viernes, 11 de mayo de 2018

Reseña: El año de la plaga

El año de la plaga.

Marc Pastor.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Alianza editorial. Col. 13/20. Madrid, 2018. Título original: L'any de la plaga. Traducción: Marta Alcaraz.  445 páginas.

Reconocido por el propio autor, esta novela viene a ser lo que los anglosajones llaman un retelling, que no un remake, de Los ladrones de cuerpos, de Jack Finney. O lo que es lo mismo, imaginar una aventura totalmente original tomando como punto de partida la idea conceptual de aquella y haciéndola propia, cosa que Marc Pastor consigue con nota. Ya de inicio el escenario marca la diferencia, trasladando la acción a una Barcelona inmersa en un verano de lo más caluroso, cuando a todo el mundo le da por regalar unos eucaliptos de penetrante olor. Una Barcelona que con el discurrir de los eventos va a irse convirtiendo cada vez más en una ciudad apocalíptica donde el protagonista las va a pasar canutas para poder sobrevivir. La acción combina un toque costumbrista, con un retrato de la cotidianidad barcelonesa de los personajes principales, y el suspense del paulatino devenir de un apocalipsis lento pero imparable. Fiel a las fuentes de las que bebe, de inicio es el misterio lo que sustenta la acción, sustituido poco a poco por la aventura que suscita el intentar sobrevivir a la catástrofe que se va desarrollando imparable ante los ojos del protagonista.

Víctor Negro, narrador en primera persona de todo el relato, es un asistente social encargado de coordinar la ayuda a personas de la tercera edad. Resulta curioso ver cómo se retrata a sí mismo, como una persona bastante antisocial —o asocial, al menos—, con muy pocos pero entregados amigos, absolutamente friki, y a quien una reciente y abrupta ruptura sentimental no hace precisamente el alma de las fiestas. Sus compañeras del trabajo están empeñadas en buscarle una nueva pareja, algo a lo que él no está demasiado predispuesto. Cínico y de vuelta de todo, lo único que desearía es poder escapar del pegajoso calor de ese asfixiante verano y conseguir dejar atrás unos pertinaces dolores de cabeza que llevan un tiempo atormentándole. Pero no parece que vaya a poder conseguir ninguno de sus deseos; antes bien, las cosas podrían ponérsele mucho peores. Y es que cuando algunas de las personas a las que deben atender, y algunos de sus cuidadores, empiezan a comportarse de forma extraña, Víctor no puede sino empezar a preocuparse de hacia dónde va su vida, sobre todo cuando empieza a observar ciertos patrones que no puede evitar relacionar con todas esas películas o libros apocalípticos que tanto le gustan.

Con una prosa rápida, plagada de bien construidos diálogos que no pierden en absoluto su fuerza en la traducción, no obstante a la trama le cuesta un tanto arrancar. Hay un primer tramo en el que se vas planteando las bases de la situación que se hace un tanto cuesta arriba hasta que la acción toma ritmo. Las primeras vicisitudes de Víctor, la presentación de su rutinaria vida personal que se ve interrumpida por los primeros síntomas de la plaga, se encuentran narrados con buen pulso pero sin que lleguen a descollar. Los problemas laborales y de pareja del protagonista, sus peculiares amistades, sus desencuentros, se convierten en el centro de este inicio.

Es tan sólo a partir del primer centenar de páginas cuando la aventura toma enfoque y ritmo hasta convertirse en un no parar. Entonces, la tensión no deja de crecer, el amenazado apocalipsis parece empezar a definirse, y el thriller con cadencia de intriga se adueña del relato. Y en el capítulo 21, página 227, el mundo de Víctor termina de quebrarse y la numeración del paginado, simbolizando ese tiempo muerto, detenido, deja de avanzar, entrando en terreno absolutamente desconocido, rota ya toda apariencia de normalidad, de cotidianidad. A partir de ahí ya no hay vuelta atrás. Pastor, lidiando con una historia que todo aficionado al género, literario o cinematográfico, cree conocer de antemano, sabe hacer valer sus armas, llevando el relato a terreno propio. Quizá algunas reacciones se antojan sobreactuadas y algunos secundarios no terminan de cuajar, pero en general la historia está bien narrada, el o los protagonistas principales bien desarrollados y la intriga muy bien construida, sabiendo mantener la curiosidad por los derroteros en que ha de adentrarse la historia.

El autor no se priva, dentro de una obra cuyo objetivo principal parece ser el sano entretenimiento, de introducir unas cuantas reflexiones sobre la decadencia de la sociedad actual, de la deshumanización de algunos de sus comportamientos, del trato dispensado a los mayores y dependientes. Y también entra en la ecuación el hastío de la vida cotidiana, de unos trabajos repetitivos sin alicientes de futuro, la amistad, las relaciones de pareja, la desinformación en la que vive la sociedad actual, el instinto de supervivencia, la empatía, o su falta, hacia los demás…

Fruto de la narración desde el único punto de vista de Víctor, y de su particular bagaje vital, el texto se encuentra plagado, auténticamente plagado, de referencias audiovisuales a la cultura popular y friki: libros, comics, películas, series, discos… Tal cantidad que el autor incluso ha incluido al final una Adenda multimedia recopilando los títulos aparecidos. Muy posiblemente quien no comparta referentes con el autor puede llegar a perderse algunos de los guiños y bromas privadas, pero tampoco es algo que, más allá de la satisfacción para los entendidos de descubrir todas las referencias, no afecta en gran cosa a la trama en sí, siendo más bien un signo de complicidad con un público objetivo muy definido, además de todo un homenaje a un subgénero de la ciencia ficción como el de los suplantadores de identidades o de cuerpos.

Al parecer añadido para esta edición, cierra la novela en sí un epílogo, a modo de innecesario corolario, que tiene lugar años después del cierre de la acción principal; un apunte que puede arrojar quizá más confusión sobre la veracidad de lo leído que a poner un fin el desenlace previo. Por cierto que para los que gustan de ir buscando conexiones entre las obras de un autor es recomendable que permanezcan atentos al apellido Corvo de una de las protagonistas. Quizá les suene de otros libros de Pastor.

El volumen se completa con el cuento Camp Century. Un cuento que si no fuera por el epílogo del anterior podría decirse que discurre en el mismo universo de El año de la plaga.  Sulemán, tras veinte años de sobrevivir con su padre en el frío exterior, a la muerte de éste, se decide finalmente por refugiarse en Camp Century, un silo enterrado bajo las nieves perpetuas a salvo de Ellos. Pero allí no va a encontrar lo que esperaba, aunque tampoco es que supiese demasiado bien qué esperar. Todo el mundo está obligado a llevar a cabo unas sesiones de lectura y a escribir una especie de diario, aunque sin conocer en realidad las razones para hacerlo. En un refugio en medio de los hielos la humanidad se esfuerza por sobrevivir con el único arma que le queda, la imaginación. O tal vez no. El final es, desde luego, como poco inesperado.

Dos amenas obras complementarias que no pierden de vista su condición de sano entretenimiento y que se disfrutan con agrado, sobre todo si se es aficionado a la ciencia ficción y los comics, y se comparten los referentes del autor —aunque no sea del todo imprescindible—.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

No conocía el libro pero tiene muy buena pinta. Un saludo.

Javi R dijo...

Me uno al comentario anterior, también desconocía esta novela y va directa a mi lista de futuribles.

Saludos y aunque sé que me repito, pero es que es cierto siempre, gran reseña.

Santiago dijo...

Muy buenas a ambos.

La novela es muy entretenida, sobre todo para momentos en que hay que desengrasar de lecfturas más sesudas (que no le quito su parte de reflexión, eh, pero es que creo que tampoco era su intención principal). Yo me lo he pasado muy bien leyéndola, sobre todo cuando entre "en faena" ;-)

Saludos

Feérica dijo...

Le tengo echado el ojo, pinta bastante bien.

Santiago dijo...

No lo dudes. Si te atrae este tipo de temáticas la novela cumple con creces.

Saludos