lunes, 9 de diciembre de 2013

Reseña: Wild Cars IV. El viaje de los ases

Wild Cards IV. El viaje de los ases.

Ed. George R.R. Martin.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Timun mas. Barcelona, 2013. Titulo original: Wild Cards IV. Aces Abroad. Traducción: Rosario Solares Heredia / María Vinos. 525 páginas.

Timun mas ha apostado fuerte por esta serie y en apenas un año, con una rapidez de publicación encomiable, ha alcanzado ya la cuarta entrega para disfrute de sus seguidores. Con las bases ya establecidas, con los parámetros de la aventura ya presentados y con muchos de los protagonistas ya conocidos, situando la acción en 1987, tras los disturbios del Día Wild Card narrados en el anterior volumen, en esta ocasión una delegación de políticos, periodistas, nats y afectados por el virus alienígena, tanto ases como jokers ―aunque el título del libro sólo haga referencia a los primeros― van a embarcarse en una gira mundial patrocinada por las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud. A bordo de un avión 747 especialmente fletado para la ocasión y bautizado como el «Carta Marcada» por la prensa, personajes recurrentes como Tachyon, Peregrine, Golden Boy, Hiram Worchester, al padre Calamar, Troll o el senador Greg Hartman ―también conocido como el Titiritero― junto a otros de nuevo cuño recorrerán diversos países para observar los efectos que ha tenido entre su población el wild card, interesándose por las condiciones de vida de los afectados en cada uno de ellos, con diversos resultados y muchas aventuras por el camino.

La acción se aleja así del habitual escenario de Nueva York para ofrecer un extenso periplo alrededor del mundo, ampliando el foco a nuevos escenarios, culturas y realidades sociales y religiosas. Empieza por el Caribe, en Haití, sigue por Guatemala y Argentina, Sudáfrica, Egipto, Siria o Israel, la India, Japón, Australia y «termina» en Europa, con escalas en Checoslovaquia, Alemania, Francia e Inglaterra entre otros destinos destacables. La estructura del volumen, al estilo de la segunda entrega, vuelve a potenciar una narración más «fragmentada», con episodios más o menos independientes en cada escala y un tenue hilo conductor que no termina de cohesionar el conjunto, pero sí crea un interesante trasfondo. Como consecuencia, además de ciertos jokers y ases nuevos que irán apareciendo en cada escala, varios de los componentes de la propia delegación entrarán o saldrán de la misma conforme su «protagonismo» lo requiera ―resultado, sin duda, de que cada autor se preocupa de sus propias creaciones e intenta «jugar» lo mínimo posible con el destino de las de los demás escritores―.

La delegación es un grupo de lo más heterogéneo, y es inevitable que surjan roces tanto entre algunos de sus integrantes como con algunos de los personajes que van a encontrarse en alguna de sus escalas ―como pueda ser el recibimiento de Golden Boy en Argentina tras su actuación de la primera entrega―. La estructura de relatos que se continúan cronológicamente hace de la «novela» una obra enormemente coral en la que resulta difícil resaltar unos protagonistas sobre otros, pero el protagonismo principal, aunque sea en la sombra para el resto de «actores», recae sobre el senador Hartman, quien aprovecha el viaje para extender su red de influencia política por medio del Titiritero, con quien mantiene un difícil equilibrio emocional, una bipolaridad que matiza su ambición y motivaciones. Y junto a él, la evolución de Tachyon sigue su camino, mostrando cada vez una personalidad más acentuada y no del todo agradable, mientras se desvelan algunos pasajes de su pasado. Y, por fin, personajes como Peregrine o Chrysalis obtienen la atención y el protagonismo que sus figuras venían demandando tras la brevedad de sus apariciones anteriores.

En lo meramente genérico, sin abandonar en momento alguno la temática de los superpoderes, al abandonar la acción, sobre todo en los dos primeros tercios del volumen, el escenario más urbano y el toque alienígena-espacial de las anteriores entregas, El viaje de los ases cae más de lleno en la fantasía contemporánea alejándose de la ciencia ficción que impregnaba hasta el momento la serie. Sin embargo, la gira es la excusa perfecta para ofrecer un abanico de historias de la más amplia ambientación y orientación.

Dentro de la decidida apuesta por la aventura que permiten los efectos del virus en gran parte de los implicados, los lectores se van a encontrar con mucha política y diplomacia y buenas dosis de contenido «religioso». Hasta el punto que, de alguna manera, se antoja que los autores involucrados terminan «saturando» un tanto las historias con elemento mítico-religioso-legendarios, cargando las tintas sobre las «encarnaciones» de los dioses de los más diversos panteones alrededor del mundo ―aztecas, incas, egipcios, hindúes, aborígenes australianos…― o de las implicaciones de las grandes religiones monoteistas en las sociedades en que se desarrollan, haciendo además hincapié sin dudarlo sobre los estereotipos locales de cada país que se visita, mientras se da un profundo repaso a la situación geo-política del orbe en 1988. El vudú en Haití, los indígenas oprimidos o el tráfico de drogas en Sudamérica, el apartheid sudafricano, la radicalidad religiosa en Oriente Próximo, el problema palestino, los maltratados aborígenes australianos, la yakuza japonesa, el terrorismo radical alemán, los coletazos de la Guerra Fría...

La antología sigue, como ya se ha comentado, una estructura muy similar a la de la segunda entrega, con una serie de cuentos cronológicamente consecutivos con un hilo conductor, en este caso dos, intercalado entre ellos: El diario de Xavier Desmond, la aportación al volumen del propio George R.R. Martin, dando cuenta de forma más breve de un buen número de escalas; y Los matices del odio, de Steven Leigh ―aunque en la edición española se encuentra adjudicado a Lewis Shiner―, que se irá desarrollando más o menos hasta la mitad del volumen, produciendo una sensación de anticipación ante el enfrentamiento que se intuye inevitable conforme la delegación se va acercando a su escala en Siria y su conflicto religioso. En el prólogo de esta segunda línea se introduce a Sara Morgenstern, una periodista de The Washington Post con intensas motivaciones personales, relacionadas con los tejemanejes de Hartman y su «pasajero interior», para unirse a la gira; y un poco más adelante, como elemento fundamental, irán cobrando gran importancia el fanático fundamentalista árabe Nur al-Allah y su hermana Misha.

Tras las «introducciones» a ambas, el volumen se abre con Bestias de carga, de John J. Miller, donde el lector asiste a la visita de la expedición al Haití del presidente vitalicio Jean-Claude Duvalier, Baby Doc, y sus Tonton Macutes, y donde Chrysalis se enfrentará a ciertas «costumbres» locales con las que no puede estar más en desacuerdo. Se presenta el personaje de Ti Malice, muy relacionado con el mundillo del vudú, quien sin duda guarda grandes sorpresas para el futuro. En Derechos de sangre, de Leanne C. Harper, el grupo hace escala en Guatemala, donde Ixbalanqué y Hunahpú, los «Héroes Gemelos», lideran un levantamiento indígena ante las injusticias que sufre su pueblo, aunque no se pueden ver libres de la influencia de ciertos revolucionarios políticamente concienciados. Con todo y verrugas, de Kevin Andrew Murphy, hace recalar la expedición en Perú, donde un par de componentes del grupo se verán inmersos en turbios asuntos de contrabando. Tras visitar otros países, Junto al Nilo, de Gail Gerstner-Miller, sitúa la acción en Egipto, donde Peregrine va a recibir una noticia inesperada, y se presentan a «los dioses vivientes» que ofrecen ciertas profecías que habrá que esperar a más adelante, en el libro y en la serie, para ver si tienen lugar.

A esta altura del volumen finaliza de forma explosiva Los matices del odio, con la expedición llegando a Siria y enfrentándose a ciertos violentos problemas no del todo inesperados, pero resueltos de forma sorpresiva. El viaje prosigue y La Lágrima de la India, de Walton Simons, recupera a cierto simio gigante al que en esta ocasión una productora de cine quiere utilizar como publicidad para rodar una película, aunque las cosas no salgan como esperan. En El tiempo del sueño, de Edward Bryant, el lector se encuentra de nuevo con Cordelia Chaisson, visitando en esta ocasión Australia, aunque a título personal y al margen de la expedición con la que sólo tiene un breve encuentro, y donde conocerá al chamán aborigen Wyungare, quien la ayudará a salir de forma un tanto onírica de cierto lío en el que se ha metido. Hora cero, de Lewis Shiner, toma tierra en Japón donde Peregrine va a encontrar a un viejo conocido que seguramente no deseaba ser encontrado pero al que debe hacer partícipe de la noticia que había recibido anteriormente, y Hiram tendrá ciertos problemas con la yakuza.

A continuación, el periplo se desplaza a Europa, y En Praga siempre es primavera, de Carrie Vaughn, muestra como tras el telón de acero todo son recelos hacia la expedición; algo que podría tener fundamento cuando, en medio de un ambiente clandestino y revolucionario, una chica con ciertos problemas familiares tendrá que lidiar con el alcance del odio hacia los jokers. Marionetas, de Victor Milán, desplaza la acción a Alemania, con la reaparición del violento joker conocido como Gimli al lado de extraños aliados, y donde Greg Hartmann caerá en las redes de cierta célula terrorista no demasiado bien avenida. Espejos del alma, de Melinda Snodgrass, verá como, tras diversas vicisitudes, se establece cierta entente entre Jack Braun y Tachyon, mientras el pasado de este último sale a su encuentro en París, haciéndole de alguna manera enfrentarse a sus antiguos actos. En Leyendas, de Michael Cassutt, un agente ruso deberá viajar a Londres, última escala de la gira, para contactar con un agente «durmiente». planteando interesantes semillas que muy posiblemente germinen en futuras entregas.

Intercalados entre todos estos relatos, los extractos del Diario de Xavier Desmond han ido dando cuenta de otras escalas, otras situaciones peliagudas y otras tesituras personales igualmente importantes, que complementan a la perfección al resto de relatos, matizando y dando profundidad a todo lo narrado. Cierra el volumen una breve nota Del The New York Times con una luctuosa noticia.

El «universo» Wild Card sigue así creciendo tanto en elenco de personajes como en amplitud geográfica, al tiempo que los autores potencian todo el juego ucrónico, mostrando una situación socio-política mundial que diverge en abundantes e imaginativas maneras de nuestra realidad histórica. Además, varios de los relatos, a cambio de cierta sensación de falta de cierre, dejan importantes flecos sueltos o presentan situaciones finales que prometen tener mucha importancia en futuras entregas. Habrá que esperar para verlas...

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Reseña de otras entregas de la serie:

    Wild Cards I. Ed. George R.R. Martin.
    Wild Cards II. Ases en lo alto. Ed. George R.R. Martin.
    Wild Cards III. Jokers salvajes. Ed. George R.R. Martin. 

Reseña de otras obras de George R.R. Martin:

    Los viajes de Tuf. 
    Danza de dragones. Canción de Hielo y Fuego 5. 
    Luz de estrellas lejanas. 
 
Con Lisa Tuttle: