jueves, 29 de marzo de 2018

Reseña: El fin de la muerte

El fin de la muerte.
Tercer volumen de la trilogía de los Tres Cuerpos.

Cixin Liu.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2018. Título original: 死神永生. Traducción: Agustín Alepuz Morales. 734 páginas.

Esta novela se revela como un auténtico compendio de todos los temas destacados alguna vez tratados por la ciencia ficción hard con el añadido de unos cuantos más surgidos de la imaginación de Cixin Liu. Por algunos de ellos el autor apenas pasa de puntillas, utilizándolos más como soporte del escenario que como parte de la trama; a otros, no obstante, les dedica un importante número de páginas dentro de una historia que va extendiéndose en el tiempo hasta alcanzar un futuro muy lejano. Ascensores orbitales, animación suspendida, naves con motores capaces de alcanzar la velocidad de la luz —o casi—, espacios multidimensionales, pliegues en el espacio-tiempo, ciudades espaciales autosostenibles, contactos con otras civilizaciones galácticas, amenazas de más allá del Sistema Solar, agujeros negros de bolsillo, ondas gravitacionales… El fin de la muerte es una novela de alcance universal, pues todo el Universo se va a ver envuelto en la trama antes o después. Un universo oscuro y frío. Silencioso. Obviamente el foco está puesto sobre la especie humana, lo que hace mucho más llevadero el relato, aunque la perspectiva no siempre sea especialmente halagüeña para la misma. Liu ofrece drama, romanticismo, polìtica, space opera, sociología, imaginación y mucha especulación científica en el épico final de esta trilogía.

El relato de los hechos, tras un curioso flashback a 1453, empieza en paralelo a algunos de los acontecimientos ya narrados en El bosque oscuro, con la búsqueda de soluciones a la amenaza trisolariana que pende sobre la Tierra. Una amenaza que sigue adelante, en esta ocasión y como ya sucediera en la anterior entrega, cambiando el punto de vista principal desde el que el lector va a seguir los acontecimientos, aunque conservando algunos de los ya conocidos como secundarios, como el del vallado Luo Ji. Yun Tianming es un joven que se encuentra cerca del final de su vida por un cáncer incurable. Antes de partir decidirá realizar un gesto de increíble romanticismo hacia la que fuera su amor —platónico— de la Universidad: Cheng Xin; una de las pocas personas que mostraron algo de sensibilidad y amistad hacia el que entonces era un estudiante apocado e introvertido, aunque después sus caminos divergieran. Un gesto que tendrá repercusiones y ecos a lo largo del tiempo. Y es que el foco principal de la novela va a estar puesto precisamente sobre Cheng Xin, ahora una científica que, como asistenta del director del Centro de Planificación Tecnológica para la Agencia de Inteligencia Estratégica del Consejo de Defensa Planetaria, gestará la idea para uno de los proyectos que buscan la salvación de la humanidad, el Proyecto Escalera. Cheng Xin es una ingeniera, dotada de tanta inventiva como empatía, que de pronto verá como el destino de todo un planeta reposa sus manos. Mientras tanto, lejos de la Tierra dos naves humanas se persiguen. Gravedad, superviviente de la batalla del Día del Juicio Final, y Espacio azul, que busca alcanzarla para obligar a su tripulación a cargar con las consecuencias de sus actos. Tres líneas que van a conformar el futuro de toda la humanidad, dotadas de tanto sentido de la maravilla, como de dolor y drama, con sus necesarios repuntes de esperanza, hasta alcanzar un final tan emotivo como duro, esperanzador en medio de tanta desesperanza.

La novela adolece de alguno de los asumibles escollos que ya salpicaran de alguna manera las anteriores entregas. Los personajes, por mucho que en esta ocasión sí se pueda llegar a alcanzar un buen nivel de empatía con Cheng Xin y sus particulares peripecias —e incluso desear en más de una ocasión darle una colleja para que espabile—, siguen mostrándose en su mayoría un poco como meros vehículos expositivos del mensaje. También sigue Liu, o la Humanidad que él describe, mostrando cierta ingenuidad adolescente —a escala universal la existencia de la especie reviste tan sólo un parpadeo— ante el comportamiento grupal de la misma, capaz de arrimar el hombro todos —casi todos— a una frente a lo que se les avecina, pero no de imaginar la absoluta capacidad destructiva de los alienígenas, algo que hace que no se lleguen en realidad a plantear las soluciones más realistas al problema. Podría ser algo derivado de las diferencias culturales entre Oriente y Occidente, pero muchas veces se antoja que las elecciones que toman los protagonistas y los líderes de la humanidad son, como poco, cuestionables, basándose en premisas que para un lector europeo pueden incluso a resultar algo inverosímiles.

Inevitablemente hay a lo largo de la trama exposición para dar y regalar. El contenido denominado hard domina casi todo el relato, siendo en realidad su auténtico sustento, y, aunque Liu lo explica con meticulosidad, didactismo y amenidad, hace falta estar muy atento en ocasiones para no perderse entre los entresijos de lo expuesto: teorías científicas, desarrollos tecnológicos, «juegos» en dimensiones múltiples y su influjo sobre la realidad, ingeniería espacial, desarrollo social, saltos en el tiempo…, hacen que en ocasiones el texto se lea más como una crónica o un informe, una descripción de eventos encadenados y su impacto sobre la humanidad en conjunto, que como algo que está sucediendo en el momento de ser narrado. El autor introduce en la trama gran especulación científica, de lo más minúsculo a lo más inmenso —lo que en ocasiones ralentiza o acelera al extremo el ritmo de la acción— de modo que casi cada capítulo tiene una sorpresa reservada para el lector. Va construyendo su particular «historia del futuro», repleta de un sentido de la maravilla que se desgrana a lo largo del tiempo y el espacio.

La novela se encuentra dividida en cinco partes, cada una de ellas más alejada de nuestro propio tiempo. Una dilación temporal que algunos de los protagonistas podrán salvar gracias a la mejora de la animación suspendida, lo que les permite pasar largas temporadas dormidos en hibernación a la espera de ser despertados según el devenir de los acontecimientos. Y cada vez que despierten van a encontrarse con los grandes, enormes, cambios que se han producido en la situación de la Tierra, en la tecnología, en el conocimiento del universo y sus misterios, y en lo social, teniendo que adaptarse para no quedar atrás. La trama abarca así un periódo inmenso de tiempo, no siglos ya, sino milenios. A lo largo de toda ella subyacen las preguntas que ya podían encontrarse en las dos anteriores entregas, sobre todo en El bosque oscuro: ¿cómo reaccionará la humanidad ante la amenaza certera de su extinción? ¿Cómo evolucionará, social, política, económica o tecnológicamente, bajo la espada a punto de caer? ¿Merece la pena el aislamiento que la situación provocada por el Bosque oscuro demanda? Preguntas cuyas respuestas muestran la perenne capacidad de adaptación de la mente humana a las circunstancias cambiantes. La animación suspendida permitirá a algunos de los protagonistas saltar de época en época, constatando los enormes cambios que se van produciendo, forzándolos a buscar nuevas formas de pensar según los nuevos parámetros del mundo en que despiertan. ¿Hasta qué punto merece la pena seguir luchando por la supervivencia? ¿Cuánto sacrificio es legítimo, incluso ético, para que al menos una fracción de la humanidad perdure?

Pero todo el texto, en realidad, se encuentra repleto de preguntas, de momentos de reflexión, de cuestiones éticas o morales, de ideas profundas de contenido tanto científico como humanista y filosófico. Así, de la propia acción surgen las paradojas que se producen cuando se deposita demasiado poder en unas solas manos o la difícil, casi imposible, decisión de elegir a los líderes adecuados a cada época y situación, aquellos que sean capaces de hacer lo que cada momento requiere. Personas capaces de soportar el juicio del tiempo sobre las elecciones tomadas, tan abrumadoras en algunos casos como a las que se enfrenta Cheng Xin; un juicio cuya sentencia condenatoria o absolutoria va cambiando conforme los eventos se van desarrollando, el foco se aleja de ellos dando luz a sus consecuencias lejanas y el tapiz se muestra cada vez más amplio, mostrando desenlaces imprevisibles que matizan los efectos iniciales que fueran juzgados. Cixin Liu se permite, además, incluir una sección con tres cuentos de estilo tradicional, mensajes codificados en realidad, que son una delicia tanto por el contenido encriptado como por el continente en sí mismo. Cuentos de hadas con entidad propia que encierran mucho dentro de sí, tanto de información vital para los protagonistas como por su consistencia independiente que los convierte en una auténtica delicia de lectura, dando cuenta del verdadero potencial de la prosa e imaginación del autor.

El fin de la muerte requiere un esfuerzo consciente por parte del lector, aunque no sea per se difícil de leer —y la traducción ayuda mucho a su buen fluir— hay mucho que aprehender en un texto donde cada nivel encierra nuevos niveles dentro de sí. Liu se toma su tiempo para explicar las cosas, volviendo en ocasiones sobre ciertos temas que habían quedado envueltos en misterio, dándoles una nueva vuelta y demostrando que siempre se puede ir más allá. Hay que tener paciencia y dejarse llevar por la enorme aventura y el espectacular escenario que el autor está ofreciendo. Se trata una novela grandiosa en muchos sentidos, con una acción monumental en especulación y escala temporal, y un final trágico en su belleza.

2 comentarios:

Javi R dijo...

Esta obra debe de estar en el olimpo de la ciencia ficción del siglo XXI. Imprescindible para cualquier aficionado al género.

Con respecto a la reseña, pues genial como siempre. Voy a tener que contratarte para mi blog ahora que no tengo mucho tiempo XD

Saludos

Santiago dijo...

Una gran novela, no hay duda.

Sobre contratarme, uf, ¡si casi no llego para escribir las reseñas de mi página! Yo sí que estoy subcontratando la tarea ;-)

Saludos.