martes, 1 de mayo de 2018

Reseña: La revolución feminista geek

La revolución feminista geek.

Kameron Hurley.

Reseña de: Pedro Moscatel.

Alianza editorial. Col. Runas. Madrid, 2018. Título original: The Geek Feminist Revolution. Traducción: Alexander Páez. 261 páginas.

Kameron Hurley, autora de Las estrellas son legión y multipremiada con galardones como el Locus, el British Fantasy Award y el Hugo, entre otros, firma esta colección de casi cuarenta artículos acerca de la revolución feminista, sí; y de su relación con el mundo geek, también; pero que abunda en muchos más temas de los que puede sugerir el título, empezando por la propia Hurley. Esto es así porque los artículos —buena parte de ellos publicados originalmente en el blog de la autora— están escritos con cercanía y honestidad, en un tono casi de confidente. No en vano incluyen experiencias personales, algunas de ellas traumáticas, opiniones expresadas con la mayor naturalidad y un lenguaje distendido, felizmente abrupto y crudo que termina de dotar a la colección de honestidad y verité. Se trata en cierto modo de un testimonio en el que la tesis global —o las tesis más concretas de los diferentes textos independientes— resulta inseparable de la experiencia vital o la narración personal de Hurley y no puede aprehenderse del mismo modo sin la realidad volcada por ella.

Por ello habría que despejar el primer prejuicio que puede surgir a la hora de encarar este libro, sobre todo si se atiende solo a la portada o al título sin saber más de él: no hay que acercarse creyendo que se trata de un ensayo serio o un estudio sobre el feminismo. No pretende serlo. Es un modo más de acercarnos a la autora, hacernos una idea de su personalidad, llevarnos una muestra de los textos publicados en su web y compartir sus reflexiones. Es una invitación a repensar las cosas que se dan por sentadas, un tambaleo de cimientos para que a la mansión vetusta se le desprendan las telarañas y, si la cosa sale bien, hasta algunas arañas. Es una lectura divertida, amena y que capta perfectamente el interés, que ataca donde debe y que enseña más de una cosa y más de dos acerca de cómo construir un texto y de cómo despertar lo que se desea despertar en el lector —habilidad que, sin duda, le viene a la autora de su carrera paralela como publicista—.

Y además de todo eso es friki.

Entusiasta, contagiosa y fandomitamente friki.

Un enorme acierto de la colección es su separación en grupos temáticos: Subir de nivel, Geek, En lo personal y Revolución, en ese orden. El primero, Subir de nivel, expone a lo largo de cinco artículos la experiencia de hacerse un nombre en esto de la escritura, con todos los obstáculos y espejismos que abonan el camino. Además de servir de advertencia y bagaje prestado a todas aquellas personas que quieran publicar y medrar, el mensaje en esta parte del libro es claro y no podía ser más necesario: nada, ni siquiera el talento o la inteligencia, te llevará a ninguna parte sin perseverancia. Esto no es una tarea grata, ni un camino de rosas. Es algo que debes amar con todas tus fuerzas y en lo que debes dejarte la piel.

El segundo grupo de textos, Geek, repasa algunos ejemplos de cultura popular desde el cariño que da la afición, pero también bajo una mirada crítica —si en el tramo anterior Hurley destacaba por la concreción de sus tesis, aquí lo hace también por la agudeza de sus análisis— formada en el feminismo y el estudio de lo social. Esta es una sección más extensa, de trece artículos, en la que mediante ejemplos pequeños pero muy esclarecedores se evidencian fenómenos como el falso relato de los roles masculinos y femeninos en nuestra cultura minoritaria del fantástico —a la que se le presupone una liberalidad y un progresismo que a menudo no es tal o que se queda en lo superficial—, sobre la hostilidad masculina nacida del miedo a una hipotética pérdida de poder, y sobre el modo en que el grupo perpetúa y establece lo normativo no solo por inercia, sino por mecanismos más activos de lo que a menudo se admite. No se queda, por cierto, en el análisis, sino que va adquiriendo en los últimos artículos un tono claramente proactivo. Hay recetas para el cambio que de hecho ya está teniendo lugar, para la revolución feminista geek, y pasan no solo por la denuncia ante la perpetuación del relato patriarcal: también apela a la responsabilidad del creador como parte generadora del relato.

En lo personal agrupa los nueve artículos, valga la redundancia, más personales del libro. La grave enfermedad crónica, la quiebra, el peligro serio de muerte por no poder costearse la medicación, relaciones sentimentales abusivas, el acoso externo por la visibilización en redes, el ataque —por parte del resto y ella misma— a la autoestima y la autoconfianza por la dictadura de lo estéticamente aceptado. Por lo tanto es también un relato de superación de la adversidad, de formación del carácter fuerte y valiente de la autora. También de la perseverancia en el fraguado de su carrera y su persona, desde aquellos años en la Sudáfrica del apartheid que veremos más profundamente en el siguiente tramo, al éxito y la proyección actuales.

Por último, en Revolución encontramos doce textos que, armados con todo lo que nos ha ido presentando Hurley hasta ahora, derrumban los cimientos de esa mansión figurada que mencionábamos al principio de esta reseña. La crisis de los Hugo, el acoso on-line, incluso por grupos de hombres coordinados a tal efecto —como en el gamergate—, los viejos elefantes blancos de la literatura... La autora marca para su posterior derribo todo lo rancio, reaccionario y venenoso de nuestro pequeño pero turbulento mundo de la literatura fantástica. Mundo o mundillo que sirve aquí de sandbox del real, el mundo que hay ahí fuera de nuestros libros, cómics y salas de cine, y al que todo el trabajo de tesis es perfectamente trasladable. Esta parte incluye el magnífico Siempre hemos luchado, su texto más celebrado, en el que hace ver de manera clara e inteligente el modo en que la realidad es una cosa y nuestro relato de la misma otra, no necesariamente parecida. Porque ese relato puede reescribirse, contarse y recontarse hasta convertirse en la nueva realidad, nuestra imagen colectiva y consensuada de la realidad, al menos. Es evidente, pues, que hay un papel, una responsabilidad de cada individuo. Más, cuanto más papel tengamos en la construcción de la narrativa o, dicho de otro modo, cuanta más gente pueda recibir y asimilar nuestro relato de las cosas.

En conjunto, nos encontramos ante un libro honesto, ameno, interesantísimo y totalmente recomendable, que nos acerca mucho a la figura de Kameron Hurley y que, sin rascar mucho más allá de la superficie del feminismo —lo cual es perfecto, porque no pretende ser ese tipo de obra— sí traslada esas tesis al mundo que tan reconocible nos es a los aficionados a este tipo de literatura, que asistimos a convenciones e intentamos estar al día de lo que se cuece. Además tiene un valor añadido para escritores: este no es solo el libro en el que Kameron Hurley nos lleva a repensar nuestra forma de ver el mundo y nuestra actitud posterior. También es su Mientras escribo —la obra de King—. Su libro en que, con merecido orgullo gremial pero sin ninguna condescendencia, vuelca su manera de entender la profesión y los secretos que ha descubierto. Es totalmente inspirador el modo en que nos espolea a trabajar los personajes y sus roles en las historias de modos totalmente nuevos. La lógica de sus consejos es aplastante una vez Kameron te la señala; agarras ese pensamiento, lo haces tuyo, dices «¿cómo no se me habrá ocurrido esto antes a mí?», y a partir de entonces puede que olvides que hubo un pequeño cambio en ti, pero ahí está.

Este es el efecto de las mejores pensadoras.

4 comentarios:

Consuelo Abellán dijo...

Pues no suelo leer ensayo, se me hace un poco cuesta arriba. Pero tras leer esta reseña creo que voy a tener que leerme este libro. Y a lo mejor, de paso, me entero de lo que significa "geek".
Muchas gracias por la reseña.

Mangrii dijo...

Lo tengo en la pila de pendientes, para proximas lecturas. No creo que fuera un libro que disfrutará leyéndolo del tirón (me gusta reflexionar sobre este tipo de lecturas), pero para ir intercalando se ve realmente ideal y necesario. Un abrazo :)

Werner Ebner dijo...


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Pedro Moscatel dijo...

Este ensayo en concreto es muy ameno, Consuelo, y además al estar dividido en artículos breves se puede ir leyendo poco a poco o intercalándolo con otras lecturas, como comenta Mangrii. Yo de hecho lo leí así. Gracias a los dos por vuestros comentarios, un abrazo :)