jueves, 9 de noviembre de 2017

Reseña: Siega

Siega.

Neal Shusterman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Nocturna ediciones. Col. Literatura mágica # 45. Título original: Scythe. Traducción: Pilar Ramírez Tello. 525 páginas.

Un tema recurrente en la ciencia ficción es el que plantea el final de la muerte, el momento en que la humanidad llega a alcanzar, por medios tecnológicos, el anhelado sueño de prolongar la vida hasta la virtual inmortalidad. Un tema que siempre suele venir asociado a la pregunta de qué sucede a continuación con el superávit de población. Si hay nacimientos pero no muertes, ¿puede el planeta seguir manteniendo a la humanidad? ¿O habrá que poner los medios para mantener un crecimiento sostenible? Shusterman, bajo un ropaje de sencillez juvenil —sobre todo por la edad de sus protagonistas principales, 16 años, y no tanto por el tono de la narración—, ofrece un relato oscuro, de tono elegíaco, llevando al extremo una hipótesis ya de por sí extrema y planteando mediante una interesante trama sugerentes cuestiones sobre la vida, la muerte, el ejercicio del poder, la misericordia, la empatía, el estancamiento de la sociedad o las sombras que proyectan las supuestas utopías. Intensa y emocionante, invita a su público objetivo a reflexionar sobre cuestiones no tan habituales en la literatura denominada juvenil —que en realidad es para todos los lectores—.

En el futuro la humanidad ha vencido a la enfermedad, a la edad y a los accidentes. La gente «reinicia el contador» para rejuvenecer sus cuerpos, y la práctica totalidad de las muertes violentas llevan a la reanimación del individuo, una resurrección de facto, con una curación acelerada. El cuerpo está repleto de nanobots que tanto controlan el dolor como sanan las heridas y fracturas. El conjunto de datos y programas subidos a la Nube ha adquirido conciencia de sí misma y se ha convertido en una suerte de benevolente IA cuidadora de la humanidad, el Nimbo, que ha sustituido a todos los gobiernos mundiales, estableciendo un nuevo y casi utópico modo de vida. Así que para mantener un control de la población se ha establecido un organismo ajeno al Nimbo, la Guadaña, cuyos segadores tienen la tarea de cribar un cupo determinado de personas cada cierto tiempo. Una pesada responsabilidad que debe afrontarse con el debido respeto. Citra Terranova y Rowan Damisch son dos adolescentes de Midmérica que por diferentes razones, aunque en el fondo sean la misma, han sido elegidos por el honorable segador Faraday como sus novicios para convertirse uno de ellos, y tras un periodo de aprendizaje de un año, en un nuevo miembro de la Guadaña. Deberán así competir por un puesto que ninguno de los dos desea conseguir; una competición que se volverá dramática cuando un trágico giro suba las apuestas al máximo nivel.

La Guadaña se rige por diez precisos mandamientos escritas por los primeros miembros. Un segador no pueden poseer más que sus armas —todo tipo de ellas: blancas, de fuego, venenos…—, sus túnicas características, sus diarios y los anillos que les otorgan el poder de conceder inmunidad temporal a aquellos individuos que consideren que la merecen. No pueden tener cónyuges ni descendencia. Deben mantener un equilibrio entre las víctimas que eligen, sin dejarse llevar por sesgos raciales o discriminatorios... Pero, como en todo estamento humano, hecha ley hecha la trampa, las excepciones se pueden colar entre los resquicios de la letra dando lugar a abusos y privilegios. Ser un segador implica una inmensa responsabilidad y una enorme carga en la conciencia de los más honrados. La elección a su discreción de las víctimas, dentro de unos baremos determinados marcados por la Guadaña, depende de su propio sentido del honor, la moral y la justicia. Algo que, unido a la capacidad de otorgar inmunidad temporal a quienes decidan y que los ciudadanos no puedan actuar contra ellos bajo el castigo de ser cribados, hacen que posean un poder casi absoluto sobre el resto de la población. Un poder que hace que todo el mundo quiera congraciarse con ellos, otorgándoles todo tipo de favores, y dando lugar a una posible corrupción del sistema. Hay segadores como Faraday con un alto sentido ético y gran empatía y compasión. Pero también hay otros a los que les gusta matar y disfrutan de la buena vida que se les ofrece, por lo que no están en absoluto de acuerdo con las pautas marcadas por la Guadaña y buscan cambiar el status quo de la organización, extendiendo la corrupción entre sus filas.

Narrada en capítulos alternos que siguen el punto de vista de cada uno de los dos novicios, entre los que se cuela alguno suelto con las acciones de otros implicados en el desarrollo de la trama, el autor intercala también, significándolos en páginas negras con letra en blanco, extractos de los diarios de diferentes segadores que ayudan a esbozar la auténtica dimensión de todo el escenario. Rowan y Citra se desafían entre sí, pero de una manera muy poco tópica. Ninguno quiere ganar, pero tampoco pueden permitirse perder. Ambos van a verse cuestionados en sus convicciones. Van a sufrir, a soportar un entrenamiento riguroso y estresante, a desafiar sus límites, a ser testigos de numerosas cribas, incluso a ser partícipes de las mismas, a ser juzgados por otros segadores, a participar en sus maniobras políticas, y van a tener que tomar decisiones imposibles, con la vida y la muerte en sus manos.

Siega es una novela entretenida y ágil de leer, con una prosa franca y directa, que encierra una gran profundidad. Se toma su debido tiempo para construir un mundo sólido, donde una propuesta tan extrema se sostenga sin forzar innecesariamente la credulidad del lector. Para ser un libro supuestamente destinado a un público adolescente hay que decir que trata a los lectores de la forma más adulta, sin tonterías, mojigaterías ni subterfugios. La trama es cruel, violenta y sangrienta, y trata el tema de la mortalidad con toda la crudeza que algo tan importante requiere, sin cortapisas ni paños calientes. Cribar, matar, no debería ser algo sencillo ni que produzca satisfacción, así que es un instrumento que no se puede, o no se debería, dejar en cualquier mano. ¿En qué se convierte alguien que puede quitarle a otro la vida sin consecuencias? ¿Dónde queda la conciencia, el dolor, la ética, la compasión o el remordimiento? Además, la inmortalidad lo cambia todo. La misma naturaleza humana resulta subvertida desde el momento en que se erradica la muerte y sólo los segadores representan una amenaza para la vida de las personas. Una vida que adquiere un nuevo significado, y no siempre en un buen sentido. Incluso en una era de paz y abundancia, de vidas acomodadas, de deseos cumplidos, de salud inquebrantable y tiempo ilimitado, el hastío, el estancamiento, el hedonismo, la falta de pasión y creatividad, la desesperación… son «enfermedades» al alza.

Con una trama bien construida y amena, este es un libro que presenta algunas cuestiones de gran calado, sin dar nada mascado. El ejercicio del poder, su sabor embriagador, la facilidad de su abuso, la ética, la identidad, la compasión, el valor, la solidaridad, la soledad del que tiene la vida de otro en sus manos, el racismo… subyacen bajo una narración que atrapa desde un principio por su planteamiento y acción. Dotado de un final que se puede considerar prácticamente autoconclusivo, la situación en que quedan algunos de los protagonistas permite que ya esté publicada en inglés una segunda entrega de la serie: Thunderhead. La edición de Nocturna, además, es una preciosidad, con una presentación espectacular, mezclando las citadas páginas blancas y negras, y añadiendo una gran traducción a la ecuación. Es difícil no caer enamorado de los libros de la editorial. Ahora a cruzar los dedos para que no tarden demasiado con la segunda entrega.

6 comentarios:

Feérica dijo...

Tengo ganas de leer a este autor y este libro suena interesante. Gracias por tu reseña.

Santiago dijo...

Yo hasta ahora no había leído nada suyo, pero desde luego este me ha sorprendido muy gratamente. Estoy deseando que publiquen en español la siguiente entrega.

Saludos

Mangrii dijo...

"Para ser un libro supuestamente destinado a un público adolescente hay que decir que trata a los lectores de la forma más adulta, sin tonterías, mojigaterías ni subterfugios." Este era el comentario que yo estaba esperando leer. Cuando leí la premisa de la novela me resulto muy interesante, ya que el tema de ser "la muerte" o aprender el oficio era atractivo. Además, como dices, esa portada es muy atractiva. Mira que ya me cayo muy bien Shusterman en el Celsius, pero ahora voy a tener que leerle y todo :)

Santiago dijo...

Como digo, no había leído nada suyo, pero ahora ya lo tengo en la lista de "autores a seguir" ;-)

El tema de la muerte esta muy bien tratado (y muertes hay un montón), y sobre todo las reacciones a la misma, tanto entre los encargados de dispensarla como entre las víctimas. Además, mete otros muchos temas muy interesantes. Y todo con una trama la mar de entretenida.

Saludos

Ray dijo...

Es la segunda reseña que leo hoy y cada vez se me antoja más. Desde luego el planteamiento original es un rato. Me alegro que lo disfrutaras.

Un abrazo ;)

Santiago dijo...

El tema quizá no sea del todo original, pero el tratamiento tiene mucha miga y, en efecto, está bien planteado. En mi opinión merece la pena darle una oportunidad ;-)

Saludos