lunes, 25 de abril de 2016

Reseña: Relojes de hueso

Relojes de hueso.

David Mitchell.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Literatura Random House. Barcelona, 2016. Título original: The Bone Clocks. Traducción: Laura Salas Rodríguez. 713 páginas.

Navegando en el proceloso mar del mestizaje David Mitchell, narrador de prosa desbordante e imaginativa, hace que las diversas historias que componen Relojes de hueso —diversas facetas de un todo mayor— discurran entre el retrato costumbrista, la picaresca moderna, la intriga, la fantasía sobrenatural, el realismo mágico, el weird o la ciencia ficción postapocalíptica entre otras tendencias. Una mezcla que produce una narración extraordinaria, llamada a removerse en la memoria mucho después de leída, resonando en la mente todas sus sugerencias y posibilidades. El autor crea un universo caleidoscópico, compuesto por piezas de muy diversa forma que encajan de formas insospechadas y maravillosas, donde el tiempo y el espacio adquieren una dimensión dúctil y maleable, y la realidad se tambalea. Es esta una novela repleta de planos y detalles, de referencias cruzadas, de insinuaciones y de misterios, que requiere de calma y atención, de una inmersión total, para ser degustada, aprehendida e interpretada con propiedad, en un esfuerzo que termina dando fruto y merece la pena.

Seis historias, seis auténticas novelas cortas narradas todas ellas en primera persona desde la óptica de un personaje distinto en cada ocasión —salvo en la última, que repite el más recurrente de todos ellos—. Seis historias con entidad propia, pero con un sustrato unificador que hace que no sea sino casi al final cuando el conjunto adquiera su auténtica dimensión, revelando un cuadro lleno de detalles interconectados, de personajes que entran y salen y detalles de apariencia anodina que tan sólo mucho más tarde desvelan todo su sentido. Una historia secreta del mundo que en este caso toma como punto de apertura —aunque no lo sea en absoluto— el año 1984, saltando después en diversas etapas hacia el futuro hasta culminar en 2043. Una quinceañera obnubilada por el amor que se escapa del hogar paterno. Un joven estudiante universitario, experto en tejemanejes algo sucios, dispuesto a trepar en la escala social y, sobre todo, económica. Un periodista, corresponsal de guerra, que encuentra difícil la vida tranquila y hogareña lejos de los conflictos bélicos. Un escritor en horas bajas que no está dispuesto a renunciar a su sitial dentro de las letras británicas. Un horologista, y sus compañeros, en lucha contra un enemigo implacable y antiguo. Y una mujer, casi anciana, que ve cómo el mundo se va derrumbando, con los recursos del planeta explotados hasta la extenuación por el ser humano.

Mitchell echa mano de diferentes «voces» para ofrecer cada una de sus historias, dando personalidad propia a cada protagonista en primera persona. Construye con mimo y precisión sus escenarios, cada cual certero en sus parámetros, matices y detalles, con referencias a la música que sonaba / sonará en cada momento, a los avances tecnológicos que iba / irá conociendo el mundo, a la realidad geopolítica de los acontecimientos que se sucedían / se sucederán sobre el planeta. La Inglaterra ochentera de clase media. El Cambridge de finales de siglo XX, con sus elitistas estudiantes de vida un tanto disoluta y sus amistades peligrosas; la Suiza de las estaciones de esquí, con sus pub y sus hordas de clientes adinerados. El enorme abismo que se abre entre los países occidentales y los del Oriente Medio a principios del XXI, del sentimiento de seguridad al horror de la guerra; la fractura de la familia, la incomunicación, el amor paterno-filial. El mundo de las convenciones literarias, los largos viajes, el jet lag, las conversaciones lejos de casa, las envidias. El plano más allá de la realidad y, finalmente, ese futuro que pinta muy aciago.

Durante los cuatro primeros segmentos, narrados en un tono mayormente realista, el lector empieza a descubrir unos cuantos detalles absolutamente extraños, que escapan a la comprensión y se introducen de forma decidida en lo «sobrenatural», rasgando el velo del mundo físico e introduciendo ciertos elementos fantásticos que irán relacionando unas partes con las otras. Personas que pueden, aparentemente, detener el tiempo, borrar los recuerdos, introducirse en los sueños ajenos o causar visiones... Pero son detalles puntuales que se mantienen de alguna manera en un segundo plano de cada relato, como parte del escenario, dejando el foco principal iluminando las vicisitudes de las vidas de cada uno de los narradores en un retrato muy realista de sus triunfos y tragedias —casi siempre más de estas últimas que de los primeros—, conformando historias cargadas de sentimientos heridos: amor, traición, pérdida, ambición, abandono, celos, orgullo, incomprensión, camaradería, paternidad... Detalles que finalmente estallan en todo su esplendor en la quinta narración al tomar de forma decidida el escenario reflejando el culmen de una guerra secreta largamente fraguada, donde Mitchell termina de mostrar sus cartas, todo lo sugerido anteriormente adquiere por fin explicación y el relato toda su dimensión, y donde otro autor menos imaginativo y ambicioso hubiera dado por finalizado el libro, al cerrarse ahí las tramas en un punto álgido, con un desenlace agridulce, sí, pero también bastante satisfactorio.

Pero el autor «regala» todavía a sus lectores un sexto segmento, a modo de largo epílogo, donde pone la guinda, triste y nostálgica, a un relato que ya era destacable llegado a ese punto. Radicalmente distinto a todos las anteriores, y sin embargo insinuado en y heredero natural de todos ellos, se trata de un doloroso recordatorio de la fragilidad del planeta, de la insaciable voracidad del ser humano y del egoísmo del hombre de hoy para con el de mañana. Durante la mayor parte del volumen, los personajes se han comunicado en la distancia por muy diferentes medios, desde teléfonos fijos —luego móviles— a tabletas y otros dispositivos electrónicos futuros, han gozado de las ventajas de la «civilización» y de su dispendio energético, y no han parado de viajar de un lado a otro del orbe, de desplazarse sin restricciones por trabajo o por placer, dando por sentada la disposición de aviones, trenes, barcos o cualquier tipo de vehículo, como algo natural en lo que ni siquiera se piensa, pero que también pudiera ser que tuviera los días contados, y entonces ¿qué pasaría?

Todos los relatos se demuestran interconectados, unidos por la presencia de una serie de personas dotadas de habilidades especiales, o de individuos cercanos a ellos, que van apareciendo y desapareciendo, influyendo en las vidas de los protagonistas, algunas veces sin que estos siquiera se den cuenta y otras cambiándolas de forma radical con su aceptación de los extraños sucesos. Un trasfondo que no deja de ser una nueva variante de la eterna guerra entre el Bien y el Mal, entre los que aman a la humanidad y a los que sólo buscan utilizarla para su provecho. Subyace una estructura que se va revelando como el interior de un reloj analógico, lleno de piezas diminutas, de mecanismos hermosos individualmente pero incompletos sin el resto, y que sólo cuando se unen y se engranan entre ellos alcanzan su plenitud y su objetivo. Una estructura que va desdeñando muy poco a poco la realidad para adentrarse en un mundo oculto que intersecta con el mundo cotidiano de formas inquietantes.

Bien es cierto que no todos los narradores son igual de interesantes ni sus historias atrapan de la misma manera, y que muy bien algún segmento podría haberse «aligerado» un tanto, pero también lo es que la suma del conjunto es lo que hace que la lectura merezca la pena, y que todo aporta su granito de arena, aunque en algún momento quizá no lo parezca. Es curioso constatar cómo algunos de estos personajes incluso vienen precedidos de apariciones en obras anteriores del autor, cómo de alguna manera Mitchell se encuentra embarcado en un juego metaliterario donde referencias, temas y situaciones saltan de una a otra de sus novelas conformando un universo que apenas se empieza a vislumbrar. Un puzzle, un juego de espejos, un laberinto, una adivinanza, un reto… Literatura.



4 comentarios:

Mangrii dijo...

Hola :) Baste decir que adoro a Mitchell desde que leí El atlas de las nubes el año pasado y que esta es mi siguiente lectura tras terminar con Los cantos de hyperion, que ganas. Un abrazo^^

Santi dijo...

Muy buenas.

Es obvio que se trata de una "fantasía" diferente, alejada de la mayor parte de la producción de lo que se entiende como tal actualmente, pero resulta muy, muy satisfactoria a poco que te sumerjas en la historia y te dejes llevar.

Seguro que la disfrutas ;-)

Saludos

Jaime Ariza dijo...

Hola!!! paso de puntillas porque es mi lectura actual, pero me esta gustando , la primera historia, la de holly me ha dejado intrigado. Gracias por la reseña
Un abrazo

Santi dijo...

Muy buenas, Jaime.

En la reseña he intentado contar lo mínimo (como verás ni siquiera pongo los nombres de los protagonistas de cada historia) para no chafar ninguna sorpresa ni adelantar acontecimientos importantes (algo hay, pero intento no desvelar detalles claves).

De todas maneras lo mejor es leerlo sin demasiadas ideas preconcebidas, así que ¡adelante! Seguro que lo disfrutas.

Saludos