lunes, 31 de marzo de 2008

Reseña: La caída de los reyes

La caída de los reyes.

Ellen Kushner / Delia Sherman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Bibliópolis. Col. Bibliópolis Fantástica # 55. Madrid, 2007. Título original: The Fall of the Kings. Traducción: Manuel de los Reyes. 406 páginas.

En La caída de los reyes, el lector descubre que la Ciudad innominada que ya conociéramos en A punta de espada o en El privilegio de la espada tiene todo un mundo y una Historia alrededor, Historia que será realmente importante en el desarrollo de la trama cuando proveniente de las provincias del norte empieza a tomar fuerza un movimiento en pos de la restauración de la monarquía y, al estar indisolublemente unida a ella, el retorno de la magia: el rey siempre debe tener un brujo a su lado, con unas funciones que van mucho más allá de las de un simple consejero.

Theron Campion, heredero del ducado de Tremontaine, con sangre de reyes corriendo por sus venas, pero cuyo único anhelo es que le dejen vivir su vida con tranquilidad, se verá irremediablemente envuelto en la conjura sin siquiera enterarse demsiado del tema. Su camino se cruzará con el de Basil de Cloud, un erudito doctor en Historia, cuyos estudios le llevarán a postular y defender la existencia cierta de la magia. Una vez llegue a sus manos “El libro del brujo del rey” sus destinos quedarán sellados.

“Rey” y “brujo” se convierten en juguetes en manos de los agentes del cambio, peleles que apenas se dan cuenta de lo que está sucediendo y lo que su unión, intelectual y amorosa, ha desencadenado. Theron es un joven perdido, desorientado y desengañado en el amor; una figura fácilmente manipulable a pesar de su auto proclamada independencia. Se convertirá así en una víctima propiciatoria del juego del poder, juego que él siempre había rechazado. Basil, amante del saber por el saber, de la cultura y de la verdad, es incapaz de prever lo que sus descubrimientos pueden desatar sobre el antiguo reino.

En esta novela la ciudad en sí pierde parte del protagonismo que obviamente tenía en las anteriores entregas (sobre todo en la primera). Deja paso a nuevos horizontes, aunque es algo que choca un tanto tras la evolución que se producía en El privilegio de la espada el que aquí parezca que se da un cierto paso atrás, de nuevo hacia una versión más oscura y peligrosa de la Ribera. Sin embargo, es cierto que ha dejado atrás algo de su atmósfera, ya no es tan cautivadora como fuera en A punta de espada, ha perdido cierta fascinación para ganar en “mundanidad”. La Ciudad es ahora un lugar más verídico para vivir, más habitable, pero ha perdido algo de su emoción, de la sorpresa, por el camino.

Especialmente curiosos me han parecido algunos “cameos” de personajes de las anteriores novelas que parecía imposible que aparecieran por sus páginas (sobre todo por cómo había terminado alguno de ellos, uno en concreto, o por el tiempo trascurrido entre unas y otra) y que sin embargo aparecen, supongo que como una especie de guiño de complicidad con el lector.

Como novedad, ya que no existía mención en las anteriores entregas, hay en la novela un precioso tratamiento de la magia, no exactamente novedoso en cuanto al hecho mágico en sí, si no en la forma en que se encuentra expuesto: vuelve el mito del Rey Ciervo, del venado que debe ser coronado, de una magia salvaje, casi incontrolable, que domina a sus practicantes más que dejarse doblegar por ellos. Una magia que retorna, que se hace presente y de la que casi nadie tiene conciencia, o en la que ni siquiera creen y a la que muy pocos pueden acceder.

Pero es precisamente en la parte de los estudios de Basil de Cloud, tanto históricos como mágicos (de la existencia de la magia en sí), donde La caída de los reyes más se demora, se ralentiza; tal vez para dar precisamente la idea de que se trata de una tarea ardua para los investigadores, de algo difícil y costoso en esfuerzo y en tiempo, pero que al lector se le hace algo pesado y lento.

Inmersa la trama en estos cauces académicos se aleja un tanto de lo que había sido predominante en las novelas anteriores: el mundo duelístico. El mismo permanece, sin duda, pero muy de fondo, produciéndose un predominio del ambiente estudiantil, de la Universidad, apoyándose más en la rivalidad académica, verbal, que en la del acero de los duelos. Se mantienen, eso sí, los enfrentamientos políticos al más alto nivel, donde el inmovilismo del Consejo de los Lores choca con las intenciones de aquellos que desean el cambio, la vuelta a la monarquía, para recuperar sus privilegios perdidos. Así, las alianzas secretas, las traiciones, los engaños y manipulaciones están servidas. Hay en La caída de los reyes un innecesario alargamiento de la narración, con situaciones redundantes que por ello mismo podrían haber resultado obviables, pero que tampoco llegan en absoluto a molestar. Es una novela que sin alcanzar las cotas de calidad e interés de A punta de espada, está sin duda muy por encima de El privilegio de la espada (que es, sin embargo, la que se ha llevado los premios). Entretenida y recomendable.

jueves, 27 de marzo de 2008

Reseña: La fusión de mentes

La fusión de mentes.

Jack Dann.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 102. Madrid, 2008. Título original: The Man Who Melted. Traducción: Olga Martínez Yuste. 311 páginas.

Tras el Enorme Aullido, una especie de grito telepático que llevo a grandes multitudes a un estado de demente paroxismo destructivo y al mundo al borde del caos, muchas ciudades de la Tierra han quedado devastadas. En medio de los supervivientes que tratan de reconstruir sus vidas y seguir adelante, el artista Raymond Mantle, un pintor especializado en imágenes subliminales, intenta encontrar el rastro de su amada, perdida en la confusión del Gran Aullido, y de la que una especie de amnesia selectiva le ha robado casi todos sus recuerdos. Mantle siente que necesita recuperar su pasado para poder plantearse siquiera un futuro.

En un mundo chocante, donde una tecnología altamente futurista convive con las ruinas y la barbarie, el camino al conocimiento pasa por bajar a los infiernos de la conexión telepática con las mentes de los muertos; un proceso que se ha convertido en una auténtica religión prohibida y perseguida, y que el protagonista se ve impelido a probar por si encontrase allí el rastro de su esposa.

La fusión de mentes es una curiosa mezcla entre la acción y la metafísica, pero que carece del necesario equilibrio para hacer ambas facetas interesantes. Mientras las descripciones de la casi irreconocible Tierra futura y las partes más “aventureras” están bien narradas y mantienen un pulso firme e interesante, las partes más pseudo filosóficas y “profundas” dan ganas de saltar páginas. Los momentos de introspección psicológica, de reflexión sobre lo que está sucediendo se ven plagados de diálogos que a fuerza de querer ser muy trascendentes rozan el ridículo por lo rimbombante de su tono, sonando absolutamente falsos, acartonados, faltos de vida y de convicción. Diálogos circulares que no terminan de llegar a ningún sitio, pero que quieren quedar, aparentemente, muy profundos, sin conseguirlo.

A lo largo de la novela no existen explicaciones de cómo se ha llegado a aquella situación, de dónde surge ese Gran Aullido destructor, cuáles son sus causas, cómo se ha desarrollado esa telepatía entre un gran sector de la raza humana o por qué se siguen reproduciéndose de vez en cuando los estallidos de olas destructivas. Simplemente se presenta como un telón de fondo, un inicio que se da por hecho y que sirve como excusa y punto de partida para la búsqueda del protagonista a través de las más peligrosas capas de la desencantada, decadente y oscura sociedad del futuro pintado por el autor.

La tecnología es presentada casi como algo mágico, inexplicable o incomprensible; la telepatía se transmite como una especie de internet, una red informática a la que ciertas personas pueden conectarse si reúnen una serie de condiciones especiales y donde se puede acceder a diferentes planos existenciales. La realidad virtual se ha llevado a sus últimas consecuencias y se ha convertido en algo tan real como la vida misma.

Entremedio, Dann incluye ciertas relaciones interpersonales que podrían resultar morbosas para los estándares de hoy en día (o de 1984, año en que fue escrita la novela), pero que se nos presentan como lo más normal en el momento de la acción, con ciertas dosis de amor libre y sexo tabú que no consiguen más que hacer esbozar una tímida sonrisa al lector. No sé si la intención del autor era la de impactar o escandalizar, pero no lo consigue. Tal vez si los personajes hubiesen sido algo más “humanos”, más cercanos, la cosa hubiese ganado en credibilidad, pero tal y como están reflejados no terminan de hacerse reales, ni creíbles. No es que sean “planos”, pero sí demasiado ambiguos, casi como si se encontrasen desenfocados y faltos de una personalidad más y mejor definida.

Por ello, es en las escenas donde Dann describe lo que queda de esa Tierra futura donde La fusión de mentes sale ganando, en ese retrato de un París extraño y misterioso, en esa Francia o esos EE.UU. que se pueden reconocer apenas en los detalles, pero que nos resultan tan sorprendentes a veces como si el autor nos hablase de otro mundo (que al fin y al cabo es lo que está haciendo) o en la curiosa reconstrucción y viaje del Titanic donde se recrearán algunas de las escenas más impactantes del libro.

Uniéndolo todo, para mí, La fusión de mentes es una novela algo fallida, lejos del “clásico de la ciencia ficción mundial” que se nos anuncia en portada; que se deja leer, que interesa a ratos, con buenas escenas incluso, pero que no deja un gran recuerdo al pasar la última página.

sábado, 22 de marzo de 2008

Reseña: El cadáver alegre

El cadáver alegre.
Anita Blake, cazavampiros /2.

Laurell K. Hamilton.

Reseña: Santiago Gª Soláns.

Gigamesh. Col. Gigamesh ficción nº 41. Barcelona, 2007. Título original: The Laughing Corpse. Traducción: Natalia Cervera. 293 páginas.

Ha pasado apenas un mes desde la aventura relatada en Placeres Prohibidos y Anita es convocada para reanimar un cadáver realmente antiguo. Ella se niega, pues las condiciones, el sacrificio que debería realizar para conseguirlo, son algo que no está dispuesta a llevar a cabo por enorme que sea la oferta económica recibida a cambio. Pero ahí empezarán sus problemas, pues el cliente es alguien que no parece dispuesto a aceptar la negativa. Por si fuera poco, la policía le pide ayuda para resolver unos atroces crímenes, realizados con una inusitada violencia e inhumanidad, y en los que sospechan podría estar involucrado algún zombie descontrolado. Anita tendrá que descender a los oscuros recovecos del vudú, el “vodum”, sin saber si podrá salir de nuevo a la luz con todas las partes de su alma intactas.

El cadáver alegre es aventura en estado puro, el lector asiste a un crescendo continuo de emoción, que no da apenas respiro página tras página, pasando de una situación escabrosa a la siguiente sin apenas pausa, sin descanso. Anita, una vez más, no es un personaje que se haga simpático desde un primer momento, va demasiado “sobrada”, utiliza demasiado una actitud de “no necesito a nadie”, aunque al final se demuestre que sí los necesita, y el lector no pueda evitar implicarse y sentirse preocupado por su suerte.

En esta segunda entrega, Hamilton deja en cierto modo a un lado el mundo vampírico, pasando de forma tímida o referencial sobre el vínculo de la protagonista con Jean-Claude, propietario del Placeres Prohibidos de la anterior aventura, y ahora Señor Vampiro de San Luis, sobre el que sin duda la autora tendrá que volver en alguna de las muchas próximas entregas: Anita ya ha probado el poder que el vampiro le ofrece y, aunque por un lado le repugne y lo rechace, por otro es algo que le vendría muy bien en su particular cruzada, le ayudaría sobremanera en su lucha contra las criaturas sobrenaturales a las que se enfrenta continuamente sin siquiera desearlo.

Deja a un lado, como decía, el mundo vampírico, y se centra mucho más en la profesión de la protagonista: la reanimación de muertos. De tal modo, se sumergirá en un mundo que apenas conoce, a pesar de haber estado siempre rondando alrededor, y que odia profundamente: el vudú; y se verá obligada a aceptar e incluso verse inmersa en actos que le repugnan y que siempre había rechazado de plano. Con su vida y su alma en juego, Anita tendrá que dar lo mejor de sí para salir triunfante sobre las tétricas fuerzas que se le oponen. Y, como Anita pronto descubrirá, cuando entras en un cenagal es imposible volver a salir limpia del todo.

En esta ocasión, y debido a lo extraordinario de las circunstancias, carga la protagonista con un especial interés por resolver los crímenes y llega a sentirse culpable por cada minuto que pasa sin haberles puesto fin; lo toma como algo personal: si ella no detiene al asesino, éste volverá a matar y esas muertes pesarán de alguna forma sobre su conciencia. En esta trama doble, debe además vigilar su propia espalda, pues la amenaza pende constantemente sobre ella. No hay reposo posible para Anita, ni descansando en su casa puede estar tranquila o segura, como descubrirá muy a su pesar.

El cadáver alegre, como ya sucediera con el anterior libro (que a pesar de ser de lectura independiente, es bastante recomendable haber leído con anterioridad, para no perderse alguna de las muchas referencias), posee una escritura correcta, amena, sin florituras, ágil y adecuada a la historia que se nos está narrando, con un lenguaje directo y sencillo, con gran cantidad de sangre y truculencia, y las gotitas precisas de humor para no agobiar al personal. Historia, por otra parte, que no da más, ni menos, de lo que sobre el papel ofrece: escapismo puro, diversión y aventura sin desgastar demasiado las neuronas del lector; en definitiva, un libro ideal para pasar un buen rato entretenidos y sin complicaciones.

viernes, 21 de marzo de 2008

25 de marzo: Día Tolkien

Nos hacemos eco de la siguiente convocatoria:

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El día 25 de Marzo se celebra el Día Tolkien.
¿Por qué ese día y no, por ejemplo, el de su nacimiento? Pues porque se acordó que el Día Tolkien debía ser algo simbólico relacionado más con su obra que con su vida; se eligió entonces como guiño simpático, el día en que según El Señor de los Anillos significó la destrucción de La Sombra...Como se nos cuenta en El Retorno del Rey, el día 25 de Marzo del año 3019 de la Tercera Edad, el Anillo Único fue destruido en los fuegos del Monte del Destino en Mordor...





De modo que es ese día, el 25M, el día en que brindamos con orgullo por el Profesor.
Es también un día de actos de los diferentes Smials de la S.T.E de cara al público.
Este año, Khazad-Dûm ha organizado una nueva actividad en la Fnac de Plaza España de Zaragoza, a las 19:30 :
Se realizará una presentación de la Sociedad Tolkien Española, contando quienes somos, a qué nos dedicamos, como puede uno hacerse socio... Y a continuación, un ejemplo de las actividades que realizamos: Una mini-conferencia sobre las fuentes literarias que inspiraron a Tolkien, a cargo de Pilar "Celebrinlas".

Así que si te interesa, "di amigo, y entra".

viernes, 14 de marzo de 2008

Reseña: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

J.K. Rowling.

Reseña de: Jamie M.

Salamandra. 2008. Título original: Harry Potter and the Deathly Hallows. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 636 páginas.

Al pasar la última página y cerrar el libro de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte la sensación que le viene a la mente a uno es la de “¡por fin ha terminado!”; y es que tras la pendiente descendente en que se había embarcado la serie en sus últimas entregas y después de observar cómo algo que te había gustado mucho en su origen iba perdiendo lentamente toda su credibilidad, es un alivio que se acabe y deje de hacernos sufrir. Lástima que la entrega final no consiga levantar el vuelo sobre las dos anteriores y deje un muy amargo sabor de boca en el paladar de este lector.

Desde luego, esta reseña está realizada desde la visión de un lector adulto, con un poso de lecturas a sus espaldas, y supongo que muy diferente de las impresiones que sacará un adolescente del mismo texto. Para el lector avezado esta novela está llena de agujeros, de trampas, de soluciones inesperadas sacadas de la chistera y de deux ex machina difícilmente digeribles. El máximo exponente de todo ello lo podemos encontrar en la creación de personajes nuevos (y mira que ha tenido páginas antes para hacerlo) según lo va requiriendo el nuevo giro de la trama, o en el exceso de “casualidades” sin venir a cuento que se producen: “alguien” que no había aparecido hasta el momento en ningún libro lleva un símbolo que tampoco había aparecido en toda la serie y ya sabes que el tal símbolo tendrá posteriormente una vital importancia; o Harry le pide a otro alguien como “última salvaguarda inspirada sobre la marcha” que realice una acción y ya sabes que ese alguien resolverá todo el embrollo aunque sea algo cogido por los pelos.

El tema principal de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, como se podría ya aventurar viendo el título es, precisamente, la Muerte. Y la pena es que pudiendo haber realizado una inteligente reflexión sobre la misma, Rowling lo que ha hecho es convertir la novela en una triste defensa de la eutanasia y, casi, del suicidio; rompiendo, además, por el camino muchas de las premisas que había establecido hasta el momento. Con su controvertida acción, convierte de paso el recuerdo de Dumbledore en el de un cobarde, egoísta y totalitario, mezquino manipulador y mentiroso: podría parecer que la acción que solicita Dumbledore fuera la de un sacrificio altruista en pos del bien común, pero a mí tan sólo se me antoja como la salida fácil de quien tiene mucho miedo al dolor y prefiere la muerte al sufrimiento, arrastrando además en su cobardía a los que le rodean y aprecian. Me gustaría saber dónde sitúa Rowling la línea entre el sacrificio y el suicidio, entre entregar la vida por los demás y el entregarse a la muerte sin más.

El lector juvenil-adolescente, sin duda, se pierde muchas de estas lecturas, lo que convierte el “adoctrinamiento” en algo mucho más grave. Si sus “héroes” ven el tema como algo normal y perfectamente asumible, incluso deseable, cómo no va a parecérselo a ellos.

Hay, además, tantas muertes de personajes secundarios más o menos “importantes” que al final se pierde la emoción y la tristeza; el lector se inmuniza ante la carnicería y la cosa casi se convierte en un concurso de “¿a ver quién cae ahora?”. Eran desde luego de esperar las defunciones en el enfrentamiento definitivo entre Harry y Voldemort, pero falta mucha, mucha implicación emocional en lo que se está narrando.

De todas maneras, si dos pecados imperdonables tiene esta novela es, por un lado, que tiene trozos auténticamente aburridos, sobre todo en el eterno (al menos a mí así me lo pareció) periplo dando saltos mágicos por Gran Bretaña y las largas e infructuosas discusiones sobre lo qué hacer a continuación. La única manera que tiene Rowling de hacer avanzar entonces la trama es sacarse una ayuda externa de las mangas y catapultarlos en una dirección “inesperada” (y es que todo es demasiado predecible en este libro) que no conduce salvo a otro impass de espera del que de nuevo saldrán con otro truco de prestidigitación literaria; y es que toda la trama avanza a trancas y barrancas, conduciendo a trompicones la acción hacia el final deseado por la autora; final que se hubiera agradecido que llegase un buen montón de páginas antes.

El segundo pecado es el cambio de personalidad de algunos de los personajes principales, incluido Harry, permitiéndose acciones que van mucho más allá de lo que sería lógico por todo lo que se nos había mostrado de ellos hasta el momento. Es cierto que la situación extrema en la que se mueven obliga a comportamientos desesperados, pero hay líneas que el Harry, la Hermione, el Ron y tantos otros personajes que conocemos (o creíamos conocer) jamás habrían cruzado, y aquí lo hacen.

Una pena. Yo aún tenía la esperanza de que hubiera un cierre digno para tantas aventuras. En mi personal opinión, no lo tiene, pero reconozco que a otros lectores sí que les ha convencido y hasta han disfrutado con la novela. Quizá es que he perdido la mirada de niño por el camino, o que tanta incongruencia me ha impedido encontrar esa magia que otros sí han visto. A mí, desde luego, me ha defraudado profundamente. Lástima.

Cuando uno cierra el libro, tras ese “emotivo” epílogo, le queda, además de la sensación de alivio porque todo ha terminado, la idea de que Rowling tendría un filón en contar nuevas historias situadas en Hogwarts (no nos engañemos, al fin y al cabo, su mejor creación), en un ambiente similar al que tanto disfrutamos en las primeras entregas de la serie, pero esta vez sin un protagonista titular, sino como novelas corales, con las vivencias y estudios de los alumnos. Pero tal vez lo mejor sea que se dedique a disfrutar de sus millones, pues difícilmente va a encontrar de nuevo un pelotazo como Harry Potter.

Reseñas del resto de la serie:

Harry Potter y la piedra filosofal.

Harry Potter y la cámara secreta.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Harry Potter y el cáliz de fuego.

Harry Potter y la Orden del Fénix.

Harry Potter y el misterio del príncipe.


martes, 4 de marzo de 2008

Reseña: Los Pilares de la Tierra

Los Pilares de la Tierra.

Ken Follett.

Reseña de: Amandil.

Random House Mondadori, Col. Plaza y Janes, Barcelona, 2000. Título original: The Pillars of the Earth. Traducción: Rosalía Vázquez. 1039 páginas.

En la convulsa Inglaterra del rey Stephen y la reina Maud, cuya guerra civil amenaza con destruir por completo la gran obra normanda que supuso la conquista llevada a cabo en 1066 por el Duque Guillermo, un maestro constructor vive con una obsesión en su cabeza: construir una catedral para mayor gloria de Dios y de su propio ego. Este masón, de nombre Tom "Builder" (constructor), acompañado de su mujer embarazada y de sus dos hijos se ve obligado a buscar un lugar dónde asentarse y obtener dinero con que sobrevivir al crudo invierno tras ser despedido de su puesto por culpa del hijo de un noble local: William Hamleig.

Tras una mala racha, Tom enviuda, debe abandonar a su suerte al recién nacido y huye con sus hijos en busca de un futuro mejor. Pero el destino es bondadoso y el bebé termina en un pequeño monasterio, cuidado por un grupo de monjes atentos dirigidos por Philip de Gales. Mientras tanto Tom y sus hijos forman una nueva "familia" con una extraña mujer y su hijo, Jack, alcanzando, por fin, el lugar que será el centro de toda la novela: el priorato de Kingsbridge...

Y sigue, sigue y sigue...

Los Pilares de la Tierra es un verdadero folletín en el que a lo largo de sus más de mil páginas encontraremos de todo y para todos los gustos, desde lo romántico hasta lo bélico, sin que se nos haga pesado en ningún momento. De hecho el grosor del libro se ve aligerado por lo rápido de la acción y lo ligero de la narración. Además los giros en la trama consiguen mantenerte enganchado a la lectura aunque sólos ea por descubrir cuanto antes la nueva desgracia que les espera a los protagonistas.

De hecho Los Pilares es una concatenación de victorias y derrotas que en algunos momentos puede llegar a ser excesivamente repetitiva, provocando la sensación de que cuanto peor estén las cosas seguro que después se pondrán mucho mejor. Y así sucede en todos los casos, lo que le resta impacto al relato aunque lo convierta en una novela de desahogo victorioso y final feliz.

Los personajes nadan en lo arquetípico (con malos muy malos y buenos muy buenos) que apenas dejan espacio a un reducido grupo de personajes ambiguos y cambiantes (y por eso mismo algo sorprendentes) sobre los que gira, hasta cierto punto, una parte del suspense, ya que de sus acciones y decisiones dependerá en algunos momentos clave lo bien (o mal) que les vaya a los protagonistas. En este sentido la empatía hacia los protagonistas (Tom, Jack, Aliena, Philip) y la apatía hacía los malvados (William y el obispo Waleran, principalmente) es un recurso fácil de conseguir en tanto que entre ellos no hay claroscuros de ningún tipo. Sin embargo esta simplicidad "moral" debilita el conjunto de la novela ya que desde el primer momento se conoce "por dónde" irá cada uno de los personajes. No hay sorpresas por este lado.

Y luego está el otro protagonista, o mejor dicho la excusa para la novela: la catedral. Diría que su presencia es opresiva, apabullante, omnipresente... pero mentiría si no añadiera que en realidad más allá de varias docenas de páginas llenas de arbotantes, arcos de medio punto, naves, contrafuertes, columnas, pilares, muretes y todo el conjunto de términos que se dan en clase de Arte (si es que aún se estudian estas cosas) la catedral es poco más que un escenario de fondo. Pese a que es una obsesión (de Tom), un sueño (de Philip), una pesadilla (de Waleran), un medio (de Aliena) y un reto (de Jack) Ken Follet no consigue transmitir ni de lejos la complejidad casi mística que rodeaba a este tipo de construcciones en el medievo. Se podría decir que la catedral es algo que "sucede porque no tiene más remedio" mientras transcurren los acontecimientos realmente importantes. Además la velocidad de construcción es mareante pese a los inconvenientes que van surgiendo con el paso de las páginas (derrumbe, ataques, crisis), hasta el punto de que en diez años (1135-1145) se levanta el templo. Poca cosa comparado con los casi cuarenta de la de Burgos (que se terminó por completo cerca de cien años después de comenzar las obras y eso que contaba con financiación del rey de Castilla), pero es de suponer que la realidad apenas importa cuando de una novela se trata.

Y eso nos lleva a la última parte: la veracidad histórica. En algunos aspectos Ken Follet se ciñe a lo manuales que haya consultado pero en otros, quizá en aras de que el lector de nuestra época se entere, opta por introducir términos y conceptos modernos inexistentes en la Edad Media. El más sangrante de ellos, al menos para mí, es el medir en centímetros y kilómetros, pero no es el único. El papel de las mujeres (en especial de la "emprendedora y empresaria liberal" Aliena) se ve muy condicionado por la actualidad y, probablemente, por un intento de dotar a la novela de ese ingrediente fingidamente igualitario que es "obligatorio" en cualquier obra actual. También el feudalismo que se ve en Los Pilares tiene poco que ver, a ratos, con el rígido sistema medieval de la época. Por no hablar del poco creíble (históricamente hablando al menos) asalto a Kingsbrigde (un feudo eclesiástico) por parte de las huestes de los Hamleigh, aunque sea en un momento de guerra civil. O la facilidad (¡y seguridad!) con que una mujer y un niño recién nacido pueden viajar desde Inglaterra hasta Toledo solos, a gran velocidad y sin tener ningún incidente... Y así bastantes más.

Sea como fuere Los Pilares de la Tierra es fácil de leer, entretenido y dotado de todos los componentes propios del best seller que es (incluyendo el componente sexual sine qua non). Y ahora, además, tiene continuación, como no podía ser de otro modo, claro.

lunes, 3 de marzo de 2008

Reseña: El ojo del tiempo

El ojo del tiempo.

Arthur C. Clarke y Stephen Baxter.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 99. Madrid, 2007. Título original: Time’s Eye. Traducción: Paula Gamissans Serna. 315 páginas.

Una mañana cualquiera de un día cualquiera igual que cualquier otro, sin aviso, sin explicación, diferentes porciones de la Tierra se desgajan de su época y se reúnen en un nuevo tapiz, un nuevo “planeta”, un rompecabezas de eras y culturas mezcladas sin sentido aparente alguno. Y una vez más (y ya no sé cuántas van) aquí habría que advertir sobre la nefasta sinopsis de contraportada, donde ya en la primera línea destripan una explicación (seudo explicación, más bien) que en el libro no llegará hasta la página 292 de un total de 315. Impresionante. Una de las “gracias” de la novela es, precisamente, no saber, ni los lectores ni los protagonistas, qué o quién ha causado semejante cataclismo o cuál es el motivo y las fuerzas que se ocultan tras tan increíble obra; una explicación, además, que llegando casi al final del libro, tampoco es que deje demasiado claro el quid de la cuestión; pero bueno, quien se haya encargado de escribir la sinopsis desvela todo lo desvelable de un plumazo sin más ni más. Aplausos.

El ojo del tiempo es un libro en la línea de otras novelas catastrofistas, en la que los supervivientes, en este caso toda una serie de náufragos en el tiempo, deben plantearse la forma de continuar adelante y de reconstruir de algún modo su civilización (o una “civilización”, en todo caso). Inevitablemente se producirá un enfrentamiento cultural, entre los diferentes representantes de las diversas épocas de extracción, jugando los autores a no emitir demasiados juicios de valor entre los distintos modos de entender la “cultura” a lo largo de los tiempos, teniendo cada época su singular moralidad y costumbres.

Hay quizá, motivado seguramente por la necesidad de hacer avanzar sin demora la propia narración, alguna excesiva rapidez en la aceptación de los protagonistas más antiguos de los roles de los más actuales; sobre todo en temas como el feminismo o el mando, produciéndose tal vez demasiado aceleradamente la integración de grupos altamente heterogéneos en pos de conseguir sus objetivos “comunes”. Aparte de eso, la novela tiene un ritmo francamente estupendo, con una escritura muy fluida y agradable que hace que se lea en un suspiro.

Teniendo en cuenta que Baxter tiene ya una consolidada carrera literaria a sus espaldas y que por tanto no necesita en absoluto a Clarke para hacerse un “nombre”, el lector no puede sino preguntarse qué parte del libro corresponde a cada uno, que es lo que cada autor ha aportado a este ojo del tiempo en cuanto a ideas y narración, pero lo cierto es que es algo difícil de dilucidar, y tampoco es que revista una mayor importancia. Aunque sí se nota en la novela, y es algo a remarcar siendo quienes son sus dos autores, muy poca especulación científica, produciéndose, dentro del marcado carácter aventurero del texto, un mayor énfasis en las relaciones sociales que se crean en ese particular choque de culturas, dejando relegada la “ciencia” a un muy segundo plano.

La visión que nos muestran Clarke y Baxter es un tanto pesimista y cuando menos bastante negativa, mostrándonos a una Humanidad siempre predispuesta a la guerra, siempre buscando la supremacía de cada uno sobre los pueblos diferentes que hace que la paz sea algo prácticamente imposible de conseguir. Incluso en circunstancias tan extraordinarias el primer impulso de las élites dirigentes es la dominación de los demás. Bien es cierto que los dos pueblos que los autores han elegido para que aporten un mayor número de individuos a esta mezcolanza fueron dos pueblos conquistadores (los omito para no desvelar posibles sorpresas), con políticas expansivas bien definidas y que, en cierta forma, se encargaban de extender, difundir y unificar la cultura entre los conquistados, asimilando muchas de las costumbres ajenas en su propio acervo. Los autores ponen precisamente en la balanza esa dicotomía, sugiriendo al lector la pregunta de hasta dónde es beneficioso o negativo un imperio que una a tan distintos pueblos bajo una misma lengua y conocimientos.

El ojo del tiempo es una novela eminentemente de aventuras, pero como suele ser habitual en Clarke y Baxter, no se dejan por ello de formular ciertas cuestiones que hagan meditar al lector. Con una mirada lúcida, sin juzgar a nadie dado la abismal diferencia de parámetros, enfrentan unas épocas con otras, y no es seguro que los más modernos sean los que mejor parados salgan.

Cabe advertir, también, que esta novela es la primera entrega de lo que será al menos una trilogía, hecho que tampoco se avisa de ninguna manera ni en las solapas ni en la contraportada (una costumbre molesta que parece que desgraciadamente se va extendiendo en el mundo editorial español). Termina por ello con un final abierto, aunque podría haber acabado perfectamente así, en plan Cita con Rama, dejando en el aire muchas dudas y preguntas formuladas para que el lector les diera su propia contestación. No es el caso, así que nos mantendremos a la espera, pues seguro que a Clarke y Baxter todavía les quedan muchas sorpresas que depararnos en el futuro.

sábado, 1 de marzo de 2008

Eventos: VII Encuentros con Tolkien en Zaragoza

REcibimos el siguiente comunicado:

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Desde la delegación local zaragozana de la Sociedad Tolkien Española (Smial de Khazad-Dûm), queremos hacerles saber nuestras próximas actividades de cara al público que realizaremos en la Universidad de Zaragoza este mes de Marzo, para que le den la mayor difusión posible:

VII Encuentros con Tolkien

Martes 11 de Marzo: "LA INFLUENCIA DE LA OBRA DE TOLKIEN EN EL ROCK 1955 - 2008"

Jueves 13 de Marzo: "LOS DRAGONES EN LA OBRA DE TOLKIEN"

Ambas conferencias tendrán lugar a las 19:30 en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras.

Así mismo, el dia 25 de Marzo a las 19:00h, coincidiendo con la celebración del "Dia Mundial de Tolkien", se celebrará en la Fnac Plaza de España una charla-presentación sobre la Sociedad Tolkien Española y una introducción a las fuentes literarias que inspiraron a J.R.R. Tolkien.

Para contactar con nosotros pueden hacerlo en el siguiente número de teléfono: 627 95 33 14 (María Jesús) o vía email a través de esta misma dirección.


Muchas gracias por su atención.

María Jesús, Presidenta del Smial de Khazad-Dûm (delegación de Zaragoza de la STE).

Convocatoria: XVII Concurso de Relatos "Domingo Santos" 2008

Recibimos el siguiente comunicado:

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La Organización de la Hispacon 2008 y la AEFCFT convocan el XVII Premio Domingo Santos 2008 de relatos, que se regirá por las siguientes bases:

1. Podrán presentarse al certamen Domingo Santos todas aquellas narraciones escritas en castellano que puedan ser encuadradas dentro de los géneros de ciencia-ficción, fantasía o terror.

2. Las obras deberán ser inéditas, no estar premiadas en otros concursos ni pendientes de resolución en ningún otro certamen durante la convocatoria de este concurso.

4. La extensión de cada relato deberá encontrarse entre las 5000 y las 15.000 palabras.

5. Las obras se remitirán por CORREO ELECTRÓNICO como adjuntos en formato DOC o RTF a la dirección de correo electrónico hispacon2008@gmail.com
El asunto del mensaje deberá ser: Premio Domingo Santos 2008. En el cuerpo del mensaje se hará constar los datos personales del autor así como un seudónimo obligatorio que lo identifique. En la primera línea del documento a adjuntar irá el seudónimo y a continuación el relato a concurso. Los trabajos no remitidos de esta forma serán inmediatamente rechazados.

6. Los miembros de la Organización de la Hispacón, miembros de la Junta Directiva de la AEFCFT, así como sus familiares, no podrán presentar obras a concurso. Esta restricción se aplicará también a los miembros del jurado y a sus familiares.

7. El jurado estará compuesto por un número suficiente de personas designadas por la Organización de la Hispacón 2008 y la AEFCFT, cuyos nombres se darán a conocer en el momento del fallo. Dicho fallo se producirá durante el mes de septiembre de 2008.

8. Se establece un premio de 1000 euros, al que se aplicarán las deducciones fiscales vigentes. El premio no podrá ser declarado desierto.

9. Cualquier caso no previsto por estas bases será resuelto por el jurado y su decisión será inapelable.

10. El plazo de presentación de originales finalizará el 15 de junio de 2008.

11. A todos los relatos presentados, la AEFCFT le acusará recibo en el que se indicará el día de recepción del mismo y un número que lo identificará.

12. La Organización de la Hispacón 2008, a través de la Editorial AJEC se reserva el derecho de publicación del relato premiado, así como de los que el jurado considerase de contrastada calidad. Si en el plazo de tres meses desde la resolución del concurso la Editorial AJEC no hiciera efectivo su compromiso de publicación de dichos relatos, los derechos de los mismos quedarían en poder de los respectivos autores.

13. La presentación al concurso implica la total aceptación de las bases.

Almería, 28 de Febrero de 2008.