lunes, 31 de enero de 2011

Libros recibidos: enero 2011

Durante este mes de enero hemos recibido las siguientes novedades como servicios de prensa, cortesía de Timunmas, Minotauro y Ediciones B.
Muy pronto las correspondientes reseñas (aunque la de Nefilim ya podéis encontrarla aquí, justo en la entrada anterior a esta).

sábado, 29 de enero de 2011

Reseña: Nefilim. El beso del amanecer

Nefilim. El beso del amanecer.
 
Leah Cohn.

Reseña de: Jamie M.

Ediciones B. Barcelona, 2011. Título original: Der Kuss des Morgenlichts. Traducción: María Alonso. 356 páginas.

Después de leer Hush, hush, un libro que, a pesar de sus aciertos, prometía más que lo que luego daba, confieso que afronté la lectura de este Nefilim, una novela que a priori (más que otra cosa por el título) se podría suponer de temática aparentemente similar a aquella, con cierta reticencia. Y qué equivocado que estaba. Son dos libros como la noche y el día, totalmente opuestos en concepción y desarrollo.

Esta es la historia, contada en primera persona, de Sophie Richter, una dotada estudiante de música con un tremendo miedo escénico que la agarrota cuando debe tocar en público o afrontar sus exámenes de piano. Cuando conozca a Nathanael Gregory, un portentoso violonchelista, en el Mozarteum, el centro donde ella cursa sus estudios musicales, y sea invitada a interpretar un tema con él, su destino quedará sellado irremediablemente. Prototipo de hombre misterioso, de pasado ignoto, fascinante y atractivo, Sophie se enamora locamente de él. Pero tras un breve periodo de pasión y alegría, Nathanael desaparece dejándole a la joven un inesperado “regalo”. Durante siete años su vida continuará adelante, hasta que de repente las cosas cambien con un nuevo vuelco y los sucesos extraños irrumpan en su existencia obligándola a redefinir todos los parámetros en los que hasta el momento se desenvolvía.

Nefilim es la historia de una joven que se deja llevar por un amor irracional, un flechazo a primera vista en que se mezclan el atractivo físico y el embrujo que el virtuosismo musical del hombre causa en ella, pues realmente Sophie nunca llega a “conocer” a Nathanael más allá de su pasión por la música, no sabe nada de su pasado, de su personalidad, de su familia si es que la tiene... Una joven que posteriormente tendrá que afrontar las consecuencias de sus actos irreflexivos, viéndose de repente envuelta en un combate milenario entre seres que se odian, peón de poderes que sin duda la superan. Pero que nadie espere la aparición de ejércitos de ángeles y demonios, que nadie espere la guerra entre el Cielo y el infierno; no, esta es una historia algo más mundana, cercana, de enfrentamientos personales, individuales, de seres que viven ocultos desde el principio de los tiempos entre la Humanidad, luchando por un difícil equilibrio entre los que buscan el bienestar propio a cualquier precio y los que persiguen el bienestar de los humanos aún a costa de su propio sacrificio.

Junto a la voz narradora de Sophie, la autora intercala en el relato unos pequeños incisos en tercera persona y en cursiva siguiendo a un personaje no identificado que parece espiar los pasos de la protagonista, dándole un preciso contrapunto a los hechos y añadiendo un elemento de intriga y amenaza a la acción que a la vez sirve para clarificar algún punto de la historia. Mientras los misterios se van desvelando, la figura en las sombras mantiene la tensión con las breves pinceladas que nos ofrece la autora.

Lo primero que llama la atención en la novela, gratamente, es el cambio del escenario típico de este tipo de historias. Debido a la nacionalidad austriaca de la autora, la trama tiene lugar en Salzburgo y en la región de Hallstatt de su país. Ya solo ese detalle consigue imbuir a la narración de unos aires distintos a los acostumbrados. No hay aquí nada de los ambientes sórdidos y oscuros en los que suele moverse la fantasía urbana. De hecho la mayor parte del relato tiene lugar en un pueblecito de montaña, donde también hay sucesos luctuosos, como los asesinatos de diversos excursionistas, pero que se encuentra muy lejos de los escenarios típicos de bajos fondos, cazadores de monstruos y toda esa ralea habitual en el género paranormal. Hay un malo malísimo, eso sí, algo decimonónico, todo hay que decirlo, demasiado consciente de su papel, y que despierta en el lector numerosos sentimientos, haciéndose odioso, patético o conmovedor según el momento.

Un acierto de Cohn es que comienza la obra, de forma obvia, con la historia de amor entre Nathanael y Sophie, como una historia romántica necesaria para lo que ha de venir después, pero que pronto deja paso a la intriga, la tensión y el misterio. El giro hacia el thriller y el suspense que imprime la autora a la acción, cambiando hábilmente los parámetros del relato con ese salto temporal de siete años, es sorprendente a la vez que gratificante, ofreciendo un relato que se lee de un tirón de manera fluida.

Sophie es una mujer “normal”, no tiene poderes ni una personalidad arrebatadora, no es una experta en armamento ni en lucha cuerpo a cuerpo, sino que se trata de una mujer tímida, llena de dudas sobre sí misma, valiente a pesar de todas sus debilidades, y cuya mayor preocupación es el bienestar de su hija Aurora, una muchacha por la que sería capaz de cualquier cosa, afrontando los mayores peligros para mantenerla a salvo de un mundo hostil.
No aparecen más seres paranormales que los que ofrece el título en español (pues en el original no se los menciona en absoluto), e incluso estos quedan un tanto indefinidos, jugando con las reminiscencias bíblicas para ofrecer una historia muy lejos de connotaciones religiosas, sin profundizar realmente en el mito de los ángeles caídos, pero dando un buen uso de cierta cita del Génesis.

El estilo es sencillo y agradable, suave, sin estridencias (incluso cuando la autora describe la víctima de un asesinato lo hace sin truculencia alguna), muy adecuado para el tipo de historia que se está contando, sin presentar dificultad alguna para seguir la lectura, con una prosa directa que va desgranando los sentimientos de Sophie mientras avanza su historia consiguiendo así que el lector se introduzca en su cabeza y pensamientos haciéndola muy cercana. Esta circunstancia, sin embargo, tiene el problema de distanciarlo del resto de protagonistas, dejándolos muy desdibujados y haciendo que sus acciones a veces no sean todo lo comprensibles o coherentes como deberían, como es el caso de Nele, la mejor amiga y compañera de piso de Sophie, o incluso de Nathanael, en el que la autora no profundiza en absoluto a pesar de ser uno de los principales implicados en toda la trama.

Es cierto que realmente no hay mucha acción en el libro, no hay grandes enfrentamientos ni combates (y cuando los hay ya se ocupa la autora de sacar del foco a Sophie para no tener que reflejarlos más que como fondo), poco más que algún duelo a espada o el asalto a una vivienda. Es así un libro sencillo, ameno, pero no “trepidante”, aunque sí sabe mantener la tensión y el interés por conocer el destino de Aurora. La trama quizá sea demasiado lineal y simple, pero eso hace que las sorpresas cuando llegan sean mayores. Todo el relato se sustenta tan solo sobre seis o siete personajes, con lo que no hay lugar para dispersar la atención, centrando todo el foco en lo que realmente le interesa mostrar a la autora. No hay demasiados requiebros ni revueltas en la narración, no hay distracciones. Todo es directo y fácil de seguir.
 
Y a pesar de que la autora, según se nos dice en la solapa, ya se encuentre trabajando en una continuación, cabe decir que el libro es totalmente autoconclusivo. Es cierto que deja en el aire un epílogo que permite retomar la historia, pero Nefilim termina de una forma totalmente satisfactoria, sin dejar nada especialmente “colgado” para lo que haya de venir.

miércoles, 26 de enero de 2011

Reseña: Memorias del Hielo

Memorias del Hielo.
Malaz: el libro de los caídos 3.

Steven Erikson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Fantasía # 81. Madrid, 2010. Título original: Memories of Ice. Traducción: Marta García Martínez. 852 páginas.

Tras los sucesos de Los jardines de la luna, una importante parte del ejército malazano que se encontraba de campaña en Genabackis bajo el mando del puño supremo Dujek Unbrazo ha sido declarada en rebeldía por la emperatriz, justo a tiempo para establecer una inestable alianza con sus antiguos enemigos Caladan Brood y Anomander Rake y sus huestes, y poder enfrentarse así conjuntamente a la enorme amenaza del pujante y sanguinario Dominio Painita. Pero, como deja bien claro el prólogo de la novela, esta es una guerra que lleva en marcha más de 300.000 años, un enfrentamiento que involucra a gran cantidad de razas y dioses y cuyos ecos se trasmiten a través de las eras. Una guerra de raíces míticas en la que se verán envueltos los abrasapuentes liderados por el capitán Ganoes Paran ―quien va a descubrir que sin mediar él han cargado sobre sus hombros una pesada e inesperada misión―, junto a un buen número de tropas exóticas cuyos líderes siempre tienen un plan propio dentro de los planes generales. La acción principal de Memorias del Hielo discurre paralelamente a la de Las puertas de la Casa de la Muerte, haciendo puntuales referencias a los sucesos de aquella y desvelando algunas de las claves de hechos allí intuidos y aquí explicados.

Se agradece, y mucho, que una escritura o traducción más claras ―o el simple hecho de que el lector se vaya acostumbrando a la forma de narrar de Erikson― propicien que la fluidez del relato sea mucho mayor que en las entregas anteriores, haciendo más fácil y agradable de seguir las diferentes tramas, a pesar de todos los vericuetos en que se ven continuamente inmersas. El autor está ofreciendo con Malaz una creación monumental en la que por fin se empiezan a ver más luces que sombras, ya que aquí se aclaran ―en parte― el trasfondo, las relaciones y buena parte de la Historia detrás de la historia inmediata que se está narrando. Se empiezan a vislumbrar las razones de la enemistad de distintas razas, como las causas para la eterna guerra entre Jaghut y T’lan Imass, o las relaciones de odio entre Moranthianos y Barghastianos, el destino trágico de los Tiste Andii, la pujanza de los humanos mortales...

Se adquiere una idea mucho más clara de lo que son las sendas mágicas ―aunque su uso siga siendo bastante críptico, variando mucho de una a otra―, de la baraja de dragones y los ascendientes, de las Casas, de las deidades y sus relaciones con sus seguidores... Y por encima de todo se asiste al relato de unos enfrentamientos épicos que van a llevar al límite a los protagonistas, haciéndoles dar incluso más de lo que ellos mismos pensaban que tenían. Envuelve el autor la idea de la guerra con toda su cruel repulsión y brutalidad, sembrándola de muertes, mezclando el heroísmo y el sacrificio con la más depravada deshumanización de los que han perdido toda esperanza. El honor, el coraje y la amistad se verán duramente puestas a prueba por la ambición y la traición, forjando lazos indestructibles y muy extrañas amistades. La desesperada defensa de Capustan o el asedio de la ciudad de Coral adquieren unas dimensiones míticas, de auténtica epopeya, llenas de dramatismo y tragedia, al tiempo que no duda Erikson en rebajar en los debidos momentos la tensión con un humor muchas veces ciertamente negro, a cargo de alguno de personajes como la cabo Rapiña y Mezcla de los abrasapuentes, o del genial Kruppe y sus monólogos enrevesados, o de dos nigromantes que no se sabe demasiado bien qué pintan allí salvo para dar el toque de comedia a una situación donde parecería que no tenía cabida..

Erikson dota a la acción de una portentosa imaginería visual, poblando el relato de poderosas y llamativas imágenes, escenas de gran fuerza descriptiva, viscerales o poéticas según requiera la ocasión. El desafío del autor es enorme, cubriendo su historia de tantas capas como las que se ocultan unos «aliados» a otros, abriendo multitud de líneas sin perder ninguna de vista, mostrando el coste de la pérdida y de la redención, de un simple gesto de generosidad que puede cambiar el curso de la Historia, el precio del amor y del sacrificio desinteresado, la compasión, el cansancio que causan la política y los combates en las gentes honradas, el horror de los fanatismos y a los abismos morales a los que pueden condenar a las personas, la barbarie que despiertan, la crueldad de quienes solo ven en los demás juguetes para jugar con ellos a su placer, los extremos a los que puede llevar la tiranía sin cortapisas, todopoderosa, el valor de la auténtica amistad entregada sin esperar nada a cambio y del de una simple palabra de aprecio, del coraje, el honor, la lealtad, la traición..., creando para ello un mundo plagado de detalles, de ruinas de civilizaciones antiguas, de historias olvidadas, de ciudades arrasadas y de enemistades cuya razón se esconde en la antigüedad de los anales de ciertas razas inmortales.

Reaparecen viejos conocidos, como una «renacida» Velajada ―y no viene sola―, Whiskeyjack, Kruppe, Ben el Rápido y otros tantos personajes de Los jardines de la luna, junto con otros que aparecen por primera vez y adquieren un singular protanismo, como los miembros de las Espadas Grises, unos «mercenarios» muy especiales, consagrados al dios Fener, con Brukhalian a la cabeza e Itkovian a su lado, o el capitán de caravanas Rezongo destinado a cumplir un papel que nunca ha deseado ni pedido, juguete de los poderes ascendentes de un nuevo dios renacido. Y Korlat, y Zorraplateada, y Kallor, y Coll y Murillio, viejos conocidos de Darujhistan, y los abrasapuentes, cada cual con sus propias peculariedades, y Toc el Joven, y Lady Envidia y un lobo y un perro enormes, y el sirviente Emancipor Reese, y los Irregulares de Mott, y Arpía y sus grandes cuervos, y... tantos que es sorprendente cómo el autor los mantiene a todos en movimiento sin que ninguno «tropiece» y se caiga de la escena.

Y entre tantos detalles, personajes que entran y salen continuamente, datos que se ofrecen en medio de una conversación aparentemente trivial... el lector no puede, o no debe, distraerse en ningún momento. Hay que estar atento a todo lo que sucede. No es éste un libro para leer «a ratos perdidos», sino que requiere un esfuerzo continuado, una tranquilidad que permita sumergirse en la lectura con calma y la atención dispuesta para no perderse nada. Las 850 páginas de apretada y pequeña letra requieren del lector un esfuerzo extra de concentración para no perder el hilo ni olvidar el quién es quién imprescindible para seguir la acción. Cabe decir que Erikson hace un fabuloso trabajo para dotar a cada protagonista de su propia personalidad y rasgos distintivos como para que no resulten en ningún momento confusos entre sí, pero su gran número y la dispersión a la que se ven abocados hace de su atento seguimiento una cuestión de vital importancia.

Responde, por fin, a muchas de las cuestiones que quedaban en el aire en los dos anteriores volúmenes, retomando muchos hilos del primero. Por fin, desde que empezara la serie, el lector obtiene aquí más respuestas que preguntas y aparece una visión mucho más diáfana del mundo en que se desenvuelve toda la acción, del trasfondo, de la estructura general de la serie y de las causas que han llevado al actual estado de las cosas. Cabe decir. además, que a pesar de formar parte de una serie, el libro se sostiene por sí solo; aunque sea imprescindible haber leído Los jardines de la luna para captar todos los detalles y requiebros, lo cierto es que Memorias del Hielo tiene una estructura formal de presentación, nudo y desenlace, con un final cerrado a pesar de anunciar futuras aventuras ―y hay que recordar que quedan siete libros todavía―.

Y sí, tiene por supuesto sus defectos. Hay personajes, como Bauchelain y su compañero Korbal Espita, muy interesantes, cierto, pero que apenas aportan realmente nada a la trama general de «esta» novela, más allá de su aporte como desahogo cómico de las tensas situaciones en que constantemente se encuentra la historia; o el guía de caravanas Buke, cuya presencia parece responder tan solo a marcar el territorio a tan peculiares hechiceros. Es de suponer que, como sucediera con personajes secundarios de la primera novela que aquí se destapan, estén destinados tener un mayor protagonismo en futuras entregas ―de hecho los dos nigromantes tienen cuatro novelas cortas independientes ya publicadas― y no es que sobren en absoluto, pero en este contexto quizá solo sirven como distracción de la línea principal y para aumentar el número de páginas de un libro que ya de por si habría sido voluminoso sin estos «añadidos». Una sensación que crece con detalles como los recursivos sueños de la mhybe, que por insistentes terminan siendo cansinos y no hubiera sido necesario que fuesen tan machaconamente repetitivos para concienciar al lector de su importancia ―parece que en este tema Erikson tema que al lector se le «escape» la importancia de su mensaje, así que se dedica a dejarlo más que claro llamando una y otra vez la atención sobre el mismo―. Y, sin embargo, a la pregunta de si sobrarían páginas la respuesta no puede ser sino negativa. Quizá no aporten respuestas, pero son un gozo de leer.

Sin embargo, quizá el elemento más desconcertante de Memorias del Hielo sea la progresiva «dragonbalización» de las tramas, donde a un personaje poderoso debe responder con la presencia de otro que lo es todavía más, a un mago otro superior, a una raza inmortal otra más siniestra e invencible, a un demonio un monstruo más cruel... rebajando mucho la emoción y distanciando al lector de unos protagonistas tan lejanos de él que hace muy difícil empatizar con ellos.

Y sobre todo ―y esto es una fobia personal mía― chirría la presencia de un tatuaje de una «rana de San Antonio» en un mundo donde veo difícil que haya hecho irrupción nuestro propio santoral. Detalles nimios, y otros como el baile de alguna letra o unos pocos errores tipográficos, que no deben desmerecer no obstante en absoluto un libro impresionante y de tal volumen que es prácticamente imposible que no se escape algún gazapo.

Erikson sale triunfante de la titánica tarea de mantener en marcha semejante cantidad de líneas y personajes, sin dejarse ninguna atrás, manteniendo el interés en todas ellas y llevándolas a su conjunción de una forma asombrosa; y aún se atreve a cerrarlo todo con un maravilloso epílogo que muestra que la historia de proporciones homéricas que se nos está narrando es mucho más que las partes individuales mostradas en cada libro, que todo esta relacionado y que los anales épicos del imperio de Malaz y del mundo en que se extiende tienen mucho todavía que decirnos. Tal vez no alcance del todo la altura épica de la cadena de perros, pero cuando el lector cierra Memorias del Hielo, cuando el drama ha terminado por esta ocasión, le queda meridianamente claro el porqué la serie se llama “El libro de los caídos”... Y es que alguien tiene que llevar la cuenta.

==

Reseña de otras obras del autor:


Los jardines de la luna. Malaz: el libro de los caídos 1.

Las puertas de la Casa de la Muerte. Malaz: el libro de los caídos 2.



domingo, 23 de enero de 2011

Reseña: Ángeles extraños

Ángeles extraños.

Lili St. Crow.

Reseña de: Jamie M.

Versátil ediciones. Col. Versátil Juvenil. Barcelona, 2010. Título original: Strange Angels. Traducción: Patricia Sánchez Maneiro. 317 páginas.

En un mundo que bebe mucho de las primeras temporadas de la serie de TV Sobrenatural, Dru Anderson es una chica de 16 años acostumbrada a cambiar continuamente de ciudad dada la peculiar ocupación de su padre: cazador de criaturas sobrenaturales, desde poltergeist a cucarachas gigantes, pasando por todo tipo de espectros y sin olvidarse, cómo no, de vampiros y licántropos. Dru es plenamente consciente de la existencia del Mundo Real superpuesto al mundo normal. Es ese un mundo donde la magia existe, donde los chupasangre, los zombies, los hombres lobo y otras tantas criaturas sobrenaturales pululan frente a la vida «despreocupada» del común de los mortales. Y a pesar de todo lo que ha tenido que vivir ya, a todo lo que se ha enfrentado ayudando en diversas misiones a su progenitor gracias a su especial habilidad para detectar las situaciones y seres paranormales, tal vez no se encuentre en absoluto preparada para lo que se le viene encima. Cuando su padre no le permita acompañarle en su última salida nocturna y no haya vuelto a la mañana siguiente empezará a temerse lo peor. E incluso eso sería quedarse corta.

Con una narración llena de tensión, Ángeles extraños es la historia de una joven que debe enfrentarse a una situación límite sin dejarse vencer por las adversidades. Para ello contará con la ayuda de un ambivalente Chico Gótico, Graves, alto, delgado y desgarbado, que sin saber nada del mundo en el que se mueve Dru se verá envuelto en todo el lío sin echarse atrás a pesar de las revelaciones a las que tendrá que enfrentarse, convirtiéndose de alguna manera en la voz de la razón, en el freno a la impulsividad de Dru, a pesar de que toda la situación le supera.

Perseguidos y acosados, sin aliados a la vista y sin adultos en los que apoyarse, tendrán que descubrir lo sucedido al padre de la joven, investigar las pistas que el mismo estaba siguiendo y resolver su futuro mientras tratan por todos los medios de permanecer con vida. Poco a poco se irá desvelando la peculiar herencia de Dru por línea materna, irán creciendo sus habilidades innatas y saldrán a la luz partes de su pasado que permanecían en la oscuridad.

Sin apenas respiro, en medio de un tiempo atmosférico gélido, en una pequeña ciudad de las Dakotas inmersa en uno de los peores temporales de su historia, la acción avanza a ritmo constante entre enfrentamientos, luchas y huidas desesperadas. Dru necesita encajar todas las piezas, pero no es una tarea en absoluto fácil y va a encontrar muchos obstáculos en su camino.

Con una personalidad decidida, fuerte, dura, se podría decir que “cabezota” y con una amplia preparación en el manejo de armas, sigue necesitada de cariño a pesar de su aparente independencia y desconfianza hacia todo la que lo rodea; la joven hará frente a todo lo que se le ponga por delante sin desfallecer, aunque teniendo que superar muchas dudas internas, lo que consigue hacerla más humana si cabe.

Entre la desesperación de los sentimientos en que se encierra Dru ante lo sucedido a su padre y el dolor continuo en que se ha convertido su vida, Graves le da el contrapunto adecuado: un chico mestizo que utiliza su apariencia como medio de defensa ante el resto del mundo, introvertido y simpático, consigue levantar el relato en las ocasiones en que hace falta una salida más amable que la habitual respuesta armada de los cazadores de monstruos a la que está acostumbrada Dru. El muchacho, desgarbado y con poco éxito social, se convertirá en un apoyo vital para afrontar lo que se le viene encima a la joven.

Y entonces hace acto de presencia el enigmático Christophe, que da una nueva vuelta de tuerca a la trama, lanzándola en una nueva dirección (o imprimiendo una nueva marcha a la ya emprendida) cuando parecía avocada a un callejón sin salida. El misterioso joven parece poseer muchas de las claves de la existencia, pasada y presente, de Dru, y conocer demasiados de sus secretos, incluso aquellos que ella misma desconoce..., pero ¿se trata de un amigo o un enemigo? ¿Puede confiar en él sin saber cuáles son sus intenciones? ¿Puede dejarse guiar por un personaje que hace más bien poco para ganarse su confianza y que parece guardar demasiados ases en la manga? Sin apenas tiempo para la reflexión, en medio de la amenaza en la que están envueltos, la joven deberá fiarse de sus propios instintos para enfilar el camino correcto, a riesgo de tomar las decisiones equivocadas.

Sin embargo, tanta acción termina por enmascarar de alguna forma el trasfondo del mundo de Dru, que se desdibuja a pesar de los buenos esbozos que presentaba: la existencia de su abuela, una especie de bruja de los Apalaches y cuya alma parece residir en un búho que aparece ante la joven cuando va a ocurrir algún suceso dramático, todo el pasado de su padre, las referencias veladas a otras misiones (muy en plan Sobrenatural o Buffy), lo sucedido a su madre, la red de cazadores, los lugares de encuentro de esos buscadores de lo paranormal, la amplia panoplia de seres, la vida errante, la asistencia al instituto... quedan todas en un segundo plano algo insatisfactorio por el deseo que crea en el lector de saber más sobre todo ello (y mucho me temo que la dirección que se intuye al final del libro para la próxima entrega hace sospechar que no se va a profundizar precisamente en ello).

Ángeles extraños es una novela, por lenguaje y referencias (por ejemplo, las continuas alusiones al sexo por parte de Graves, algo inocentes e ingenuas por otra parte), destinada a jóvenes adultos, a aquellos ya bien adentrados o ya casi saliendo de la adolescencia. Las prosa sencilla dota a la lectura de un ritmo rápido, agradable y sin complicaciones. Al final es cierto que no hay un auténtico remate a la trama, una conclusión cerrada a todo lo relatado, sino que en el momento del supuesto clímax la resolución queda en el aire, pospuesta para una mejor ocasión. Es quizá esa frustración final lo peor de un entretenido y bien construido libro. Veremos cómo evoluciona la historia en las siguientes entregas.

jueves, 20 de enero de 2011

Reseña. The Sandman, el libro de los sueños

The Sandman, el libro de los sueños.

Varios autores.

Editado por Neil Gaiman y Ed Kramer.

Reseña de: Alb Oliver.

Norma Editorial. Colección Brainstorming. Barcelona, 1999. Título original: The Sandman. Book of Dreams. Traducción: María Ferrer. 304 páginas.

Fantástico complemento para todos aquellos que se hicieran con la colección de cómics The Sandman, de Neil Gaiman (en cualquiera de sus múltiples ediciones). Editado por Gaiman y Ed Kramer, The Sandman, el libro de los sueños, es una antología de cuentos de distintos autores, entre los que se encuentran Clive Barker, Gene Wolfe, Bárbara Hambly, con un epílogo de la compositora Tori Amos, inspirados en el mundo onírico de Lord Morpheus.

La versión de Sandman creada por Neil Gaiman, es un remake del personaje homónimo de DC cómics de los años setenta, Wesley Dodds, que se convertía en un justiciero que ocultaba su identidad con una máscara de gas, e iba armado con una pistola cargada con somníferos dejando un puñado de arena al lado de los criminales que atrapaba como seña de identidad. Éste a su vez, viene inspirado por la figura de Sandman, (el arenero) un ser de la cultura anglosajona que hace dormir a los niños echándoles un poco de arena en los ojos y les proporciona dulces sueños. Para su obra, Gaiman decidió cambiar totalmente el concepto del personaje, pero los relacionó sugiriendo que Wesley Dodds tuvo la inspiración para su identidad heroica en un sueño en el que vislumbró al personaje creado por Gaiman.

Siendo conocida la fascinación que tiene Neil Gaiman por las deidades, creó un universo en el que los Eternos, son parte esencial en el funcionamiento del universo, así pues, Sandman (llamado Sueño) tiene varios hermanos: Deseo, Destino, Destrucción, Desespero, Delirio, y la hermana pequeña, Muerte. Considerado cómic para adultos, y ganador de varios premios, Gaiman cuenta historias sorprendentes, jugando con el mundo de los sueños, el infierno, conspiraciones entre los eternos, y cómo no, con nosotros, los soñadores, alejándose del mundo superheroico de DC cómics.

Con esto, pasemos al libro, que consta de dieciocho cuentos cortos en los que podemos encontrar a personajes que aparecieron en la obra original, como en el titulado Cosas viscosas, en el que toman protagonismo Lucién, el bibliotecario de los sueños, Caín y Abel, en una divertido historia en la que el castillo de los sueños es invadido por una sustancia extraña, y el séquito de Sueño debe reparar lo ocurrido, o Wanda, del arco País de sueños, apareciendo como secundaria en Una pizca de más eternidad, en la que visita a un amigo moribundo en el hospital mientras éste sueña.

Me dejó muy buen sabor de boca cuando lo leí, pues cada autor transmite las mismas sensaciones que tuve cuando leí los cómics de Gaiman, mezclando lo fantástico con lo onírico, y reconociendo fácilmente a los personajes que leí en su día. Algunas historias juegan directamente introduciéndose en la cronología del cómic, pudiendo encontrar la historia Chain home, baja frecuencia como una narración de hechos que Gaiman nombra en su obra, pero de los que no da detalle.

Realmente parece fácil jugar con personajes que ya existen, pero encuentro bastante mérito en que al leerlo no notes ninguna diferencia y puedas pensar que todo el libro ha sido escrito por el autor que conoces. La otra cosa que me ha gustado ha sido la diversidad. Unas historias son narradas en nuestra vida cotidiana, con gente afectada por sus sueños, mientras otras ocurren en el reino de Morfeo, cambiando completamente la tónica de un relato con el siguiente.

Ejemplo de esto, puede ser el cuento Más fuerte que el deseo, en el que Deseo, cuya personalidad le lleva a jugar con humanos, es derrotada en una apuesta con uno de ellos. Otro relato muy original, nos lleva a recuperar a un personaje bastante conocido, Little Nemo, y nos narra una nueva aventura del niño en el país de los sueños embaucado nuevamente por Deseo.

Lo que resulta atractivo del personaje y su mundo, puede ser que de un arco argumental a otro, todo es muy diferente. De una historia oscura y tétrica, podemos pasar a otra completamente tierna, y llena de luz y colorido, aunque en cualquier momento las cosas pueden cambiar de forma radical.

El libro son dieciocho relatos, algunos más interesantes que otros, pero a mí personalmente no me ha parecido que ninguno de ellos baje el nivel de lo que se puede esperar, y casi todos tienen algún punto que los hace interesantes

==

Reseña de otras obras de Neil Gaiman:


Los hijos de Anansi.

Coraline.

El libro del cementerio.

El cementerio sin lápidas y otras historias negras.


lunes, 17 de enero de 2011

Reseña: Dos Coronas

Dos coronas.

Susana Eevee.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Grupo Ajec. Col. Excálibur. Granada, 2010. 404 páginas.

Una península dividida, más bien fragmentada, en dos reinos enfrentados irreconciliablemente: Dos Coronas, la blanca de Aldaria y la negra de Erigia. Dos naciones enfrentadas desde tiempos inmemoriales por causas ya olvidadas: el rico y campesino Sur y el brutal y minero Norte, aparentemente, refinamiento contra vulgaridad, ¿o tal vez no? Una cordillera que marca la frontera y un anciano matrimonio aldario que vive en sus laderas, Max Fiendeus y Magda, que recuperan a su nieto en la figura de un amnésico —respecto a su infancia— incursor norteño con un ojo de cada color: Soota/Doogan; pero tan solo para verlo volver con sus gentes adoptivas en pos de ciertas obligaciones imperativas. Y a partir de ese encuentro luchas, magia, batallas, muertes sangrientas, amor y violencia, y el destino de las dos Coronas en manos de un príncipe que busca su identidad en circunstancias adversas.

A pesar de que el leiv motiv de la novela sea evidentemente la inminente guerra entre las dos naciones, el tema principal es la historia de la búsqueda de identidad de Soota/Doogan, rota en una dualidad de lealtades enfrentadas. Y es que si algo llama la atención de la novela es, sin duda, el protagonista. Un hombre que descubre que ha estado viviendo una mentira y que va a intentar encontrar la verdad que se encuentra bajo su explosiva personalidad. Criado en la dureza del Norte, acostumbrado a su papel de ejecutor y asesino a las órdenes de su rey, desea hacer aflorar la bondad y la grandeza que se le suponen, pero junto a actos de indudable heroísmo va a cometer otros tan atroces que inevitablemente van a ganarse la reprobación de los lectores. Soota/Doogan es un personaje gris, muy gris. Educado para un papel sanguinario dentro de la nobleza erigia, se siente en cierta forma perdido cuando tiene que enfrentar su auténtica herencia. No puede evitar seguir sus instintos y estos son francamente oscuros; no puede librarse así como así de todo lo que ha vivido y aprendido en Erigia para convertirse de repente en aldario, con lo que en muchas ocasiones tendrá que refrenar su naturaleza violenta y reprimir sus deseos, sin conseguirlo siempre. Soota es, irónicamente, un hombre de Honor, pero la retorcida ética erigia le hace poner la violencia por encima de todo lo demás; cuando trate de dar un giro hacia un Honor más caballeroso se encontrará en la tesitura de fragmentar aún más su frágil personalidad en vez de restaurarla. La necesidad de llevar a cabo una traición hacia los que hasta ese momento ha considerado sus compatriotas choca con los ideales marciales y de la camaradería compartida del ambiente soldadesco. Acostumbrado a vivir sin remordimientos, sin conciencia moral de sus crímenes y desmanes ya que para él no eran tales, conforme recupere vislumbres de sus recuerdos infantiles la armadura interior que se ha creado irá resquebrajándose, permitiendo entrar un dolor insospechado que le hace más irascible si cabe. Es muy difícil para él reconciliar lo que ha sido durante los últimos años con lo que él entiende que se espera de su parte de ahora en adelante. Así el conflicto bélico en que se ven envueltas los dos reinos tiene un irónico reflejo en el conflicto interior del protagonista. ¿Pueden ser reconciliables ambas posturas?

La autora plantea la historia, a pesar de la aparición de Tasurgo, un hechicero de inmensos poderes mágicos al servicio del rey erigio, aunque con «agenda propia», de una forma enormemente realista, plasmando la guerra con toda su crudeza y a los protagonistas con todos sus defectos. No ahorra la autora ni ningún detalle escabroso, ni muertes, ni traiciones, ni violaciones, ni felonías varias. No imbuye ningún tipo de romanticismo en las batallas y enfrentamientos, solo ambición, dolor, vísceras y el alivio posterior al sobrevivir al combate. Una guerra que refleja a la perfección el combate interior del protagonista y que de alguna manera personifican a la perfección los portadores de ambas coronas, blanca y negra, dando un nuevo sentido a la frase de que las apariencias engañan. No existe en ellos, ni en la narración, un esperable maniqueísmo, no hay uno totalmente bueno y otro totalmente malo, sino que ambos —uno más que el otro, hay que reconocer— son capaces de lo mejor y lo peor. Es una pena no obstante que los dos únicos personajes femeninos de cierto peso en la novela, Emet y Río, se antojen tan desaprovechados, necesarios para la tensión dramática, sí, pero faltos de un auténtico protagonismo.

Como primera novela de la autora, se advierten sin embargo algunos defectos en su prosa y en la trama fácilmente perdonables, pero que podrían haber sido subsanados con alguna pequeña corrección. Sobre todo al principio de la novela, la misma se nota algo titubeante, inmadura. Junto a párrafos de gran belleza descriptiva se encuentran otros de cierta aridez, fallando en el engarce de las escenas o en el fluir de la acción, cambiando además en alguna ocasión del sujeto foco de la narración en un mismo párrafo fomentando cierta confusión. A lo largo de la novela, hay reacciones de ciertos personajes difícilmente verosímiles, y algunas situaciones y acciones resultan excesivamente forzadas o tiernamente ingenuas —como la política de ascensos del ejército erigio, sobre todo viniendo de mano del propio rey, o el hecho de dejar abandonado un cadáver cubierto de ramas en un bosque e ir a buscarlo días después sin que haya sido devorado por los animales...—, tensando en demasía la incredulidad del lector, aunque siempre se puedan achacar al carácter fantástico del mundo creado: otro mundo, otras reglas. El ritmo se demora en ocasiones, la autora se gusta de dar vueltas sobre ciertos temas y lugares, incidiendo sobre ciertos detalles que adornan pero también alargan la narración. Conforme avanza la trama y se acerca la inevitable guerra que busca unificar las dos coronas, Eevee se va haciendo con las riendas del relato con una prosa mucho más firme al tiempo que agradable, y el relato fluye con mayor decisión.

A partir de ahí, la escritura concisa y directa se hace prominente en la narración, con escenas no demasiado largas —más bien al contrario— y diálogos bien enlazados; dejando, eso sí, poco espacio para las descripciones, sobre todo de los combates y batallas, aunque destacando en las de los diferentes tiempos atmosféricos que sufren los protagonistas y de los paisajes por los que pululan. El recurso de utilizar «saltos temporales» que adelantan escenas sobre el hilo general, producen sorpresa en un principio, desconcertando al lector y dejándole preguntándose, de entrada, cómo puede estar un personaje en un sitio cuando acaba de dejarlo en otro. Sinceramente, es un recurso rompedor, pero que no termina de cuajar. Unido a un irregular uso de los tiempos transcurridos o invertidos en realizar los diferentes viajes, que tan pronto se alargan como se acortan, y que hace que las distancias no estén nunca demasiado claras —a pesar del mapa que abre el volumen—, se podría decir que se trata del principal defecto de la novela; falla el uso de la elipsis como medio de hacer más ágil la narración, pues siembra confusión.

Salvado sin embargo el escollo, con mano y escritura mucho más firmes, es al final, cuando todo parece predestinado, cuando la tragedia golpea de verdad y Eevee demuestra que es muy capaz de sorprender con una conclusión que, aún dejando el futuro en el aire, cierra de forma inesperada la aventura con una coherencia terrible —y que sin embargo era de esperar— para resolver la dicotomía Soota/Doogan - Aldaria/Erigia de una forma que a posteriori se antoja inevitable. El paralelismo entre conflicto exterior e interior adquiere un nuevo significado y permite cerrar el libro con la satisfacción de no haber leído “lo de siempre”. Dos coronas es un buen debut novelístico para la autora que esperemos se afiance y confirme en futuras obras.