miércoles, 2 de julio de 2014

Reseña: Delirios de grandeza

Delirios de grandeza.
(Cybersiones /2).

Santiago García Albás.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Sportula. Gijón, 2014. Edición digital (epub). 89 páginas.

Aprovechando una vez más la versatilidad del formato electrónico, la editorial Sportula ofrece a sus lectores esta novela corta, segunda entrega de la «serie» Cybersiones, tras El rey Lansquenette. Segunda entrega aunque su escritura en realidad sea cronológicamente anterior, en unos cuantos años, a la primera. Y es que Delirios de grandeza fue merecedora del Segundo Premio Alberto Magno del año 2007. Una cuestión, la del momento de su escritura, que en realidad poco importa viendo la calidad de ambas obras. El lector va a encontrarse aquí con un nuevo relato de un futuro más o menos cercano ―emparentado «intelectual» pero no físicamente con el descrito en la anterior― donde la tecnología, con un uso bienintencionado de inicio, pero perverso en sus consecuencias, sirve para enmascarar todas las miserias de la cotidianidad de un mundo en las últimas. Un futuro terrible por su cercanía y por la plausibilidad de unos planteamientos llevados, eso sí, al extremo. Más allá del origen, casi cataclísmico, de la sociedad que Albás presenta, con una guerra devastadora que consume gran parte de los recursos del planeta, la universalización de ciertas tecnologías implantadas en cada individuo conduce irremediablemente a un futuro que, esperemos, no llegue a materializarse. Un futuro, y un relato, que, sí, casi puede decirse sin temor que se trata de una distopía en el sentido más clásico de la palabra...

Marcos Solarza es un privilegiado, un despiadado vendedor de paquetes de realidad aumentada a clientes que realmente no lo necesitan, que de hecho no pueden permitírselos, y que terminan gastando lo que no tienen, condenándose a la indigencia y a vivir rodeados de auténtica y devastadora realidad. Se encuentra casi en la cima de su mundo empresarial, pero para llegar allí ha tenido que dejar cualquier tipo de escrúpulo o principio moral a un lado y convertirse en un implacable creador de necesidades, de impulsos compradores, adornando como auténticas panaceas productos que realmente son más que innecesarios y decepcionantes. Pero a él no le importa lo que le suceda a los compradores. Él está a un paso de la cima, y cuanto más arriba, más filtros puede poner entre su vida y la realidad, amplificando con Patrón Confort 7.0 sus percepciones sensoriales, mejorando todo lo que le rodea y viviendo una existencia de hedonista despreocupación, solo «estropeada» por pequeños detalles como la presencia continua de la Esfinge en uno de los ascensores de la empresa.

Pero un día su ilusorio mundo va a, casi literalmente, derrumbarse a su alrededor, y Solarza tendrá que enfrentar la realidad tal y como es: sucia, inmisericorde, decadente, enfermiza, nauseabunda, ruinosa, polvorienta... Y se jurará volver a recuperar lo perdido, algo que no va a resultarle en absoluto sencillo. El autor introduce una trama criminal y de acción en el relato de la que se va a servir para presentar la situación real del mundo en ese futuro aterrador que, quizá, se encuentre más cerca de lo que pudiéramos desear. El protagonista, forzado a ir donde nunca hubiera pensado ni deseado, tendrá que enfrentarse a las nuevas circunstancias, aprovechando cualquier posibilidad para recuperar lo perdido, esclarecer cierta muerte y volver al camino hacia la cima, descubriendo de alguna manera que nada podría volver a ser lo mismo.

Y es que, como suele suceder por mucho que se intente lo contrario, el autor hace que la realidad finalmente golpee a su protagonista, de la forma más dura y cruel; y aún conociendo la verdad de todo aquello que le rodea, y que él veía como algo magnífico y tan sólo son ruinas y pedazos de civilización, el primer instinto es enterrar la cabeza y volver a cualquier precio a aquello de lo que se «disfrutaba» anteriormente, a la ilusión, a la falsa felicidad y la vana satisfacción.

Con un comienzo algo titubeante, confuso incluso hasta que el lector empieza a dilucidar de qué va todo aquello de los programas de realidad aumentada que Solarza intenta vender a uno de sus clientes, el acierto del autor es imaginar ese futuro de sensaciones virtuales bajo las que subyace una sordidez perfecta y dolorosamente retratada. El enorme contraste entre lo que cada individuo, sobre todo los privilegiados, cree percibir como una absoluta realidad y la realidad misma es abismal y terrorífica. Una realidad tan brutal que los individuos prefieren engañarse a sí mismos, borrarla de su mente y vivir ―o aspirar a hacerlo― en un paraíso ficticio. Algo que, por desgracia, estamos más que acostumbrados a observar en nuestro propio día a día donde las apariencias muchas veces enmascaran terribles realidades.

García Albás ofrece una intensa denuncia sobre esa hipocresía casi inherente al ser humano que le lleva a «aparentar» por encima de cualquier otra consideración, a imaginar suntuosos vestidos sobre el emperador aunque vaya desnudo, o a esconder las miserias más sobrecogedoras bajo el velo de la ignorancia y el silencio. No importa la realidad mientras uno viva en un entorno lo más suntuoso y agradable posible. No importa lo que otros sufran mientras uno disfrute de todos los privilegios imaginables. No importa estar viviendo por encima de las posibilidades de cada uno mientras se tenga todo aquello que se desea y a lo que se cree tener derecho. Hasta que la realidad se abre paso y ya no se pueden cerrar los ojos por mucho que se intente.

Hay implícita en ello otra denuncia, también, de ciertas prácticas comerciales que llevan a que no importe quién sea pisoteado por el camino, cual sea el fatal destino de los compradores, mientras se consigan todos los beneficios personales posibles. Aunque la propiedad privada haya desaparecido de facto ―genial la secuencia en que se plantea el dilema de bajar en el ascensor de la Esfinge para poder llegar el primero y pasar la noche en un apartamento de alto standing cercano al trabajo―, el acceso a programas superiores consigue la sensación de vivir en un mundo de grandes posesiones materiales, de necesidades irreprimibles, potenciando un endeudamiento imposible de sostener a la larga que lleva a la despiadada expulsión de la sociedad del bienestar del individuo entrampado y su caída al infierno de los desamparados ―¿nos va sonando de algo no demasiado lejano?―.

Delirios de grandeza presenta de manera muy gráfica, con una estructura bastante sencilla y lineal, no exenta de ciertas sorpresas, y a través de su descarnado e irónico relato, la ambición desmedida, la depravación, la decadencia, el derrumbe físico y moral de un individuo, y su intento de reconstrucción desde la más absoluta nada. En aquellos que le rodean, priman los bajos instintos desatados y la envidia que mueve a los actos más crueles. Pero al final, como un débil rayo de luz que se abre paso entre las negras nubes, entre tanta crudeza y miseria, de las ruinas de ese futuro aterrador surge el renacer moribundo de una tenue esperanza. Son los desposeídos ―algunos de ellos al menos―, los que menos tienen, los que de alguna manera mantienen un rastro de humanidad. Y todo ello de una manera literariamente tan agradable que el lector tan sólo se da cuenta a posteriori de la profunda carga reflexiva que acompaña al ameno relato, haciendo que siga dándole vueltas en la mente mucho tiempo después de haber terminado su lectura. Ya estoy deseando ponerme en faena con la tercera entrega, La parte del ángel.

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Reseña de otras obras del autor: