todo, distintos géneros, distintos ambientes, temáticas y estilos, con una prosa cuidada y trabajada (uno se queda admirado de la difícil labor que habrá tenido el traductor en la sexta narración, la del futuro lejano) y que no deja indiferente. Un libro, además, que invita a la reflexión, pero sin maniqueísmos o demagogias, sino por el simple hecho de reflejar algunas de las situaciones que ya están teniendo lugar a nuestro alrededor, extrapolándolas a través de unas visiones que no invitan al rechazo como tantos extremismos, sino que se disfrutan como la buena literatura que son.

jueves, 8 de marzo de 2007

Reseña: La máquina diferencial

La máquina diferencial.

William Gibson / Bruce Sterling.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 84. Madrid, 2006. Título original: The Difference Engine. Traducción: Carlos Lacasa Martín. 344 páginas.

Nos encontramos en Inglaterra, en plena Revolución Industrial, pero en una Revolución muy diferente a la que nosotros conocemos por nuestros libros de historia y que todavía podemos recordar. Charles Babbage ha conseguido hacer funcionar su máquina computacional que trabaja mediante tarjetas perforadas y ha revolucionado todo lo que le rodea. Gracias a Babbage nace la era de la información y nuestro pasado da lugar a un mundo radicalmente distinto del que en realidad tuvo lugar. Nos encontramos así con una ucronía de fascinantes posibilidades que, sin embargo, no terminan de llegar en su totalidad a buen puerto.

La novela se compone de cinco partes o “iteraciones”, con protagonistas cambiantes, aunque con un desarrollo cronológico lineal y seguido, y una coda final en la que mediante extractos periodísticos, recortes de noticias y trasuntos de tarjetas, se pondrá punto final a muchas de las preguntas sugeridas a lo largo de la trama, aunque otras muchas queden en el aire para ser satisfechas por las propias deducciones de los lectores.

Un misterioso paquete de tarjetas perforadas que irá cambiando de manos sirve como excusa para embarcar al lector en una aventura asombrosa por momentos, donde casi lo más importante es el decorado que se va revelando poco a poco mediante hábiles pinceladas a lo largo de las páginas, mostrando un mundo radicalmente diferente al nuestro, pero que arrastra y ejemplifica muchos de los defectos que la humanidad ha padecido a lo largo de nuestra historia.

Así se nos pinta un mundo dominado por los tecnócratas y científicos, convencidos de que la tecnología elevará a la humanidad a nuevas cotas de progreso y bienestar, sin importarles las consecuencias negativas que para la naturaleza y los propios hombres haga recaer ese exceso de industrialización. Surgirán de este modo nuevas castas, nuevos estratos sociales, que impulsarán una extraña lucha de clases.

No es esta una novela fácil, no da todo masticado, sino que el lector debe ir buceando entre multitud de pistas y detalles para lograr conformar el cuadro total que se nos está pintando delante de nuestras narices. Al ir cambiando los protagonistas (aunque en las tres iteraciones centrales, para mí las más interesantes y entretenidas, se mantenga la figura del paleontólogo y exótico aventurero Edgard Mallory como motor de la narración), permite ofrecer un cuadro más completo de esa sociedad nueva nacida del desarrollo de la máquina de Babbage. Surge ante nuestros ojos un Londres bastante deshumanizado, agobiante, oscuro, poco atractivo para residir en él a menos que pertenezcas a la élite científica gobernante. Y a la vez, mediante las referencias que pueblan el cotidiano devenir de los protagonistas nos vamos haciendo una idea bastante clara de cómo es del resto del mundo, fuera de ese polo de miseria londinense; vemos una América del Norte desmembrada, en guerra entre diferentes facciones (Unión, Confederación, Texas, México…) apoyadas abierta o clandestinamente por Gran Bretaña que juega con varios mazos de cartas a la vez; una Francia que busca no quedarse atrás en su competencia por el progreso con Inglaterra; o un lejano Japón que sueña con unirse a las naciones “civilizadas”, que se deja cegar ante los adelantos mecánicos y no ve que por el camino va a ir perdiendo gran parte de su tradición milenaria.

Siguiendo el rastro de las tarjetas, unos buscándolas y otros ocultándolas, nos adentraremos en los abismos del ser humano, echando una ojeada a sus pasiones y defectos y viéndonos reflejados en este espejo desenfocado. El sudor que impregna a los trabajadores de Londres, a los bajos fondos a los que Mallory, y sus acompañantes, se verán obligados a bajar, a los servidores de la ley encerrados en asfixiantes cubículos computacionales… ese sudor desagradable y pegajoso que surge del propio agobio de las personas parece rezumar de las páginas pegándose en las manos del lector. Los autores describen de forma vívida la terrible ola de calor que azota la ciudad justo en medio de un levantamiento de obreros y marginados, no se sabe demasiado bien impulsados por qué oscuro motivo, que preludia una revolución llamada a subvertir el orden establecido y que llevará a Londres al borde del caos. El mal olor de las industrias, el humo de los túneles mal ventilados, el ambiente irrespirable de las fábricas se convierten en un protagonista más de la narración, en un elemento desencadenante vital para los hechos que se nos están narrando.

Es esta una novela exigente con el lector, que deja muchas cosas en el aire forzando a rellenarlas con suposiciones, deducciones e interpretaciones varias. Como a la máquina diferencial, se nos ha dado una serie de tarjetas perforadas, pero en nuestras manos está encontrar las claves que sirvan para desentrañar todo su significado o quedarnos con un galimatías del que tan sólo extraer el posible de la aventura narrada. Quien se atreva a bucear profundamente encontrará aquí mucho más de lo que aparentemente se ofrece. Otro tema es sí el resultado final es todo lo conseguido que podría haber sido, todo lo redondo que el magnífico escenario podía dar de sí; para mí no lo es, pero en un libro abierto a tantas interpretaciones creo sinceramente que es mejor que sea cada lector quien juzgue por si mismo.

Eso sí, defraudará a aquellos que, viendo a sus autores, busquen aquí una novela ciberpunk o ni siquiera de ciencia ficción futurista; una ucronía más cercana al steampunk es todo lo que encontrarán. Que no es poco tampoco, ¿no?

martes, 6 de marzo de 2007

Reseña: Leyes de mercado

Leyes de mercado.

Richard Morgan.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Gigamesh. Col. Gigamesh ficción nº 38. Barcelona, 2006. Título original: Market Forces. Traducción: Jesús Gómez. 431 páginas.

Un mundo futuro donde la máxima de que “quien primero llega se hace con el contrato” es llevada a sus máximos exponentes, un mundo empresarial sin piedad y sin escrúpulos, donde lo importante es el negocio y no el cómo se consigue cerrarlo. Un mundo donde los ejecutivos de las grandes firmas son las nuevas estrellas mediáticas, que se juegan la vida diariamente en carreras salvajes, firmemente reglamentadas por las corporaciones, y donde lo importante parece ser no fichar en la empresa sin sangre en las ruedas. Un mundo donde las empresas ponen y quitan gobernantes, fomentan y aplastan revoluciones o cambian sistemas políticos a su antojo siempre para favorecer sus particulares intereses.

Una novela frenética, muy entretenida, de ágil prosa y de lectura subyugante, que no da un respiro al lector, repleta de escenas de acción trepidante, de violencia sin cortapisas, de fríos hombres de negocios que no dudan en quitar de en medio a la competencia mediante las más sucias maniobras, echándoles, literalmente, “fuera de la carretera, fuera de la competición financiera”. Lo importante es el contrato y si por el camino se elimina a la competencia, mejor que mejor. Los modernos gladiadores corporativos pilotarán sus coches especialmente preparados y no dudarán a la hora de pisar el acelerador para sacar ventaja a sus contrincantes ejecutivos en busca del negocio.

Una crítica salvaje al sistema neoliberal capitalista globalizador que parece estar invadiendo nuestros días, llevado a sus extremos más inimaginables. Una crítica, sí, pero que peca, por su exageración y aparente exaltación del propio objeto de la crítica, del defecto de poder parecer que enaltece precisamente lo que trata de satirizar. De esta manera tendremos al protagonista de la novela, especie de antihéroe que nada entre dos aguas, entre su deseo de trepar a toda costa a lo alto de la pirámide empresarial y sus dudas sobre la moral de lo que se ve obligado a hacer para conseguirlo. Unas dudas bastante tibias, todo hay que decirlo, y que tan sólo se verá obligado a reaccionar por los acontecimientos que en torno a su persona se van sucediendo y que amenazan con enviarlo a la más absoluta miseria si no entra en el juego de los negocios modernos. Así, tomará su coche y se enfrentará de manera despiadada a todos los contrarios que se le pongan por delante con visos tan sólo de mantener y mejorar su status dentro del orden corporativo establecido. Todos son trepas y la amistad es algo desconocido. Mientras los ejecutivos viven sus magníficas vidas en grandes mansiones rodeados de lujo, el común de los mortales sobrevive casi en la miseria de barrios degradados, embobados por los medios de comunicación y las carreras de sus nuevas estrellas, los conductores-ejecutivos de las grandes firmas, que cada día se juegan la vida para llegar a la oficina y cerrar un buen negocio.

Y he aquí uno, quizá el único, defecto gordo de la novela. No termino de ver demasiado clara la relación entre conducir de forma magistral un coche y ser un hacha en los negocios y un asesino por el camino. Uno puede ser el mejor piloto del mundo y estar dotado de grandes escrúpulos morales o no tener ni idea de contratos; uno puede ser el mejor broker del mundo, el ejecutivo mejor preparado, el que mayor conocimientos sobre el capitalismo tenga, el que mejor sepa leer un balance, una tendencia, una oportunidad de negocio y ni siquiera tener el carné de conducir. No veo la relación, de verdad, entre ser un ejecutivo despiadado capaz de sangrar a un cliente o a la competencia, y la de que tenga que ser un conductor asesino capaz de echar a todos los rivales de la carretera que lleva a sus oficinas sin apenas despeinarse. Es aquí donde mi “suspensión de la incredulidad” se va a dar un paseo y no me termina de cuajar la trama; me parece demasiado cogido por los pelos, apenas una excusa para introducir espectaculares escenas de persecuciones, carreras, explosiones, derrapes y toda la parafernalia auto-futurística que ha llevado a algunos a comparar la novela con aquel primer Mad Max con el que no deja de haber algunos puntos de contacto, aunque también muchas más diferencias.

Pero aparcando este molesto detalle a un lado, hay que reconocer que Leyes de mercado es entretenimiento en estado puro, una locura desenfrenada que no da respiro, una apocalíptica visión del futuro en el que las multinacionales y megacorporaciones gobiernan el mundo de una forma cruel y despiadada; donde tan sólo importa, como tal vez ya sucede ahora, que las hojas de balance cuadren al final del día con un saldo positivo, y las personas son lo de menos; donde los escrúpulos son algo superfluo y donde el compañero de la mesa de al lado sea muy probablemente quien te clave el puñal por la espalda (o te eche fuera de la carretera). Un planteamiento en principio algo (muy) exagerado, pero que se deja leer muy bien, y se disfruta mientras dura. Y junto a ello, una crítica (¿fallida?) que invita a pensar y reflexionar hacia dónde nos conduce nuestro propio mundo occidentalizante.